Después del desastre nuclear: dos series que imaginan una nueva normalidad
En medio de nuevas tensiones nucleares, dos ficciones televisivas exploran qué ocurre con la vida cotidiana cuando el mundo conocido deja de existir
Desde el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados contra Irán que escalaron el conflicto en Medio Oriente y provocaron represalias iraníes en varios países de la región, una pregunta que durante décadas perteneció a la ficción volvió a aparecer intempestivamente en la conversación pública, ¿qué queda después de un desastre nuclear?
Durante generaciones, el cine y la televisión imaginaron ese escenario como un ejercicio especulativo. Hoy la pregunta vuelve a sentirse mucho más concreta. Dos series la exploran desde lugares opuestos.
Chernobyl, la miniserie de HBO estrenada en 2019, reconstruye la catástrofe soviética de 1986 y muestra cómo un accidente nuclear desintegra el mundo cotidiano que lo rodeaba. Paradise, la ficción creada por Dan Fogelman en 2025, parte del punto inverso, una comunidad que intenta reconstruirse bajo tierra después de que la superficie del planeta se vuelve, aparentemente, inhabitable.
Las dos series preguntan qué sucede con la vida ordinaria cuando el mundo que la sostenía se quiebra. Si puede perderse para siempre o si puede fabricarse de nuevo. Y, en ese caso, si lo que se reconstruye todavía merece ese nombre.
Chernobyl: lo que no regresa
Chernobyl, tras presentar su título inicial y una breve escena que funciona a modo de prólogo, abre con unas imágenes que dicen mucho más que cualquier diálogo: un departamento en Pripyat, la ciudad soviética evacuada tras el accidente del reactor número cuatro, el 26 de abril de 1986.
Una mujer sale del baño a mitad de la noche, ve a su marido durmiendo en ropa interior en su habitación, se dirige a la cocina a tomar un vaso de agua mientras los platos sucios de la cena todavía están sobre la mesa. Mientras se asoma a la ventana, vemos a lo lejos la luz de una explosión, seguida de un fuerte temblor.
La cámara se queda con su cara de incertidumbre. Con estas primeras imágenes, la serie ilustra cómo la vida es interrumpida en mitad de una noche cotidiana. Esa cotidianidad es congelada para siempre.
Chernobyl (2019) es una miniserie creada por Craig Mazin
La serie se construye alrededor de la explosión, pero prioriza narrar aquello que viene después. La importancia narrativa recae en los liquidadores, enviados a limpiar el reactor sin información suficiente sobre lo que los estaba matando, y los funcionarios, que eligieron proteger al sistema antes que a las personas. Así como también aborda la verdad técnica sepultada bajo la narrativa oficial, hasta que la realidad se vuelve imposible de administrar.
La mentira institucional que la serie documenta es el mecanismo por el cual una sociedad intenta preservar la apariencia de normalidad cuando la normalidad ya es imposible. Lo que Chernobyl muestra es que el sistema miente al no saber cómo decirle a la gente que su mundo cotidiano dejó de existir.
La normalidad fabricada
Paradise propone una respuesta diferente, y en cierto modo más inquietante. Su punto de partida es una comunidad subterránea del tamaño de una ciudad, construida bajo una montaña de Colorado, tres años después de un evento apocalíptico no del todo especificado.
Los residentes tienen trabajo, vecinos, rutinas. Hay un estanque con patos artificiales, carne y queso reconstruidos químicamente, ante la falta de animales en el búnker. Hay comercios. Las personas pagan con pulseras electrónicas y caminan bajo una cúpula artificial que simula el cielo. Todo es fabricado. Y sin embargo funciona, al menos en apariencia.
La serie explora qué significa vivir en una comunidad diseñada desde cero para mantener a sus habitantes funcionales y razonablemente felices, cuando el mundo que daba sentido a esa felicidad ya no existe afuera. Fogelman investigó cómo gobernar una comunidad en condiciones extremas, encargando análisis a sociólogos, y esa investigación se nota. Paradise muestra un experimento social de largo plazo, con sus jerarquías, sus secretos y sus pequeñas fisuras cotidianas.
Paradise (2025) es una serie creada por Dan Fogelman
El presidente Bradford, que tomó la decisión que desencadenó el escenario, eligió que exista un mañana. El búnker es la consecuencia de su elección. Pero la serie es honesta sobre lo que ese mañana cuesta. La normalidad que se vive bajo tierra no es la normalidad que existía sobre ella. Es una construcción deliberada, administrada, que requiere que nadie haga demasiadas preguntas sobre lo que quedó afuera.
Una vez se nos revela la verdad de lo que ocurrió aquel fatídico día. En los últimos episodios de la primera temporada, conocemos la negativa del presidente a grabar un mensaje institucional que trae paz a la población, pero que no deja de ser una mentira similar a la del caso soviético.
Bradford se rebela a último momento y decide sincerarse en cadena nacional, a costa del caos y de su propia vida. Reconoce que sus ciudadanos merecen la verdad. Una verdad que los sobrevivientes eligen, deliberadamente, ignorar.
Dos respuestas a la misma pregunta
Chernobyl y Paradise son, en el fondo, dos respuestas a la misma pregunta: ¿puede la humanidad continuar después del desastre?
Chernobyl dice que no. La vida continúa en Kiev, en Moscú y en los pueblos cercanos a la zona de exclusión, pero lo que continúa no es lo que había. Pripyat no regresa. Los liquidadores murieron. Ninguna institución está dispuesta a reconocer del todo ese costo. Solo sobrevive el recuerdo de lo que alguna vez fue.
Paradise dice que sí, pero anclados en una condición específica. La existencia de alguien con la suficiente lucidez y coraje para construir ese después, antes de que fuera demasiado tarde, y que los sobrevivientes estén dispuestos a vivir dentro de una ficción de normalidad porque la alternativa es el vacío.
Ninguna de las dos respuestas es una promesa. Son, en el mejor de los casos, posibilidades.
El presente sin refugio
Lo que distingue al conflicto que explotó el 28 de febrero de 2026 de los escenarios que estas series imaginaron es que ocurre en tiempo real, sin guion y sin posibilidad de pausa. Las negociaciones de febrero fracasaron cuando las partes no lograron consenso sobre el programa nuclear iraní. Tres días antes del inicio de los ataques, el canciller iraní afirmaba que un acuerdo histórico estaba al alcance. Pero no hubo acuerdo posible. Y se encendieron las alarmas de una inminente guerra nuclear.
Chernobyl enseña que los sistemas institucionales tienden a protegerse a sí mismos antes que a las personas, y que esa tendencia puede ser más letal que el accidente original. Paradise, por su parte, que el instinto humano de reconstruir normalidad es poderoso y persistente, pero que esa reconstrucción tiene un precio que no siempre se elige conscientemente.
La pregunta que dejan estas ficciones frente al presente no es si la humanidad puede sobrevivir. Es si lo que sobrevive merece todavía llamarse normalidad, o si ese nombre es lo primero que el desastre se lleva, antes que los edificios y antes que los cuerpos.

