Quien tenga la curiosidad de seguir los lanzamientos de Netflix mes a mes, habrá notado un notable incremento en producción propia de animé japonés, así como el ingreso a la plataforma de una importante cantidad de clásicos animados de ese país. Si la incorporación de la obra del estudio Ghibli (lo que incluye todo lo realizado por el maestro Hayao Miyazaki) fue una de las noticias de estos meses, también lo es, por ejemplo, que hoy puedan verse los 95 episodios completos y sin censura de la serie original Mazinger, de 1972. Todo esto responde a una estrategia importante de la firma que, hace dos semanas, sumó además un trato con seis productores de animación nipona para desarrollar series y películas exclusivas para la plataforma.

Más allá de que el género se ha vuelto muy popular y quebrado definitivamente las fronteras de su país desde los años noventa, hay una idea interesante detrás de esta búsqueda en Japón. Por una parte, el animé es universal, es decir un contenido fácilmente reconocible de manera global y perfecto para la firma. Hoy Netflix tiene una creciente competencia en el campo del SVOD, con Disney, Amazon, Apple y HBO lanzando o ampliando sus plataformas de contenidos directo al usuario. Pero esta competencia solo es fuerte en los Estados Unidos, dado que en otros territorios no todas estas plataformas son accesibles o conocidas, sin contar las que aún no tuvieron "aire", como HBO Max. Netflix sabe que perderá, además, contenido (todo Pixar terminará definitivamente en Disney+, por ejemplo, y también mucho contenido de Warner que irá a HBO), lo que lo obliga a contar con marcas propias o establecer pactos de exclusividad sobre franquicias no adquiridas por otras empresas. Mirar a Japón no es para nada mala idea.

Por otro lado, gran parte del público de las plataformas es nativa digital, es decir son o millenials o centennials, personas que nacieron con otras pantallas delante más allá de la televisión. Se puede decir, además, que son generaciones -las más jóvenes- que nacieron y se educaron a la par del auge del animé. Y, por otra parte, es un grupo etario que no tiene problemas en pagar por entretenimiento. Es entonces perfectamente natural girar a estos contenidos y desarrollarlos, crear, de paso, alguna franquicia nueva que, montada en la popularidad del género, cree una "marca" propia. No por nada los acuerdos también incluyen explotación de manga (cómic), merchandising y todo producto derivado. Otro capítulo en la aún por desarrollarse guerra del streaming.

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