“No se olvide nunca de lo que aprendió en el barrio, Diego, porque eso es lo que lo distingue a usted”, le dice Menotti a Diego Maradona en el tráiler de Sueño Bendito, la serie de Amazon Prime que saldrá el próximo 29 de octubre. Por eso mismo, Guillermo Salmerón cree que fue elegido para guionar semejante historia, porque no se olvida de sus orígenes de “clase media baja fuera de la Capital”, cuando no tenía televisión y pasaba la mayoría de su tiempo en el almacén de sus padres. Pero también considera que es un premio a él y su compañera Silvina Olschansky. “Merecido”, dice, como la vida del Diego, que “se merece todo lo que le pasó”, según el adelanto de la serie.

En diálogo con BAE Negocios, el autor de la serie de Maradona se define como “hincha del fútbol”, aunque antes era hincha y socio de Boca. En esa época lo vio jugar al Diego, que, como él, también fue de Boca y luego pasó a ser de todo el fútbol, pero también de cada uno.

−¿Cómo fue la construcción del personaje de Maradona?
−Es inabarcable. Si contás todo, no te alcanzarían las temporadas. Lo que le pasa al Diego en un día, a los demás nos pasa en un año. Nosotros tratamos de contarle al mundo qué significa él para nosotros, por qué nos representa, nos divide y por qué se diferencia de otros ídolos. Es un personaje muy político, yo lo admiro por cómo intervenía, se jugaba y ponía el pecho. Lo que a los demás les molestaba a mí me gusta. Siempre trabajamos apuntando a eso: mostrar lo contradictorio del personaje.

¿Es posible no juzgarlo? Muchas veces se usan varas de ahora para medir acciones del pasado.
−Cada vez que hacés algo así, hay dos opciones: pararse desde el juicio o la curiosidad. Lo que se va a ver es algo honesto, no está editorializado. No decimos cómo tenés que verlo, si tenés que empatizar u odiar. Lo abordamos desde la pregunta, sin juzgarlo.

−Diego debe ser una de las personas sobre las que más se escribió. ¿Qué es lo diferente de esta serie?
−Es que la vida de Maradona nunca se vio así. Es un relato crudo. Cuenta las trastiendas, la cara que se conocía menos. Ya el ver actores que representan imágenes que para los argentinos son familiares tiene su gracia. Además, contrario a lo que se cree, no es una serie que apunta solo al público masculino, nada que ver. Creo que a las mujeres les va a gustar mucho. Al final, la diferencia siempre la decide el público.

Salmerón asegura que la serie no tiene mucha ficción, únicamente en algunos personajes muy secundarios que aglutinan a muchas personas o anécdotas. “Si armás todo tal cual sería confuso”, confiesa. En el tráiler se lo ve a Maradona en la cancha, pero también en su casa, en el potrero, en fiestas, con sus parejas, sus admiradores, sus representantes.

−Todos sentimos que conocemos al Diego, aún si no lo vimos nunca.
−Sí, totalmente. Con Maradona me pasó algo que difícilmente me vuelva a pasar. Para cada anécdota, hay un montón de gente que dice haber estado: quizás para recrear una cena de 10 personas hay 60 que dicen que estuvieron. Y encima cada uno te cuenta una cosa distinta. Después mirás los archivos del Diego y lo relata diferente cada vez. Casi que armás un promedio de todo eso (risas).

−¿La serie puede destruir o modificar ese imaginario popular del Diego, ese personaje tan amigo de todos?
−Lo que vi en el transcurso del laburo es que la gente que no congeniaba con Maradona se empezó a amigar con el personaje y la gente que era fanática tomó un poco de distancia. Yo me juego que con el público va a pasar lo mismo: un equilibrio. En Argentina el mundo es blanco o negro, no tiene matices. Pero esos matices se van a descubrir en la serie: Diego era un tipo que podían ser encantador, pero a veces un sorete. Con algunos se portó muy bien y con otros no, con algunos fue generoso y con otros no. Yo creo que es muy interesante cómo se puede desarrollar.

Salmerón viajó a Nápoles para buscar inspiración en la ciudad no argentina donde más lo quieren a Diego

−¿Es una biografía hecha y derecha, o pudiste poner algo tuyo?
Es inevitable tomar postura, hasta vos cuando hagas esta nota vas a seleccionar algunas cosas. Uno está atrás de sus series, lo interesante es que no lo vean. Si vos le hacés decir cosas y mostrás tus hilos, entonces la serie no está tan bien escrita. De todas formas, una biopic es distinta a una ficción, porque uno está más limitado y puede poner menos de sí mismo.

−¿Creés que esta serie es un cambio con respecto a otros trabajos tuyos?
−Por primera vez me pasa que esto tiene una difusión previa. Cuando hicimos El Marginal, era un producto marginal: apoyo financiero del INCAA, para la TV Pública. A priori no parecía un programa que iba a tener la repercusión que tuvo. Acá yo ya sé dónde se va a ver, la explosión que va a tener, todo lo que pasó desde antes.

−La serie todavía no salió y ya se habla de polémicas.
−Y sí, va a pasar. Es lógico. Al Diego lo vimos siempre en televisión, y siempre hubo polémicas: sabíamos con quién se amigó, con quién se enojó, con quién se volvió a amigar... Lo que no quiero es que las polémicas tengan que ver con los guionistas, el director, los actores. Todos trabajaron con honestidad. En el fondo, nosotros contamos historias.

Salmerón nombra una y otra vez a Silvina Olschansky, con quien forma una exitosa dupla que ya hizo El Marginal y Sueño Bendito y prepara “series que van a dar que hablar”. Habla del futuro, pero rememora su pasado, cuando estudió periodismo, profesión que “ejerció muy poco”, ganó un Martín Fierro por Vidas Robadas y hasta logró poner un restaurante de imaginario peronista, que sufrió “una suerte de mierda” por la pandemia y cerró a poco de abrir. Los guiones fueron para Salmerón lo que para Maradona la pelota. Pero con una diferencia: aún acompañado de Olschansky y distintos equipos, siempre trabajó en la intimidad de su escritorio.

−¿El estar con un equipo te hace salir un poco del aislamiento del guionista?
−El laburo es muy solitario, uno tiene que hacerse rutinas para socializar porque sino te volvés muy ermitaño, un bicho raro que no sabe ni saludar a la gente. Igual está bien así, mi parte social la tengo cubierta por otros lugares, no necesito estar rodeado en el laburo.

Te mantenés invisible, como en las historias de las series.
−Sí. Pero no siempre tiene que ser de esa manera. Creo que el periodismo se degradó mucho, a veces ni siquiera nos nombran a nosotros. El guionista es igual de importante que el protagonista, debe ser invisible en las series, pero visible en los créditos. Mirá que yo soy muy crítico de mis programas, hasta me enoja si todo lo que dicen es bueno. Pero me desagrada que no nos mencionen. Las historias no se escriben solas: las escribimos nosotros, los guionistas.

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