La sucursal boliviana del Club del Helicóptero
Tras casi dos décadas de hegemonía del MAS, el nuevo gobierno de Rodrigo Paz enfrenta un escenario asfixiante: protestas sociales legítimas potenciadas por el "evismo" que, en medio de una profunda crisis económica, busca erosionar la gobernabilidad desde la calle.
En América Latina existe una vieja tradición política: cuando ciertos movimientos populistas pierden el poder, la oposición deja de hacerse solamente en el Congreso o en las urnas y empieza a organizarse en la calle. En Argentina lo conocemos como el "club del helicóptero". Bolivia parece estar entrando peligrosamente en esa lógica.
Hace casi un mes que la situación en La Paz es dramática. Rutas bloqueadas, filas eternas para cargar combustible, hospitales sin insumos, alimentos que no llegan a la capital y ciudadanos atrapados entre piquetes, escasez e incertidumbre. Hoy, en algunas zonas de Bolivia, conseguir comida o medicamentos dejó de ser una rutina cotidiana para convertirse en un problema real.
Las protestas comenzaron el 1 de mayo, cuando la Central Obrera Boliviana convocó a una marcha por el Día del Trabajador acompañada por sindicatos, movimientos campesinos y distintos sectores sociales con demandas económicas concretas: inflación, caída del salario real, escasez de combustible y falta de dólares.
Bolivia sí enfrenta una crisis económica real y profunda, heredada de dos décadas de gestión del MAS. La inflación cerró 2025 en 20,40% según el INE, la más alta desde 1988, aunque el ritmo mensual se moderó en los primeros meses de 2026. Las reservas internacionales, que en 2014 alcanzaron un récord de USD 15.122 millones, habían caído a apenas USD 1.976 millones al cierre de 2024, el nivel más bajo en seis décadas según economistas. Bolivia dejó de ser autosuficiente energéticamente: cayó la producción de gas y petróleo, y el Estado ya no tenía divisas suficientes para importar combustible.
Rodrigo Paz asumió la presidencia el 8 de noviembre de 2025 en medio de ese escenario. Su triunfo marcó el final de casi dos décadas de predominio político del MAS, primero bajo Evo Morales y luego con Luis Arce. Más allá del breve gobierno transitorio de Jeanine Áñez, Paz se convirtió en el primer presidente elegido democráticamente fuera de la estructura política construida por el masismo desde 2005.
Ese dato es central para entender lo que está pasando hoy en Bolivia.
Las primeras manifestaciones estuvieron atravesadas por reclamos legítimos. Pero en medio de ese clima de malestar social, el evismo encontró la oportunidad perfecta para volver a ocupar la calle. Durante la segunda semana de mayo, sectores vinculados directamente a Evo Morales comenzaron a sumarse a las movilizaciones y el tono del conflicto cambió rápidamente.
Ya no se hablaba solamente de salarios o combustible. Empezaron los pedidos de cambio de gabinete, las consignas contra el gobierno y finalmente los reclamos de renuncia presidencial.
A partir de mediados de mayo, los bloqueos se multiplicaron. Hoy existen decenas de puntos de corte activos que afectan a las ciudades más importantes del país. La Paz y El Alto quedaron prácticamente cercadas. El precio de algunos alimentos se disparó, los supermercados comenzaron a vaciarse y cientos de camiones permanecen varados en rutas bloqueadas. También hubo faltantes de medicamentos y ambulancias que no lograron llegar a tiempo por los cortes.
Las consecuencias ya dejaron muertos, heridos y más de cien detenidos tras los enfrentamientos violentos en La Paz. Los bloqueos dejaron de afectar solamente la circulación: hoy afectan directamente la posibilidad de acceder a atención médica, alimentos y servicios básicos.
El gobierno de Rodrigo Paz denunció formalmente ante la OEA un intento de desestabilización. Y aunque muchos prefieren evitar decirlo abiertamente, es evidente que Evo Morales y el evismo encontraron en la crisis económica una oportunidad política para erosionar la gobernabilidad del nuevo presidente.
Las demandas podrían ser legítimas. La estrategia detrás de la escalada empezó a ser otra.
El problema no es la protesta. El problema aparece cuando el conflicto social se convierte en una herramienta para desconocer una alternancia democrática. Evo Morales y el evismo encontraron en la crisis económica boliviana una oportunidad para erosionar al primer presidente ajeno al MAS elegido en casi dos décadas. La lógica es siempre la misma: si no gobiernan ellos, que no gobierne nadie.
El club del helicóptero tiene sucursales en toda la región, y todas operan con el mismo manual. Cuando el populismo pierde las urnas, sale a disputar el poder desde la calle. Argentina lo sabe. Bolivia lo está aprendiendo a la fuerza.
* Licenciada en Estudios Internacionales por la Universidad Torcuato Di Tella. Es presidenta de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia y miembro del Grupo Joven del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Se desempeña además, en el área de cooperación y relaciones internacionales del Ministerio de Desarrollo Humano de la Ciudad de Buenos Aires.

