Notoriamente desmejorado tras un año extenuante, Alberto Fernández dio ayer la mejor noticia de su gestión sin sonreír. Él mismo lo reconoció tangencialmente en la conferencia de prensa con Ginés González García y más explícitamente después, ante colaboradores que le criticaron su semblante al anunciar que el país recibirá vacunas para 15 millones de personas entre enero y marzo: "No estamos para euforias", dijo.

No es tanto su situación actual como la compleja deriva que entrevé para 2021. El Presidente celebró su primer aniversario lejos de la popularidad casi unánime de principios de la pandemia pero los sondeos le reconocen una aprobación que ronda el 50% y acaba de recuperar un leve saldo positivo entre respaldos y rechazos. Números parecidos a los de Mauricio Macri o Cristina Fernández a esta altura de sus mandatos. Nada grave.

Las tribulaciones presidenciales responden en el fondo a dos dinámicas difíciles de predecir: la del coronavirus y la del Frente de Todos.

En lo sanitario, los rebrotes de los últimos 15 días en países del hemisferio Sur enterraron la idea de que la segunda ola llegaría recién con el otoño. En Paraguay anteayer colapsaron las salas de terapia intensiva, la mitad de la población de Chile retrocedió ayer hacia la cuarentena estricta los fines de semana, Brasil volvió a los 50 mil casos diarios después de haber promediado 20 mil en noviembre y Sudáfrica admitió oficialmente haber entrado en la segunda ola tras superar los 6 mil diagnósticos positivos diarios. Sin mencionar la catástrofe de Europa, que se encerrará completa para Navidad.

En lo político, la embestida de Cristina Fernández de Kirchner contra la Corte Suprema volvió a tensar el equilibrio interno. No tanto por el fondo como por las formas. El Presidente coincide en que el Poder Judicial necesita una reforma urgente, pero propone convencer al electorado con otros argumentos. Por eso ayer mismo habló de lo tortuoso de "los procesos de justicia laboral por despido, los juicios por daños y perjuicios de la justicia civil o los juicios que demandan años por quiebras de empresas en el fuero comercial". La impugnación del "Lawfare al palo" que hizo Cristina, dice Alberto en la intimidad, solo interpela a los convencidos.

Hagan lío

Algo que potencia los cortocircuitos internos, además de las heridas que quedaron sin restañar desde antes de 2015 y que supuran cada tanto en Zooms rabiosos como los de Amado Boudou o Julio De Vido, es la ausencia de un protagonista al que interpeló Fernández no una sino tres veces mientras se veía encaramado al poder: la multitud movilizada. "Si alguna vez me ven claudicar en algo que les prometí, salgan a la calle y recuérdenme que les estoy fallando", pidió, palabras más o menos, al cerrar la campaña en agosto del año pasado, al asumir y al inaugurar las sesiones del Congreso justo antes de la pandemia.

La desmovilización que impuso la cuarentena no solo le quitó color y aromas de crepitar de brasas al país peronista. Fue lo que más trastocó la hoja de ruta que imaginaba Fernández y la mecánica bajo la cual intuía que se digerirían las diferencias internas. Si hubieran podido llevar sus ollas populares a Plaza de Mayo en vez de tener que sostenerlas en sus barrios, por ejemplo, las organizaciones sociales no habrían confrontado tan amargamente como lo hicieron puertas adentro con Martín Guzmán por la suspensión del cuarto pago del Ingreso Familiar de Emergencia ( IFE). El ministro de Economía también se habría ahorrado el mal trago de enterarse por los diarios de la ampliación del padrón de la Asignación Universal por Hijo (AUH) en casi un millón de beneficiarios, una medida con la cual la Rosada compensó a dirigentes con cargo como Emilio Pérsico (o sin, como Juan Grabois) sin fijarse en las planillas presupuestarias del platense.

El problema también sobrevuela al planeta sindical. La pasividad de la cúpula cegetista frente al tercer año consecutivo de deterioro del salario real se explica solo en parte por la generosidad de Claudio Moroni, quien durante la pandemia ayudó a liberar esporádicamente algunas partidas de fondos para las obras sociales. La realidad es que, como las prepagas, todo el sistema de salud gremial ve venir pronto un colapso financiero parecido al que hoy viven sus prestadores. Y encima sin ATP.

Es lo que endurece también conflictos como el que enfrenta a tres gremios aceiteros con las cámaras empresarias del rubro, que preocupa al Banco Central porque la huelga ya frenó exportaciones por más de 100 millones de dólares en pocos días. Ahí se ve nítidamente lo que desbalancea la mesa de diálogo imaginaria en la que Fernández pensaba dirimir las diferencias que hoy se le van de las manos. Los fuertes hablan al oído del Gobierno todo el tiempo y los débiles no. Y como se los escucha solo cuando gritan, las peleas escalan.

Se lo planteó sin rodeos el jefe de la cámara patronal aceitera, Gustavo Idígoras, a Guzmán y a Matías Kulfas después de la reunión del gabinete económico con el Consejo Agroindustrial Argentino. En la pulseada por el bono de fin de año, que los gremios no aceptan ver devaluado frente a la canasta básica, Idígoras esperaba una indicación de mesura como las que recibía de Carlos Tomada a fines del último kirchnerismo o de Jorge Triaca durante el macrismo.

—Nuestra pauta para la paritaria es la inflación. ¿Ustedes tienen una pauta? ¿Cuál es? -inquirió.
—No, no tenemos pero parece razonable que sea la inflación.
—Bueno, transmítanselo por favor a los sindicatos.

Nervios de acero

El silencio de las calles, admiten incluso algunos ministros, también los priva de un termómetro de la situación social que solo intuyen a través de números como los que publicó la UCA sobre pobreza. Y vuelve a inclinar la cancha a favor de los poderosos, que sienten que no tienen contrapeso en la pulseada. Así se animan a malos tratos como el de los gerentes de IDEA con el propio Presidente o el del seminario ProPymes de Techint ayer con Guzmán, a quien le insistieron tantas veces con que baje los impuestos que terminó por preguntarles en broma a los dos presentadores del evento si era cosa de ellos.

Que cualquier gobierno argentino necesita dialogar con un grupo empresario como Techint es algo que casi nadie discutiría. Antes que Guzmán, Rocca hizo desfilar por el mismo escenario de ProPymes a todos sus antecesores. Y si bien mantiene su reclamo por los 700 millones de dólares que le dejó debiendo Nicolás Dujovne por los subsidios de la polémica resolución 46, que le sirvió a Tecpetrol para desplazar a YPF como el principal productor de gas de Vaca Muerta, Rocca viene de ofrecer nuevos desembolsos en otras cuencas bajo el nuevo Plan Gas.

Lo que muchos se preguntan puertas adentro es por qué Fernández decidió aceptar como interlocutor a Luis Betnaza, el lobista en jefe Rocca, quien ante el difunto Claudio Bonadío declaró bajo juramento que había pagado coimas al devidista Roberto Baratta por "motivos humanitarios", para que Hugo Chávez liberara (sic) a los ejecutivos de la filial venezolana de la T en el momento de su estatización. Fue un testimonio clave para los encarcelamientos de la causa de los cuadernos, ejemplo nítido de "lawfare" para el Instituto Patria.

Lo interesante es que, contra lo que cree la sobreideologizada cúpula de Techint, la principal impugnación de que se haya permitido el regreso a Betnaza a Olivos no proviene de la pata kirchnerista de la coalición sino de viejos conocidos suyos. Los más memoriosos incluso recuerdan que Axel Kicillof llegó a tejer una excelente relación con el CEO de TerniumSiderar, Daniel Novegil. Incluso tras haber advertido en 678 que "habría que fundir" a empresarios como Rocca para hacerlos comprender que su fortaleza también se basa en la protección del Estado.

Hay otra anécdota, todavía más vieja, que cuenta que Betnaza fue a pedirle a Amado Boudou a inicios de 2011 que designara a Bernardo "Beni" Kosacoff como director por el Estado en las empresas de Techint cuando se fue Aldo Ferrer como embajador a París. Todavía ministro de Economía, Boudou se equivocó de apellido ruso y transmitió que la compañía aceptaba a Kicillof. El malentendido encendió la guerra, pero también muestra lo bien que supo llevarse la T con kirchneristas hoy condenados.

Al Fondo a la derecha

Como el establishment pide más de lo que pone, el Gobierno empieza a prepararse para cuando en las calles vuelvan a hacer batir los parches de los bombos. Porque el Presupuesto 2021 solo cierra políticamente sin rebrote y nada garantiza que no lo haya. Guzmán, por caso, dejó entrever esta semana que quizá el acuerdo con el FMI se demore más allá de marzo.

Fue en la misma reunión con el Consejo Agroindustrial, pero adelante de todos. Como el equipo económico ya acepta un 80% de lo que reclaman las empresas, uno de los ejecutivos le preguntó por qué no presentaba en extraordinarias el proyecto de Ley que pide el sector, que establece entre otras cosas una baja paulatina de las retenciones.

—No puedo hasta no cerrar con el Fondo. Van a ir juntas al Congreso la Ley de Agro, la reforma tributaria y el propio acuerdo con el Fondo —respondió el ministro.
—¿Y si lo anuncia el Presidente el 1º de marzo, al abrir las sesiones?
—No sé si llego —cerró Guzmán.

Habrá que ver qué pista ofrece Kristalina Georgieva, que habla el martes ante empresarios argentinos y estadounidenses invitada por el Consejo de las Américas. Su hombre en Buenos Aires, el jamaiquino Trevor Alleyne, les dijo a los empresarios aceiteros que no objeta esa ley. Que se lo hayan preguntado ilustra bastante bien los límites del poder del Presidente.

Más notas de

Alejandro Bercovich

Cortocircuitos, anclas y contrabandistas en la pelea contra la inflación

Cortocircuitos, anclas y contrabandistas en la pelea contra la inflación

Del monólogo social al desacuerdo de precios y salarios

Del monólogo social al desacuerdo de precios y salarios

Del monólogo social al desacuerdo de precios y salarios

Del monólogo social al desacuerdo de precios y salarios

Guzmán ante su mayor desafío: que alguien le crea a un Presupuesto

Guzmán ante su mayor desafío: que alguien le crea a un Presupuesto

Financistas se buscan para la reconstrucción

La conversación secreta entre Alberto Fernández y Mindlin por la venta de Edenor

El rebrote jaquea a una economía famélica

El rebrote jaquea a una economía famélica

El gran desacuerdo nacional 

El gran desacuerdo nacional 

Disyuntivas navideñas de la convivencia forzada

Disyuntivas navideñas de la convivencia forzada

Aprestos para un verano eléctrico: el Gobierno y los empresarios mueven fichas

Verano eléctrico: empresarios y Gobierno mueven fichas

El gran ausente del año de Alberto

El gran ausente del año de Alberto