El ¿negocio? de ser madre en Argentina
Los días previos al 22 de octubre estuvieron plagados de declaraciones irrisorias por ciertos referentes de La Libertad Avanza sobre qué tipos de medidas llegarían a tomar en caso de ganar las elecciones. Y, en ese marco, el mercado de trabajo y la economía del cuidado no fueron la excepción. Por ejemplo, la ahora diputada electa Lila Lemoine anticipó durante una entrevista que presentaría un proyecto que le ofrecería la posibilidad de renunciar a la paternidad para no tener que hacerse cargo de los gastos derivados de la crianza. Estas declaraciones provocaron el repudio generalizado desde diversos partidos y también desde organizaciones de la sociedad civil. Ahora bien, ¿es negocio ser madre en nuestro país? Todo parecería indicar que no.
Según datos del INDEC, el costo de criar a un menor de entre 6 y 12 años asciende a $169.570, representando un 43,5% de ese valor el costo de los bienes y servicios necesarios (alimentación, vestimenta, educación, salud y vivienda) y el restante 56,5% está compuesto por el costo del cuidado en sí mismo mediante la valorización de las horas de cuidado según edad y con la remuneración de la categoría de Asistencia y Cuidado del Régimen de Trabajadoras de Casas Particulares.
Si analizamos la variación trimestral de este costo, la misma arroja un aumento del 26,8% que se encuentra por debajo de la inflación de los últimos tres meses, que fue de 31,4%. Asimismo, la suba interanual fue de 129,29%, cuando la inflación marcó un 138,3%, la canasta de crianza aumentó un 90,2% en el acumulado del año y el nivel general de precios se incrementó un 103,2%.
Si bien el costo de criar aumentó menos que los precios, resulta necesario tener en cuenta que el 11,7% de los hogares de nuestro país son monomarentales y que los ingresos de las jefas de esos hogares son casi un 20% menores que en el resto de los hogares.
Asimismo, según Unicef más de la mitad de los hogares a cargo de las mujeres no reciben el pago de las obligaciones alimentarias en tiempo y forma por parte de los progenitores. Es por esto que en esos hogares se da el fenómeno de la doble jornada de trabajo ya que en este tipo de hogares las mujeres destinan entre 4 y 10 horas diarias al trabajo de cuidado no remunerado.
Alimentos, Canasta Básica y pobreza
Respecto de las personas pobres en nuestro país, los datos son realmente alarmantes para los menores. Según el INDEC correspondientes al primer semestre de 2023, el 56,2% de los menores de 14 años es pobre, siendo el segmento más vulnerable los menores de entre 6 y 11 años (37,1% de niños/as pobres). Asimismo, la Canasta Básica Total por adulto equivalente en el primer semestre se ubicó en $63.945, por lo que un hogar monomarental con un hijo varón de 10 años necesitó aproximadamente $99.115 para no ser pobre por lo que es importante recordar que los varones ganan, en promedio, un 26,6% más que las mujeres. Otro dato interesante lo aporta UNICEF que informó que en el año 2022 el 27,4% de las jefas de hogares monomarentales estuvo por debajo de la línea de pobreza y el 59% de estos hogares destina prácticamente todos sus ingresos al pago de deudas que fueron contraídas, en su mayoría, para adquirir comida o medicamentos.
También es interesante analizar cómo se distribuye el ingreso entre los varones y las mujeres. Para el segundo trimestre del año, el ingreso promedio de los varones fue de $161.252 y el de las mujeres se ubicó en $117.645. Por lo que a una mujer soltera con un salario promedio no le alcanza para cubrir los gastos de crianza de su hijo/a. Esta situación sin dudas se profundiza en los sectores de menores ingresos, ya que en el último decil el ingreso medio de una mujer es de $395.349 pero en el séptimo decil es de apenas $113.785.
Un último dato a analizar es el empleo no registrado. En la actualidad, un 36,7% de la fuerza de trabajo se encuentra en la informalidad y en el caso de las mujeres asciende a un 39,1%. En este caso, el problema radica en que esas mujeres que tienen un empleo informal no cuentan con licencias por maternidad o cuidado de menores, así como tampoco con una adecuada cobertura de salud. Esta situación se agrava en las trabajadoras de casas particulares donde la informalidad llega a valores que más que duplican al promedio (75,6% para el primer trimestre). Vale recordar que el trabajo de casas particulares está feminizado en un 95% y que un 45% de estas trabajadoras es jefa de hogar. Asimismo, un 54% de esos hogares registran demanda de cuidado de menores de 15 años.
Viendo estos datos podemos concluir que ser madre no es negocio en Argentina y que, en el hipotético caso de que se ponga en marcha, lo único que lograría este proyecto es aumentar las desigualdades ya existentes entre varones y mujeres. Y que, como siempre, las primeras víctimas serían los niños y las niñas.
* Economista

