Concluye un año signado por lo impredecible hecho realidad: una pandemia que de una u otra manera impactó sobre el conjunto de la humanidad. Cada vez se aprecia con mayor nitidez, que más que causante fue la precipitante que dejó visualizables ciertos procesos que ya venían gestándose, y permitió observar la pericia (o impericia) de aquellos que debían minimizar su impacto en las condiciones políticas, económicas y sociales de los pueblos de la ecúmene.

Desde esta columna a lo largo del año sugerimos diagnósticos y prognosis que intentaron apalancarse en la historia como “entrenamiento en el pasado para poder pensar y actuar en la coyuntura”. Es en este marco que queremos pasar revista a la gestión económica del actual oficialismo.

Por ello y dado lo extenso de la temática, serán necesarias dos publicaciones:

  • la presente, donde relacionaremos la herencia “Cambiemos”, su evolución en el tiempo y el cuadro de situación imperante a   la fecha y,
  • una segunda entrega constituida por una recopilación y puesta en valor de las propuestas hechas, con su demostrada viabilidad, en la búsqueda de una salida superadora.

Quien mal razona…. mal acciona

El prisma instrumental que permite ver la realidad no puede estar constituido por paradigmas agotados y obsoletos al momento de buscar soluciones a un presente que nada tiene que ver con el momento histórico en que fueron concebidos.   Esto pretendimos dejar en claro con los artículos:

•   La Socialdemocracia no es la solución” (BAE Negocios, 24/7/2020),

•   “El Modelo Brasileño tampoco es solución” (BAE Negocios 09/08/2020), y

•   “Teoría Monetaria Moderna: ni Teoría ni Moderna" (BAE Negocios 16/08/2020)

En contraposición, rescatamos la “Teoría del Valor Clásica" - que integran entre otros tre otros, Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx- ya que la economía requiere perentoriamente volver a poner en su centro el empleo, bajo la concepción de que “existe una sola clase de hombres los que trabajan”.

Ingresando ahora sí al diagnóstico, tras aclarar los paradigmas (y los no paradigmas) constituyentes del instrumental utilizado para hacerlo, apreciamos tanto hoy como lo hicimos en “La Supercrisisse materializó” (BAE Negocios 21/05/2018)-que esta continua y se agrava. Definimos como Supercrisis a la situación generada por el anterior gobierno a partir de la convergencia de los desequilibrios macroeconómicos que, en términos fiscales provocaron el colapso del gobierno de Raúl Alfonsín, y el del sector externo con el de Fernando De la Rúa

 

El porqué de su permanencia         

Es indudable que la situación heredada generaba necesidades acuciantes en la población.  Ante ello el gobierno entrante, en la búsqueda de paliativos, elevó a las cámaras y promulgó la ley: “De Solidaridad Social y Reactivación Productiva”. 

 Pero a poco de andar el Covid 19 se hizo presente, y bajo una inexistente contradicción entre salud y economía se tomaron decisiones equivocadas, tal cual quedó palmariamente demostrado en “Respirar y… también comer” (BAE Negocios 23/03/2020).

Ese falso antagonismo llevó a que nuestro país se encuentre hoy en “el top ten” de fallecidos por millón de habitantes producto de la pandemia y, al mismo tiempo, se halla entre los de mayor caída de su Producto Bruto Interno (PBI).

Y allí vamos… errando

Desde “tenemos un plan, pero es secreto”, hasta “no creemos en los planes” el Poder Eejecutivo transitó sin un rumbo cierto. Creyó inicialmente que la panacea era la emisión monetaria hasta que la ampliación de la brecha entre los distintos tipos de cambio mostro los límites de esa visión.

En el mientras tanto negociaba fundamentalmente con los fondos de inversión, tenedores de bonos soberanos nominados en moneda extranjera, con la pretendida esperanza que la economía se encauzaría una vez alcanzado el acuerdo.

Pasados 8 meses efectivamente ¡lo logró!, pero el “riesgo país” - que mide ide el diferencial de rendimiento de los bonos soberanos de un determinado país versus el obtenido por un bono similar emitido por el Tesoro de los Estados Unidos -permanece inamovible en la zona de los 1450 puntos, impidiendo no solo cualquier atisbo de inversión en el sector privado, sino que ello pone en peligro la continuidad de las empresas por los elevados costos de financiamiento que implica.

El Déficit Fiscal Total (DFT), que contiene no solo el exceso de gastos sobre los ingresos del tesoro nacional, sino también el de las jurisdicciones subnacionales y el cuasi fiscal generado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), correctamente medido, alcanza en “orden de magnitud” el 15% del PBI.

Asimismo, el déficit devengado del Sector Externo en conjunción con el incremento de los saldos monetarios en divisas de las personas físicas y jurídicas, han minimizado las reservas de libre disponibilidad del BCRA, impidiendo a su directorio cumplir con el sano criterio prudencial de mantener al menos en sus arcas, el monto de dos meses de importación.

Los indicadores sociales son igual de dramáticos; la desocupación, si para su cálculo se hubiese mantenido relativamente constante la Población Económicamente Activa (Pea) se acercaría al 30%.

Este nivel, superior al de la crisis 2001/2002 haría presuponer que los guarismos correspondientes a indigencia y pobreza medidos a partir de la accesibilidad a los bienes y servicios disponibles serían, como mínimo, similares a aquel periodo.

Y si no alcanzara con estos pésimos indicadores económicos y sociales, aún nos falta refinanciar las deudas con los organismos multilaterales de crédito donde se destaca la del Fondo Monetario Internacional ( FMI) por U$S 44.000 M.

Como colofón basta mencionar que en la Ley de Presupuesto para el 2021, el Poder Ejecutivo con máxima resignación reconoce, que al fin de su mandato dentro de tres años, recién habrá recuperado los niveles de ingreso nacional existentes a la fecha de su asunción.  Pero este sombrío destino no es inexorable, ni podemos ser presas de un fatalismo que nos paralice.

 Estamos a tiempo de modificarlo, si las fuerzas de la producción y el trabajo se encuentran mancomunadamente para implementar un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) con orientación a la producción.

        Pero de eso hablaremos en la segunda entrega.

        Continuará…

* Lic. Guillermo Moreno, Lic. Pablo Challu y Lic. Walter Romero           

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