PARIDAD EN LA MACRO

El "mito" del cambio climático y sus efectos económicos

Hace aproximadamente tres meses, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, afirmó que la "era del calentamiento global" había terminado dando paso a la llegada de la "era de la ebullición global", mientras en otro lugares de la tierra aún se debate si el cambio climático es una realidad o un mito/invento. ¿Por qué estas declaraciones fueron realizadas en julio? Simple, porque julio fue el mes más caluroso a nivel mundial en la historia, con una temperatura promedio de 16,95°C), según los datos provisionales del Servicio de Cambio Climático Copérnico, de la Unión Europea.

Sin embargo, ya en marzo se había publicado la entrega final del Sexto Informe de Evaluación (AR6) del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), reunido por ONU y reconocido como uno de los principales organismos internacionales referente en la materia, con la más completa evaluación científica disponible (234 científicos especializados en la ciencia física del cambio climático, 270 científicos especializados en los impactos, la adaptación y la vulnerabilidad al cambio climático y otros 278 científicos especializados en la mitigación del cambio climático).

Del IPCC, así como también de diversos foros, congresos, encuentros e informes, se desprende la misma conclusión: el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) tiene un impacto ambiental, social y económico concreto. Con un incremento de la temperatura global de 1,1°C, es preciso saber que cada 0,5°C de aumento se eleva tanto la frecuencia como la severidad de los calores extremos, de las lluvias severas y de las sequías regionales. Todo lo que ya estamos viviendo diariamente en el mundo. Lo cierto es que el IPCC señaló que, además, las posibilidades de limitar esta suba de 1,5°C en la temperatura global ronda el 33%.

En términos socioeconómicos, esto trae aparejada la destrucción de viviendas, la pérdida de medios de subsistencia (la mitad de la población mundial enfrenta en la actualidad una grave escasez de agua durante al menos un mes al año, por citar un ejemplo), la propagación de enfermedades transmitidas por vectores, la afectación de la salud mental (estrés hídrico, estrés por calor, ansiedad, pánico, depresión, etcétera), la imposibilidad de reconstruirse ante desastres naturales, el abandono de territorios con arraigo cultural y la fragmentación de las comunidades.

A esto sumemos que no todos contaminamos por igual. Y aquí también se exacerban las inequidades socioeconómicas: hogares dentro del rango del 10% de la población con los ingresos más altos emiten más del 45% de los GEI del mundo, mientras que las familias dentro del rango del 50% de la población con menores ingresos emite un máximo de 15%. ¿A quiénes pensamos que afectan más las consecuencias del cambio climático?

Haciendo zoom sobre el caso particular de nuestro país, puede expresarse que Argentina, según el Índice de Gestión de Riesgos para América Latina y el Caribe, que mide el riesgo de desastres y de crisis humanitarias, se encuentra con un bajo riesgo. Sin embargo, experimenta la presencia de terremotos, inundaciones y sequías, pero estas últimas dos está señaladas como los principales riesgos climáticos.

Según indicó el Banco Mundial, la frecuencia de eventos climáticos extremos en Argentina se duplicó desde 1980. Además, dicho organismo calculó que las inundaciones y sequías generan anualmente pérdidas, en promedio, cercanas a los USD1.000 millones, una cifra que que podrían aumentar un 125% debido al cambio climático. Cabe destacar que otro estudio realizado por el Banco Mundial en 2020 ya afirmaba que las inundaciones provocaban que el 0,14 % de la población nacional caiga en la pobreza.

Ahora bien, a esto deben sumarse los hábitos y los comportamientos de aquellos que habitamos el territorio argentino, así como también la manera en que desarrollamos nuestra economía y la forma en que urbanizamos y diseñamos nuestra infraestructura. Porque vale aclarar que los combustibles fósiles son la fuente número uno de emisiones de GEI, pero el 20% de esas emisiones responde a cómo usamos la tierra, mientras que el 80% es la generación de energía, los edificios, la industria y el transporte. Concretamente, en Argentina experimentamos un crecimiento desmedido de urbanizaciones, desmontes y uso de agroquímicos. que junto con el cambio climático consiguieron deteriorar los humedales, esenciales para la regulación hídrica y la biodiversidad del país.

Por último, es importante resaltar que contamos con prensa profundamente especializada en la materia, de desenvolvimiento internacional. Por citar un ejemplo, se recomienda leer las notas y reflexiones de Tais Gadea Lara (@TaisGadeaLara), periodista multimedia especializada en cambio climático.

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