Cambio climático

Un súper El Niño amenaza golpear a mercados globales y commodities

El fenómeno climático podría alcanzar niveles récord y generar impacto en alimentos, energía y crecimiento global hasta el año próximo

El avance de un posible evento de El Niño de intensidad extraordinaria encendió alertas en la comunidad científica y comenzó a trasladar preocupación a los mercados globales por sus potenciales efectos económicos. Proyecciones del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF) indican que el fenómeno podría evolucionar hacia un "súper El Niño", con una magnitud no vista en más de un siglo y consecuencias que se extenderían hasta 2027.

El Niño constituye la principal fuente de variabilidad climática interanual a nivel global. Se origina por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, lo que altera la circulación atmosférica y modifica los patrones de lluvias y temperaturas en distintas regiones. En su fase más intensa, los efectos se amplifican y afectan de forma simultánea a múltiples economías, con impacto directo en producción, comercio y precios.

Los modelos climáticos anticipan que la temperatura del mar podría superar los 2°C por encima de los valores promedio, un umbral asociado históricamente con episodios severos. De confirmarse este escenario, el pico del fenómeno se ubicaría entre fines de 2026 y comienzos de 2027. Además, científicos advierten que este proceso podría empujar nuevos récords de temperatura global al liberar grandes volúmenes de calor desde el océano hacia la atmósfera.

El canal más inmediato de impacto económico se observa en los mercados de commodities. Las alteraciones en lluvias y temperaturas afectan la productividad agrícola en regiones clave. América del Sur aparece entre las zonas más expuestas: lluvias intensas en la costa del Pacífico -especialmente en Perú y Ecuador- podrían provocar inundaciones y daños en infraestructura, mientras que otras áreas agrícolas podrían enfrentar déficits hídricos que condicionen rindes.

Para la Argentina y el Cono Sur, el fenómeno introduce un factor de alta incertidumbre. Dependiendo de su evolución, podría favorecer algunas campañas agrícolas con mayores precipitaciones o, por el contrario, generar eventos extremos que compliquen la logística, afecten la calidad de los cultivos y alteren la planificación productiva. Este contexto impacta directamente en el ingreso de divisas y en la estabilidad macroeconómica de países dependientes del agro.

A nivel global, la volatilidad en la oferta de granos como soja, maíz y trigo suele trasladarse a los precios internacionales. Esto repercute en la inflación, especialmente en economías importadoras de alimentos. En paralelo, disrupciones climáticas en Asia y Oceanía pueden afectar productos estratégicos como arroz, azúcar o aceite de palma, ampliando el efecto sobre la canasta básica mundial.

El antecedente del súper El Niño de 1997-1998 ilustra la magnitud del riesgo. Ese evento generó pérdidas estimadas en 5,7 billones de dólares a nivel global, con impacto en infraestructura, producción y comercio. Sectores como el agro, la pesca y la energía registraron caídas significativas, mientras que varios países enfrentaron crisis fiscales derivadas de desastres naturales.

El fenómeno también incide en el mercado energético. Cambios en los patrones climáticos pueden alterar la demanda eléctrica -por olas de calor o inviernos atípicos- y afectar la generación hidroeléctrica en regiones dependientes de lluvias regulares. Esta combinación suele traducirse en mayor presión sobre combustibles fósiles y, por ende, en los precios internacionales de la energía.

En paralelo, el comportamiento de los ciclones tropicales también se modifica. Se prevé una menor actividad en el Atlántico, pero un incremento en el Pacífico, lo que eleva riesgos para economías del este asiático. Estas perturbaciones afectan rutas comerciales, infraestructura portuaria y cadenas logísticas globales, con impacto indirecto en costos de transporte y seguros.

Otro frente relevante es el sanitario y social. Olas de calor más frecuentes e intensas, junto con eventos extremos, elevan la presión sobre sistemas de salud y aumentan el riesgo de inseguridad alimentaria en regiones vulnerables. Históricamente, los eventos más severos de El Niño se asociaron con crisis humanitarias, aunque especialistas aclaran que los efectos actuales dependen en gran medida de la capacidad de respuesta de los Estados y sus políticas públicas.

En este sentido, la experiencia del evento de 1877-78 suele aparecer como referencia por su intensidad, aunque los expertos advierten que sus consecuencias no resultan directamente comparables con la actualidad. Factores políticos y económicos amplificaron el impacto en ese período, lo que subraya el rol de las decisiones gubernamentales en la gestión de crisis climáticas.

Hoy, el escenario presenta vulnerabilidades distintas. La economía global enfrenta niveles elevados de deuda, tensiones comerciales y un proceso inflacionario aún inestable. En ese marco, un shock climático de gran escala puede actuar como catalizador de desequilibrios, especialmente en mercados emergentes.

A este cuadro se suma el efecto sobre el sistema financiero. Eventos climáticos extremos tienden a elevar la siniestralidad en el sector asegurador, lo que repercute en mayores primas y en una revisión del riesgo en activos vinculados a regiones vulnerables. Fondos de inversión y bancos centrales comienzan a incorporar variables climáticas en sus modelos, ante la posibilidad de pérdidas sistémicas.

Asimismo, la disrupción en cadenas logísticas globales podría intensificarse. Inundaciones en puertos clave, daños en rutas comerciales o interrupciones en nodos estratégicos del comercio internacional generan cuellos de botella que impactan en costos y tiempos de entrega. Este factor cobra relevancia en un contexto donde las cadenas de suministro ya operan con menor margen de flexibilidad.

En América Latina, el impacto fiscal también aparece como un riesgo concreto. Los Estados podrían enfrentar mayores gastos en infraestructura, asistencia social y reconstrucción, en paralelo a una eventual caída en la recaudación vinculada al desempeño del sector agroexportador. Esto limita el margen de maniobra en economías con restricciones financieras.

Finalmente, los especialistas coinciden en que la anticipación resulta clave. La planificación en sectores como el agro, la energía y el comercio exterior puede mitigar parte de los efectos, aunque no eliminarlos. La evolución del fenómeno marcará el pulso de variables críticas en los próximos años y consolidará al clima como un factor central en la toma de decisiones económicas a nivel global.

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