Sin plan propio, la oposición espera el error no forzado del Gobierno para actuar
La CGT no encontraba motivos para convocar una marcha o un paro hasta que saltó el artículo 44
Error no forzado. La frase que se utilizó primero en tenis y últimamente se extendió a otras actividades deportivas puede aplicarse en la dinámica política para describir una equivocación cometida sin presión del rival, una falla atribuible exclusivamente al jugador. Y en particular, cabe para el Gobierno, que en febrero repitió un traspié que ya había cometido en diciembre.
Se trató de un error impulsado por el afán de maximizar el beneficio de una mayoría legislativa que, sin embargo, con una pequeña modificación dejó de ser contundente. En diciembre, el Gobierno había incluido dentro de un artículo con beneficios para los gobernadores la cancelación tanto del financiamiento universitario como de la emergencia sanitaria para garantizar el apoyo de los mandatarios provinciales. La evidencia del "plan canje" terminó complicando a un oficialismo que debió retirar la inserción y confirmar el financiamiento previsto.
En febrero ocurrió algo similar. Dentro del proyecto de reforma laboral se incorporó un ítem que habilita fuertes reducciones salariales por enfermedades no relacionadas con el empleo. Una modificación puntual bastó para erosionar apoyos y abrir un frente de conflicto innecesario.
Patricia Bullrich, senadora libertaria y cara visible de la reforma, lo reconoció públicamente. "Tuvimos un error porque la ley original no distingue entre enfermedades", afirmó antes de dar paso a la corrección.
Bullrich precisó además el punto central de la falla: "El error fue no haber aclarado las enfermedades severas, degenerativas o irrecuperables. Nos faltó eso y lo vamos a arreglar". Con esa admisión, el Gobierno buscó desactivar el conflicto generado por un artículo que había encendido alarmas en sindicatos y en organizaciones de trabajadores, pero ya había activado los reflejos de una oposición sindical y partidaria enroscada también en sus propios "errores no forzados".
Nuevos aliados, viejos enemigos
La reforma laboral condensó, además, un mapa de relaciones que se venía cocinando a fuego lento. Hay dos ítems paradigmáticos de la consolidación del giro: lejos de la idolatría de las fintech y de Mercado Libre como emblema, el oficialismo cedió ante una de las porciones más apetecibles de la torta de ingresos salariales y quitó la posibilidad de que los trabajadores reciban sus salarios directamente a través de billeteras virtuales, por lo que deberán seguir cursándose por medio de los bancos.
La Libertad Avanza ya había intentando incluir ese ítem en el megadecreto 70, de diciembre de 2023, en el inicio del gobierno de Javier Milei y debió retirarlo. Sería saludable que los bancos, luego de "salvar" dos veces sus ingresos cautivos en el sistema, aborden la opción de remunerar a los clientes que el Gobierno les dejó.
Otro aliado novedoso (aunque aquí cabrían algunas comillas) son lo dirigentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) que volvieron a sentarse con el ministro de Economía, Luis Caputo, después de que el funcionario desdeñara sus reclamos de bajas de impuestos y de "nivelar la cancha para no jugar con una mochila de piedras" contra la competencia extranjera.
La UIA está dispuesta a hacer equilibrio. El enfrentamiento directo con el Gobierno no le sirvió. Los gestos de aproximación y de buena voluntad, hasta ahora, parece que tampoco son tan eficaces si se tiene en cuenta la pérdida de empleos (60.000 desde agosto de 2023) y de empresas que la propia UIA contabiliza y el piso de utilización de capacidad instalada que marcó el INDEC en su ultima medición difundida en diciembre.
Sin embargo, las autoridades del nucleamiento industrial no cejan en su vocación acuerdista y tras el encuentro señalaron que fue "una reunión muy positiva con el ministro de Economía, en la que se dialogó sobre la importancia de la reforma laboral y se acercaron propuestas para fomentar la actividad, sostener el empleo y mejorar la competitividad". Cinco meses atrás, en coincidencia con el Día de la Industria, habían presentado los 10 puntos del "Nuevo Contrato Productivo", con escaso eco oficial. Sin duda, la UIA tiene una vocación al diálogo a toda prueba.
Los "viejos enemigos", mientras tanto, asomaron la testa. Conocían el texto de la reforma laboral desde hace meses y siempre plantearon tres "innegociables": ultraactividad, cuota social y preeminencia del convenio por rama. A partir del artículo que incluye la reducción salarial por enfermedad anunciaron un paro.
Fue la única novedad que empujó a activar la protesta. Cuatro meses de caída de poder adquisitivo del salario, 86.000 puestos de empleo registrado perdidos en un semestre y una inflación en alza desde hace ocho meses no habían sido suficiente.