Esta columnita de recomendaciones tiene sus ideas, como lo debe saber el asiduo visitante  que, esperamos, exista. Una de ellass es que hay que ver películas para entender el mundo que nos tocó en suerte, porque aunque parezca raro, el cine -y no la TV ni las series tal como las entendemos ahora, que son hijas del cine- modeló la manera que tenemos de entender lo que vivimos. Seguramente el lector espera que desarrollemos el tema, pero dado que además queremos que la pase bien, pedimos que nos crea. Lo que vamos a hacer es recomendar aquí películas que "deben" verse. O sea, qué filmes realmente modelaron esa manera de acercarnos al mundo. No están todos, porque además buscamos los accesibles en plataformas. Pero se puede arrancar por acá.

En YouTube pueden ver tranquilamente El Nacimiento de una Nación, película espectacular y larguísima de 1915 que dio nacimiento a todo, realmente a todo. Pero miren la secuencia de suspenso del asesinato de Lincoln (1hora 24 minutos del montaje completo, el que linkeamos ahí arriba, de nada). Ahí vemos cómo hay suspenso, se cortan las acciones, dos personajes miran sin saber lo que va a pasar. Nos "mete" directamente en ese teatro y nos obliga a ser voyeurs. Hitchock estaba ahí.

En Mubi, pueden acceder a todos los largometrajes de Charles Chaplin, dirigidos por él mismo. La noción de "personaje" tal como lo conocemos, especialmente el personaje serializado (desde Mickey Mouse a Walter White, digamos), nace con él, con su tipología específica. Es cierto que hay algunos largos sin el "Carlitos" (especialmente su máxima obra maestra, Monsieur Verdoux). Pero Chaplin fue el primero en usar la comedia para comunicar valores sociales, nos guste o no.

Si quieren compensar, en Qubit.TV pueden acceder a los largos de Buster Keaton, que hacía casi lo contrario: usar al personaje como alguien que cambiaba el sentido del mundo a pura invención. Ambos se complementan y todo el cine cómico está ahí.

¿Y el cine moderno? Bueno, la modernidad se define por dos cosas: el espectador va "rearmando" el mundo o la historia a medida que la película le provee datos, y o bien pone en primer plano que todo es un artificio, o bien se filma como si todo fuera casi "documental". Todos esos elementos estuvieron siempre en el cine, pero la película que los sistematiza -y a la vez es una gran comedia política, psicológica y sobre el periodismo- es El Ciudadano (Qubit.TV, buenísima copia), donde la historia del protagonista se cuenta de a pedazos con los testimonios que van y vienen en el tiempo de cuatro o cinco personas que lo conocieron. Y además todo es al mismo tiempo artificial, con cámaras que vuelan y atraviesan techos, etcétera. Un juego que dio nacimiento a otros muchos juegos.

Pero también hay modernidad en una película muy anterior, El acorazado Potemkin (Mubi). Ya sé: va a decir que ufa, todos dicen lo mismo. Pero veamos: primero, es una película muy entretenida con mucha acción. Segundo, Eisenstein usaba el montaje para "decir" cosas sin decir nada (tres estatuas de leones, por ejemplo, que parecen un león de mármol que se levanta, para mostrar que se alzaba el pueblo contra los zares), y eso era nuevo en el cine (después, sí, muy mal usado). Hay que verla porque además no tiene "un protagonista", sino que son masas las que hacen la historia. Era nuevo entonces, y solo Eisenstein lo usó bien.

La razón por la que hay que ver los dos primeros largometrajes de Walt Disney -Blancanieves y Pinocho, Disney+- es simple: inventaron cosas. Blancanieves fue el primer largo animado en colores y sonoro de largometraje. Pero permitió, por primera vez, que el mundo "dibujado" tuviera profundidad gracias a la cámara multiplano. Y por otro lado, inventó la escena donde vemos el miedo del protagonista en pantalla, su imaginación transformando lo que hay a su alrededor (la huída de Blancanieves por el bosque). Pinocho hizo algo más sofisticado: haciendo "saltar" la cámara al principio como si fueran los ojos de Pepe Grillo, mostró cómo contar un cuento desde un personaje lateral (algo que haría después Frank Capra en ¡Qué bello es vivir!, por ejemplo. Más allá de la perfección en el uso de luces y sombras.

Y hay que ver, siempre, alguna película de John Ford. Dado que está completa en YouTube y es hermosa en todo sentido, prueben con El Caballo de Hierro, muda, sí, pero que dice mucho. Narra muchas cosas alrededor de la expansión del tren en los EE.UU., es un western y un melodrama romántico, y una comedia. Pero hace algo importante que Ford enseñó: filmar el paisaje en relación con los personajes. Siempre chiquitos ante enormes desiertos o montañas, como si la Naturaleza fuera indiferente de sus dramas. Eso era poner en proporción nuestras preocupaciones, alegrías y tristezas. 

Dado que hay mucho más y más nuevo, vamos a seguir con estas selecciones. Así que: continuará.

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Leonardo Desposito

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