Por tercera semana consecutiva, y de modo bastante previsible, la comedia El robo del siglo, de Ariel Winograd, se mantuvo en el primer lugar de las recaudaciones cinematográficas, y es posible que aun continúe en esa posición una o dos semanas más si consideramos el peso de los lanzamientos que vienen. El filme, además, perdió poco público respecto de la semana anterior (menos del 30% que, en promedio, cede una película de semana en semana) y no se vio molestado por los estrenos, incluso si había novedades de alto perfil.

En un nuevo episodio de nuestra serie "el Oscar no vende entradas", por ejemplo, ni el favorito a los premios 1917 ni la nueva versión del clásico Mujercitas, ambos nominados en varios rubros (especialmente a Mejor película) lograron hacer demasiada diferencia. En efecto, el primero quedó en segunda posición de la tabla con un tercio de los espectadores de El robo..., mientras que Mujercitas apenas se ubicó en el quinto lugar con menos de 40.000 entradas vendidas. Lo que antes era un argumento de peso a la hora de vender entradas, hace bastante tiempo que ha dejado de serlo. Aunque sí hay una excepción: los casi 100.000 espectadores que suma Parasite, el filme coreano con una performance notable para una obra de ese país en esta cartelera, y eso es gracias a los premios. La curiosidad y las buenas críticas funcionaron, pero de todos modos estamos hablando de un fenómeno pequeño al lado de lo que recaudan las películas de espectáculo masivo, y no a la inversa. Es un signo bastante claro de cómo se modificaron los hábitos del público y el público mismo.

Ejemplo de decepción es, en ese sentida, Espías a escondidas. Se trata de una película de animación y aventuras familiares realizada con altísimo perfil por la misma productora de La era de hielo y Río (BlueSky) con estreno bien grande. Sin embargo, quedó en la tercera posición en un momento de la temporada en el que tienen mucha oportunidad las películas para chicos. Sin embargo, el arranque fue más bien decepcionante, por debajo de Frozen II, película a la que también hay que aplicarle un poco el principio de decepción. Es cierto que va a llegar a los dos millones de espectadores, pero duró solo dos semanas al tope de las recaudaciones, algo que con filmes como Coco o Wifi Ralph -últimos ejemplos de lanzamientos veraniegos de Disney- no fue así. En este caso, lo más probable es que no funcionase igual de bien el boca a boca o que -esto sí es capital- no llame tanto la atención a los adultos como su primera entrega o las otras películas mencionadas. Los grandes éxitos -con alguna excepción notable como la reciente Guasón- requieren de todo público posible.

De todos modos, la calidad del espectáculo es también importante. Si no, vean lo que sucedió con Dolittle, que quedó en segunda semana quedó muy abajo en la tabla después de un debut tampoco demasiado auspicioso. A veces la lógica del tanque familiar no funciona del todo bien. En realidad, el negocio del cine es bastante menos seguro de lo que parece, incluso para los espectáculos de grandísimo presupuesto.

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Leonardo Desposito

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