Relaciones entre cine independiente y cine erótico
Siempre existe un problema cuando se trata de definir de qué se trata el cine independiente. Es un término complejo que, hoy, tiene más que ver con una cuestión comercial y menos con una estética. Sin embargo, debería extenderse a lo segundo. Suele considerarse un filme independiente al que tiene bajo presupuesto (en los EE.UU. esto implicaría menos de u$ 20 millones; en la Argentina es lo que vale una película "comercial" grande o, mejor dicho, dos) y no es realizado directamente por alguno de los grandes estudios con fines de consumo masivo. Pero en otros tiempos, "independiente" era todo aquello que se apartaba del paradigma dominante en el cine realizado a escala industrial. Es importante tener en cuenta que el cine "industrial" no es menos "artístico" que el independiente. De hecho, la teoría de autor se basa sobre todo en producciones realizadas por el gran aparato industrial de Hollywood. Por cierto, las películas experimentales ingresan en todo aspecto en la categoría "independiente". Pero compliquemos más las cosas: las películas clase B no son "independientes" sino rabiosamente industriales, por ejemplo. Se realizaban -y se realizan de otro modo hoy, pero existen- con menos recursos pero dentro del paradigma masivo. Por cierto, hay películas "masivas" que son "independientes": pasó y pasa mucho con el cine de terror, por ejemplo. El clásico La noche de los muertos vivos (1968) de George A. Romero se filmó al margen de los estudios, como una especie de "patriada" y es cine masivo en toda la línea.
El cine pornográfico es, desde ya, otro ejemplo de que "independencia" y "masivo" no son categorías divorciadas. Antes de ser legal era, necesariamente, "independiente" del aparato industrial. Pero luego de la legalización, los problemas morales y contextos sociales hicieron que ningún gran estudio pusiera dinero en estos filmes. La industria del porno, con producciones más o menos importantes y sus propios lugares comunes industriales, es algo que surgió sobre todo luego de la instauración del VHS y cuando el consumo pasó de los cines a los hogares. Ya no era necesario pasar vergüenza al lado de desconocidos. Pero eso no implicó que el Gran Dinero se volcase a su producción, sino que generó una industria propia a imagen y semejanza de Hollywood.
Dicho esto, queda pendiente el lado estético de la independencia. Hollywood, como paradigma universal del cine masivo, optó siempre por la reconstrucción y la ficción, por la pura puesta en escena. El decorado, el guión, el reflejo de tiempos pasados o futuros, los monstruos y los melodramas forman parte de las herramientas mediante las cuales una gran estilización permitía, a través de esa "mentira" que es el cine, transmitir una verdad emocional o incluso metafísica. Pero en los años cincuenta, especialmente en Europa -aunque no hay que desechar de ningún modo los trabajos de los "independientes" americanos como Maya Deren, Stan Brackhage o el lituano-estadounidense Jonas Mekas- surgió un cine realizado por fuera de los "estudios", es decir por fuera de los grandes decorados, la reconstrucción funcional de cierta realidad, etcétera. El Neorrealismo italiano (y su hija la commedia all'italiana) y la Nouvelle Vague francesa optaron por sacar la cámara a la calle, utilizar lo cotidiano y real como campo de juego, plantar la cámara donde fuera pertinente a esa impresión de realidad y narrar a veces rompiendo el canon.
Por cierto, eso fue un aporte y eos mismos cineastas también fueron en ocasiones -o definitivamente- a la reconstrucción ficcional. Si podemos decir que Prima della revoluzione, de Bertolucci, es un filme de aspecto independiente, realista, no podemos decir lo mismo de Novecento, del mismo director, unos años posterior. Podemos hacer la misma comparación entre Los 400 golpes y La historia de Adela H., ambas de François Truffaut. Pero estos directores probaron que el público también podía optar por un realismo más descarnado.
El porno, por condicionamientos de producción y por ser un género marginal en sentido bastante amplio, muy pocas veces pudo optar por la estilización típica del gran espectáculo (algunas películas de los hermanos Mitchell como Sodoma y Gomorra, por ejemplo, pero poco más, o ciertos ejemplos del "porno chic" europeo). Pero además tuvieron en los años setenta una misión: mostrar aquello que el gran espectáculo ocultaba. Esto es, el relato puramente visceral de lo íntimo. Y como esto tenía sentido cuanto más "real" fuera todo, es interesante ver cómo en ciertas películas del género aparecen grandes elementos que provienen, directamente, de aquellos "nuevos cines" de los cincuenta y los sesenta. No necesariamente porque los autores los conocieran (aunque es evidente que muchos sí) sino porque cuajaba este estilo absolutamente con presupuestos y posibilidades de producción.
Un ejemplo interesante de esto es Babylon Pink (1979), realizada por Henri Pachard. El elenco es casi un seleccionado de estrellas: Georgina Spelvin (la protagonista de El diablo en Miss Jones), la gran stripper e icono pop Vanessa del Rio, Samantha Fox (no confundir con la cantante ochentosa) y otros. Todo ocurre básicamente dentro de un edificio: hay una familia cuya madre tiene una relación bastante aburrida con su esposo (es notable: se trata del primer fragmento porno del filme, al principio, y está filmado para que carezca de todo erotismo) y una hija que quiere descubrir el sexo; una mujer mayor que guarda deseos inconfesables; una ejecutiva que ha dejado de lado todo placer en aras de su propia carrera; un par de compañeras de departamento que no se llevan del todo bien. A medida que se desarrolla la película, esos deseos inconfesables empiezan a cobrar forma de ensueño, lo que incluye relaciones clandestinas, incesto, tríos y orgías. Pero todo está mostrado como manifestación del inconsciente de los personajes. Es decir, vemos lo que desean hacer y no hacen.
Obviamente las secuencias porno están realizadas para que el espectador se excite, pero gran parte de esa excitación proviene del aura prohibido que los personajes le dan a estas cuestiones. Lo interesante es el uso del espacio cerrado, del rodaje a veces con cámara en mano, del naturalismo a la hora de pintar los ambientes. Esto es absolutamente necesario para que se comprenda el -odiamos el término, pero es adecuado- "mensaje": hasta las personas más normales llevan en sí un deseo tremendo y contradictorio con su propia moral que alimenta sus represiones.
La película es mucho más interesante de lo que su sinopsis permite ver, y está muy habilmente narrada. Hay algo más: en algunas secuencias eróticas (la central con Vanessa del Río; un ménage à trois con drogas) es destacable el uso de la iluminación para crear ese aspecto oculto y prohibido que complementa la emoción de los personajes, y cómo, además, eso pasa a momentos de una luz fría, cotidiana, aburrida. Babylon Pink -además, una película bastante reconocida por la crítica más allá del porno- está disponible en varios servidores como Tubepornclassics.