“É só uma gripezinha” declaraba Jair Bolsonaro a finales de marzo cuando los casos de coronavirus comenzaban a tomar impulso en el país vecino. El presidente de Brasil siempre se mostró en contra de cerrar completamente la economía a pesar de la presión de la opinión pública tanto local como internacional, posición que mantiene hasta el día de hoy. De hecho, Bolsonaro nunca decretó un confinamiento y relegó esa decisión a los gobernadores de cada estado, manifestando su posición en contra de medidas estrictas como las adoptadas en Europa o el resto de América Latina. Se peleó con dos ministros de salud a los que terminó echando, se contagió él mismo de coronavirus y perdió a una de sus principales figuras del gabinete, el ministro de justicia Sergio Moro, que renunció por diferencias con el manejo de la policía federal. La mayoría de los analistas políticos y la propia opinión pública sugerían seriamente la posibilidad de que Bolsonaro fuera desplazado del gobierno. De hecho, varias solicitudes de impeachment en su contra se intentaron abrir en el Congreso.

Sin embargo, siete meses después de declarada la pandemia, la economía brasilera se recupera a toda máquina -de los países grandes de Latinoamérica es el de menor caída en la actividad desde el inicio de la pandemia- y las encuestas de aprobación del gobierno muestran los mejores niveles desde que Bolsonaro asumió. Los últimos datos marcan que entre 30 y 40% evalúa su gestión como mala, mientras que el resto la juzga como excelente o regular. Dato no menor considerando que en pocas semanas se celebran elecciones municipales en Brasil, donde Bolsonaro estrena partido propio.

Con la reactivación económica y el repunte en las encuestas de un presidente promercado con un economista de la escuela de Chicago al mando del Tesoro uno tendería a pensar que los activos brasileños están de fiesta y que recuperaron buena parte de las pérdidas del año. Sin embargo, el ETF brasileño EWZ -clase de activo negociado en Wall Street que intenta replicar al mercado brasileño- es uno de los de peor performance en el año con una caída de  40% en dólares (llegó a estar -57%). Peor que el ETF de cualquier país europeo, asiático, africano y latinoamericano. Respecto a sus títulos públicos se observa algo similar, con un riesgo país que antes de la pandemia estaba por debajo de los 200 puntos básicos y hoy no logra bajar de los 300. ¿A qué se debe esto? Y más importante… ¿es oportunidad de compra?

Esa caída de 40% se debe a dos factores, la primera es una caída del 20% del mercado brasileño, medido por el índice Bovespa, en línea con las caídas de otras bolsas del mundo, y la segunda es una fuerte devaluación del real, que pasó de 4 a 5,6 reales por dólar desde el comienzo del año. Es decir, a la caída del 20% de los activos brasileños se le suma una depreciación de su moneda del 28%, la peor de cualquier país emergente, exceptuando al peso argentino en el mercado informal o contado con liquidación.

Si uno mira los últimos años, de la mano de Michel Temer y luego Jair Bolsonaro, Brasil ha realizado reformas necesarias para encaminar al país hacia un sendero de crecimiento sostenible. La reforma laboral que flexibilizó el mercado, reguló el home office y desfinanció a los sindicatos. La reforma del sistema previsional luego de 30 años de intentos finalmente se concretó e implicará ahorros de hasta 200 mil millones de dólares durante los próximos diez años para el gobierno. Actualmente se encuentra en tratativas mejoras a marcos regu latorios, como el del sector energético, un plan de privatizaciones -que viene más lento de lo esperado- y una reforma tributaria aún en pañales que buscará simplificar uno de los sistemas tributarios más complejos del mundo.

Todo este cúmulo de reformas en cualquier otra situación harían de Brasil una estrella de los mercados emergentes. Sin embargo, debido a la pandemia del coronavirus y a la gran cantidad de gente en situación vulnerable que posee el país el gobierno ha recurrido a una gigantesca expansión fiscal a través de la entrega de ayuda económica. Previo a la pandemia, Brasil contaba con el programa Bolsa Família con el que unos 14 millones de personas reciben en promedio 200 reales por mes. Debido a la pandemia se activó el coronavoucher que alcanza a 66 millones de personas que reciben en promedio casi 700 reales mensuales. Para entender la dimensión del gasto: un mes de coronavoucher cuesta más que un año entero de Bolsa Família. Esta expansión fiscal al gobierno le incrementó el déficit fiscal, datos hasta agosto, en 6,3% del PBI. El gobierno anunció que estas ayudas continuarán hasta diciembre por lo que se estima que el déficit fiscal primario cerrará el año cerca del 12% del PBI y si sumamos los intereses de la deuda 16% del PBI. Sin dudas un esfuerzo fiscal fenomenal a la altura y por encima del de varios países desarrollados como Reino Unido, Francia, España, Noruega o Suiza.

Este fenomenal agujero fiscal está siendo financiado con deuda, parte privada y parte pública. Se estima que la deuda bruta saltará del 76 a 92% del PBI y la neta del 56 al 67% del PBI. Y por más que en su mayoría lo cubre con deuda interna, el nivel comienza a acercarse a umbrales que suelen considerarse peligrosos y que, dado el actual nivel de déficit fiscal, colocaría al país en una situación crediticia insostenible. Es por esto que los inversores aún se muestran cautelosos con Brasil. La gran incógnita es si logrará eliminar las ayudas sociales implementadas por la pandemia para el año que viene como dice el gobierno, que se espera lleve el déficit primario a 3% del PBI, aún lejos del 1% en 2019.

Sin embargo, los últimos datos del país vecino invitan a ser optimistas a mediano-largo plazo. Los indicadores de actividad como el que mide el Banco Central o el PMI muestran una tremenda recuperación, especialmente en el sector manufacturero que es récord desde que se mide. Los últimos datos de empleo (julio y agosto) mostraron una creación neta de casi 400.000 puestos de trabajo, cerca de la mitad de los que se perdieron de marzo a junio. Además, continúa disminuyendo la cantidad de casos y muertes, mientras que los ratios de ocupación hospitalaria continúan bajo control. Los flujos de inversión internacional comienzan a revertirse. Los indicadores de movilidad ya se encuentran a niveles pre pandemia. Los bancos y consultoras ajustan las proyecciones de caída a 4% desde el 6%, lo que la convertiría en una de las economías que saldría mejor parada de la pandemia.

Para los interesados existe la manera de invertir en Brasil desde Argentina. Una forma es a través de fondos comunes de inversión LATAM, aunque es imperfecta la opción dado que por regulaciones no pueden estar 100% invertidos en Brasil. La otra alternativa es invertir a través de cedears donde se encuentran presentes las siguientes acciones: Banco Bradesco (BBD), Banco Itaú (ITUB), Petrobras (PBR), Vale (VALE), Ambev (ABEV), Embraer (ERJ), Gerdau (GGB), entre otras. En caso tener cuenta afuera o estar interesado en abrir una, las opciones se multiplican. Ya no sólo se tiene acceso a esas acciones, sino que se suman otras 60 compañías brasileñas cotizantes en Wall Street. A su vez, si se quiere apostar por el mercado en general puede hacerse uso del EWZ mencionado anteriormente. Además, se pueden operar sus títulos de deuda desde mínimos bajos para minoristas.

En conclusión, si Brasil logra mantener la reactivación económica, continuando con la agenda reformista y corrigiendo su sendero fiscal a niveles razonables cercanos a los vistos antes de la pandemia es una opción de inversión que puede presentar interesantes retornos a mediano y largo plazo. En cambio, de no lograr la corrección fiscal ese potencial se esfuma y empezará a plantearse más fuertemente la insostenibilidad de su situación crediticia.

*US and Global Research de Bull Market Brokers