En estos últimos tiempos, apareció algo llamado "cultura de la cancelación". Vamos a ser muy sucintos y -trataremos- precisos: implica sacar de circulación obras por lo que sus autores hicieron o pensaron. ¿Michael Jackson está acusado de pedofilia? No hay que escuchar más "Thriller". ¿Bertolucci admitió presiones a María Schneider en el set de Último tango en París? Adiós, Bertolucci. Nadie tomará en cuenta si aquella canción o aquella película son obras maestras en sus respectivos campos, si abren o no posibilidades de pensar el mundo o de sentir alegría. Aún parece que no es momento para discutirlo, porque otro de los mandatos del día es no ofender a nadie. Lo que nos lleva a un punto diferente respecto de lo que, en conjunto, llamamos "corrección política": revisar los "estereotipos racistas".

Disney+ oculta a niños Peter Pan, Los Aristogatos y Dumbo por racistas

Todo viene a cuento de la decisión de Disney de que ciertos largos clásicos de la firma no sean inmediatamente disponibles para los niños. No es que "salen" de la grilla, sino que los perfiles "de nenes" (que se pueden armar para ingresar al servicio) no las tienen disponibles. Todos los demás, sí. Si quieren verlas con sus papás, pueden, pero antes tienen que leer un cartelito que les dice que cuidado que está mal mostrar a los negros, los indios o los orientales satirizados. Las películas aseptizadas son Peter Pan, Los Aristogatos, La Dama y el Vagabundo, y -horror- Dumbo.

Una precisión: en el dibujo animado todo es caricatura. Todo, por más realista que parezca. Cenicienta es la caricatura de una rubia modelo; el Sombrerero Loco, de un inglés adicto al té; Strómboli, de un napolitano; ni hablar de los siete enanitos, dicho sea de paso. Si vamos a cancelar, podemos cancelar absolutamente todo el dibujo animado por "estereotipo" de alguna minoría, hasta que lo único posible sea dibujar un punto sobre un fondo blanco. Salvo que implique racismo también.

Lo que nos lleva a pensar en las películas que ya no se pueden hacer porque ofenden a alguien. Y otra vez, cualquier drama o conflicto tiene que causar algo de molestia, incluso ofender, para desarrollarse. Aquí va una lista de películas disponibles en plataformas que, según los estándares de hoy, no podrían filmarse. Muchas son obras maestras.

En Disney+ justamente está ¿Quién engañó a Roger Rabbit? Es un policial negro, tiene alusiones sexuales importantes, hay un personaje bebé que fuma, toma y manosea a su asistente -una muy enjundiosa mujer-, y además hay una metáfora del racismo y la discriminación (contra las mujeres "añosas", además, con la degradación de Betty Boop a vendedora de cigarrillos, por ejemplo) muy fuerte. Y fue una de las favoritas del cine infantil, producida por Disney y Warner al mismo tiempo, más Steven Spielberg. Hoy infilmable.

Otro clásico -en Netflix y Prime Video- de los 80: Volver al futuro. Recuerden que Marty McFly tiene que resolver en el pasado el hecho de que su madre -entonces adolescente- se enamora (sexualmente, nada menos) de él. Y en la escena clave, toma, fuma y lo besa. No solo eso: luego ella es abusada por el villano Biff. Hoy hay quien ve esta secuencia como perturbadora y, créase o no, quiere cancelar la película.

En el mismo tono, muy problemática es Quisiera ser grande, obra maestra de Penny Marshall y primera nominación al Oscar de Tom Hanks. Un chico de once años, por un artilugio mágico, pasa a tener el cuerpo de un tipo de treinta literalmente de la noche a la mañana. Y una mujer de treinta no solo se enamora de él (la gran Elizabeth Perkins) sino que lo inicia sexualmente.

¿Podría filmarse hoy Taxi Driver, disponible en Flow on demand? Los ejecutivos se horrorizarían ante las secuencias de De Niro y una Jodie Foster como una prostituta de doce años. O peor, aquella en la que baila sensualmente con Harvey Keitel. Es cierto que Martin Scorsese muestra que todo eso es una perversión inenarrable, pero ¿Cómo filmarlo? Nadie se atrevería.

En HBO Go pueden ver El Exorcista, una película sobre el Mal en la Tierra, el Diablo mismo. Pero en una secuencia, Linda Blair se masturba y lastima con un crucifijo. Imaginen la cara de un ejecutivo de Warner Bros. (de esa firma es la película, nada menos: un blockbuster que llenó taquillas en todo el mundo) ante la descripción de esa secuencia terrible en el guión. Nadie se atrevería a filmarla no solo por la connotación sexual, sino para no ofender a los religiosos. 

Y volviendo a Netflix, preguntemos quién, hoy, aceptaría distribuir La vida de Brian, esa genialidad de los Monty Python que en realidad no satirizaba el cristianismo (bueno, un poco sí) sino las películas de romanos y religiones que asolaron las pantallas en los años cincuenta. El final con la crucifixión múltiple y la canción "Lool at the bright side of life" alcanza para destrozar toda convención sobre lo que es o no ofensivo. Somos adultos, amigos. Dejen que miremos y nos indignemos tranquilos, si queremos.

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Leonardo Desposito

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