Griselda: auge y caída de la "madrina de la cocaína"
Sofía Vergara se luce en un papel dramático como la colombiana que se adueñó del narcotráfico en Miami en los 70 y fue patrocinadora de Pablo Escobar.
Ensangrentada y con la frente en alto, Griselda Blanco (interpretada por Sofía Vergara) sale de una discoteca donde se da cita la élite de la venta de cocaína de Miami. Son los años 70 y, mientras suena la música disco, nace una "estrella" del narcotráfico. Con pincelada de escenas sugestivas como ésta, la nueva miniserie de Netflix sintetiza la carrera delictiva de esta mujer que llegó a crear el cártel de Medellín.
Gran parte del atractivo de "Griselda", la tira a cargo de algunos de los responsables de "Narcos", reside en Sofía Vergara. La actriz, famosa por su papel en Modern Family, se ve acá completamente diferente. No se trata sólo de la transformación física que definieron para su personaje (que incluyó prótesis de cejas, la nariz y una placa en los dientes), sino también porque salta de la comedia al drama con gran destreza y sale muy bien parada. Dota a Griselda de grandes dosis de carisma y ferocidad.
La historia de esta sanguinaria mujer -tan brutal que hasta el propio Pablo Escobar alguna vez dijo que ella era la única a quien temía- ya había caído antes en el radar de Hollywood. Fue interpretada alguna vez por Catherine Zeta-Jones, con guion de David McKenna (American History X).
El relato cuenta en seis episodios una curva que va desde el momento en que la protagonista huye de Colombia junto a sus tres hijos hacia Miami tras asesinar a su marido, pasando por los intentos por ganarse un espacio entre los capos de la droga, hasta el despliegue de su poderío salpicando balas, venganzas y crueldad. Por último, el momento de ocaso de la llamada "Viuda negra" o "Madrina de la cocaína".
El director, el colombiano Andrés Baiz, describió en medios internacionales a la tira como "una historia de empoderamiento femenino". De alguna manera se percibe ese aspecto que está en el personaje y se cristaliza en el relato a través de escenas en las que hasta los propios investigadores descreen que pueda haber una mujer en las altas esferas del narcotráfico. Para acentuar aún más ese empoderamiento, la miniserie crea desde el lado de la ley una curva espejada con la detective que toma el caso y cuyo trabajo es constantemente minimizado por sus colegas varones.
La propuesta no depara demasiadas sorpresas más allá de los giros originales de la historia. Casi todas las escenas que uno imagina encontrar en un narcodrama están presentes, casi de fórmula. Así, no defrauda a los fanáticos del género ni tampoco a los interesados en conocer la biografía de esta mujer que fue patrocinadora de Pablo Escobar. Sobre todo, el trabajo de Sofía Vergara le da la potencia arrolladora y el carisma que un personaje así necesita. Una protagonista explosiva que dibujaba castillos en el aire con el fuego de su cigarrillo.

