Se achican las aulas

La baja de la natalidad obliga a rediseñar la escuela, ¿qué pasará con los docentes?

La matrícula primaria caerá 27% en cinco años. Especialistas advierten que el desafío no es recortar, sino redefinir cómo se usan los recursos y el plantel docente

En menos de cinco años, las aulas de primaria en la Argentina tendrán 1,2 millones de alumnos menos que hoy. La caída de la natalidad ya no es una proyección abstracta: empieza a modificar la estructura del sistema educativo y obliga a redefinir cómo se organizan escuelas, docentes y recursos.

Según un informe de la ONG Argentinos por la Educación, la matrícula del nivel primario caerá 27% hacia 2030 en comparación con 2023. El estudio, titulado Presente y futuro de la cantidad de alumnos por docente y por grado, fue elaborado por Martín De Simone (Banco Mundial), María Sol Alzú y Martín Nistal. Para estimar el impacto, cruza proyecciones demográficas de la Dirección Nacional de Población con datos oficiales del Relevamiento Anual de la Secretaría de Educación sobre matrícula, secciones y cargos docentes.

El fenómeno ya se percibe en el nivel inicial y primario. En diálogo con Infocielo, el analista de Relaciones Gubernamentales y miembro de Argentinos por la Educación, Massimiliano Pisani, afirmó: "La proyección es una baja de casi el 30% de alumnos para 2030, lo que equivale a 1.2 millones de estudiantes menos". Según explicó, la situación "ya se ve en el nivel inicial y primario" y responde principalmente a la "transición demográfica y la caída de la natalidad", no a un aumento de la deserción.

La baja natalidad obligará a reestructurar las escuelas y el rol docente.

Qué pasará con los docentes

La reducción de alumnos no implica, de manera automática, una reducción equivalente de recursos. Los edificios, los cargos docentes y las partidas presupuestarias no se ajustan al mismo ritmo que la matrícula. Esa diferencia abre un período de reorganización. "Si posponemos esto, va a pasar el momento del bono demográfico", advirtió Pisani.

Hoy el promedio nacional es de 16 alumnos por docente y podría descender a 12 si se mantiene la estructura actual. Sin embargo, el especialista sostuvo que "reducir tanto el porcentaje de alumnos no muestra una mejora sustancial en la calidad". También rechazó una relación directa entre menos estudiantes y menos maestros: "No es algo lineal. Las decisiones de política pública no deben ser reducir el plantel, sino utilizarlo mejor".

El informe anticipa cambios en el tamaño de las aulas. Si la cantidad de secciones se mantiene como en 2023, los cursos con entre 25 y 29 alumnos caerán del 29,4% al 3,5% del total, y los de 30 o más estudiantes pasarán del 14,1% al 0,4%. En paralelo, crecerán las secciones pequeñas: las de 15 a 19 alumnos subirán del 17,5% al 48,8%, y las de menos de 15 alumnos del 4,0% al 22,2%.

Para Pisani, el desafío no es achicar el sistema sino reorganizarlo. "Uno de cada dos chicos tiene problemas de comprensión lectora en tercer grado" y "solo 10 de cada 100 terminan la secundaria en tiempo y forma", señaló. En ese contexto, planteó avanzar hacia "una inversión inteligente", con herramientas como "tutorías" o "parejas pedagógicas".

La figura de parejas pedagógicas ya es conocida por los docentes y se utiliza con más frecuencia en el nivel inicial. Se trata de un modo de trabajo en el que dos profesionales compartes de manera simultánea la conducción del grupo. No es una división jerárquica entre titular y "asistente", sino que ambos docentes se encargan de la planificación, la enseñanza y la evaluación. 

En un contexto de caída de matrícula, las parejas pedagógicas aparecen como una alternativa de reorganización del plantel. En lugar de asociar menos alumnos con menos cargos, el sistema puede redistribuir docentes dentro de las aulas para fortalecer el acompañamiento y mejorar los aprendizajes, especialmente en los primeros años de escolaridad.

La caída de la natalidad reducirá la matrícula, pero no define por sí sola el resultado educativo. La decisión sobre cómo usar esa capacidad disponible determinará si el sistema aprovecha la transición demográfica o simplemente la atraviesa.

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