Desde que Argentina entró en cuarentena dura para proteger a su población de los efectos del Covid-19, muchos economistas neoliberales admiradores de gobiernos neoconservadores como el de Boris Johnson, Donald Trump o su versión lumpen sudamericana, Jair Bolsonaro, comenzaron a fatigar los medios de comunicación pidiendo el fin de la cuarentena. La falacia que sostienen muchos de ellos para argumentar la necesidad de ponerle un fin inmediato al distanciamiento social, en realidad proviene de los pensadores de los centros del poder organizado del hemisferio norte y sus ideas, las cuales son repetidas en los arrabales del mundo de manera deforme y descompuesta.

Este neomalthusianismo de matriz angloamericana, que mal se traduce entre nuestros repetidores vernáculos, sostiene que debido a que algo así como el 70%-80% de las muertes por coronavirus comprende a los que tienen 70 años o más, y ya que los decesos entre los menores de 40 años son relativamente insignificantes, el impacto del virus no importa. Es más, como señala el economista británico Michael Roberts: "En algunos en los círculos financieros argumentan que el virus se está 'deshaciendo' de los viejos y los enfermos, que en su mayoría no son productivos para generar valor y ganancias. Una vez que termine la pandemia, el mundo estará 'más delgado y en forma' y podrá expandirse de manera más 'productiva'".

Como argumenta Roberts, esta es la idea dominante en el ala dura del gobierno de Trump, y la cual nuestros economistas neoliberales locales, en un acto de genuflexión circense, repiten casi de manera textual. Pero como dicen nuestros paisanos, "hay que pegarle al chancho para que aparezca el dueño". Y cuando se ataca a estos economistas, surgen rápido las defensas desde Washington y sus sus filiales ideológicas. En este sentido, Roberts nos muestra lo que el dueño del chancho piensa: "Algunos optimistas en el mundo financiero sostienen que el shock de Covid-19 en los mercados bursátiles terminará como el de 1987, cuando se desplomó más rápidamente que ahora pero en cuestión de meses volvió a subir y se fue arriba. El secretario del Tesoro de EE.UU., Steven Mnuchin, está seguro de que el pánico financiero terminará como en 1987.

Pero para Roberts, ése no será el caso en 2020. Esta vez, el colapso en el mercado de valores será seguido por una recesión económica como en 2008. En este contexto se hace evidente que la vision anticuarentena de los economistas neoliberales criollos obedece más a los intentos de los países centrales que no tiene salud pública fuerte que a ideales neomalthusianos.

Alemania y Corea del Sur eran de los pocos preparados, aunque también ha habido algunos "bloqueos" sociales y económicos importantes.

Acaso por esta razón es que en muchos de los países que impusieron fuertes políticas de privatización y reducción de la salud pública (como EE.UU., Italia, España, Reino Unido en el norte del mundo; o Ecuador, Brasil, Colombia y Chile en el hemisferio sur), pululan por los medios de comunicación enemigos jurados de la cuarentena y sus efectos. Simplemente porque el dueño del chancho, en medio del coronavirus, manda al lechón a dormir afuera mientras él hace la cuarentena.

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Ernesto Hadida

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