Juicio histórico contra Meta y YouTube por adicción infantil
Un tribunal de Los Ángeles analiza si las plataformas fueron diseñadas para generar adicción en niños y adolescentes y causar daños en su salud mental.
El Tribunal Superior del condado de Los Ángeles comenzó esta semana un juicio con jurado contra Meta y YouTube -propiedad de Google- para determinar si las plataformas fueron diseñadas deliberadamente para generar adicción en niños y adolescentes y si ese esquema provocó daños en su salud mental. Es la primera vez que ambas compañías enfrentan este tipo de acusaciones ante un jurado, en un proceso que podría sentar precedente para cientos de demandas similares en Estados Unidos.
En el centro del caso está la historia de una joven que hoy tiene 20 años y que declaró ante la corte cómo fue crecer conectada. "Cada vez que intentaba ponerme límites, no podía", relató. Empezó a usar YouTube a los seis años y, más adelante, abrió una cuenta en Instagram. Lo que al principio era entretenimiento se transformó, con el tiempo, en una rutina que la absorbía por completo.
Contó que comenzó a desvelarse para seguir mirando contenidos, que faltaba a clases para conectarse y que su estado de ánimo se deterioró progresivamente. Durante la adolescencia atravesó episodios de depresión que incluyeron conductas autolesivas. En el expediente judicial está identificada solo con iniciales, ya que los hechos comenzaron cuando era menor de edad.
Su testimonio funciona como caso testigo dentro de una acusación más amplia: los demandantes sostienen que las plataformas incorporaron funciones específicamente pensadas para mantener a los usuarios enganchados el mayor tiempo posible, en especial a los más jóvenes, con el objetivo de aumentar la interacción y los ingresos publicitarios.
Durante la apertura del juicio, el abogado de la parte demandante afirmó que las compañías adoptaron mecanismos inspirados en técnicas conductuales utilizadas en la industria del juego, priorizando el crecimiento y la monetización por sobre la protección de los menores.
El proceso, que podría extenderse durante unas ocho semanas en el Los Angeles County Superior Court, podría incluir el testimonio del CEO de Meta, Mark Zuckerberg.
Las empresas rechazan de plano las acusaciones. Desde Meta señalaron que confían en que la evidencia demostrará su compromiso con la seguridad de adolescentes y destacaron que en los últimos años implementaron controles parentales, límites de tiempo y configuraciones específicas para jóvenes. Voceros de Google, en tanto, sostuvieron que las acusaciones contra YouTube son falsas y remarcaron que ofrecer una experiencia más segura para menores siempre fue una prioridad.
Las defensas también argumentan que los problemas de salud mental en adolescentes tienen múltiples causas -familiares, sociales y personales- y que no pueden atribuirse exclusivamente al uso de redes sociales.
Restricciones en Europa y proyectos en Argentina
El debate sobre el impacto de las redes sociales en menores no se limita a Estados Unidos. En países como España y Alemania se avanzó en mayores restricciones de acceso y controles de edad, en línea con normativas europeas que refuerzan la protección de datos y la seguridad digital de niños y adolescentes. En algunos casos, se establecen límites más estrictos para menores de 13 o 16 años, según la regulación local y el tipo de servicio.
En Argentina, la provincia de Buenos Aires presentó recientemente un proyecto para regular el uso de redes sociales en menores y promover medidas de concientización y prevención sobre los riesgos del consumo excesivo. La iniciativa se inscribe en una discusión más amplia sobre el rol del Estado en la protección de la salud mental infantil frente a plataformas digitales de alcance global.
Lo que está en juego en Los Ángeles va más allá de un caso puntual. El jurado deberá resolver si el modelo de negocio basado en captar y retener la atención puede considerarse un factor determinante en la salud mental de una generación que creció conectada desde la infancia. El resultado podría impactar no solo en estas empresas, sino también en la forma en que la industria tecnológica diseña y regula sus productos para menores.

