En enero del año 49 a.C. Julio Cesar contempló el Rubicón, límite entre la Galia y los territorios romanos. Antes de cruzar el río, sabiendo que esto implicaría entrar en una guerra  civil con Roma, pronunció la famosa frase alea iacta est, en español, la suerte está echada. Luego de un año turbulento y con gran volatilidad Estados Unidos se prepara para definir este martes al próximo presidente entre el republicano Donald Trump y el demócrata Joe Biden, tal como adelantábamos unas semanas atrás. Varias cosas han pasado desde entonces, debates que no tuvieron la repercusión que tal vez se esperaba, el contagio de coronavirus de Trump y su posterior recuperación, distintos escándalos en medios como la filtración del supuesto pago de impuestos de Trump de sólo 750 dólares por año, o la filtración de fotos y supuestos negociados con China y Rusia del hijo de Joe Biden, Hunter Biden. La suerte está echada.

Más de 75 millones de americanos ya votaron, un récord histórico porque implica que por primera vez en la historia más gente habrá votado antes del día de la elección. De hecho, en varios estados como Texas, Florida, Georgia o Carolina del Norte ya se han recibido votos por más de dos tercios del total de votos que tuvieron cada uno de estos estados en las elecciones de 2016. Esta mayor participación anticipada, debido a la pandemia, es probable que traiga problemas en el conteo de los votos (ya han llegado varios casos a las cortes supremas estatales pidiendo que se permitan recibir votos por correo días después de la elección) y aumente las posibilidades de fraude en algunos condados que tal vez sean clave para la elección. Ya hay advertencias sobre el tema de parte de ambos candidatos por lo que es probable que si en algunos estados clave el margen de victoria sea muy pequeño se exija un recuento y demore los resultados de la elección. Esto es algo que no es ajeno al mercado que ha presentado esta semana un fuerte aumento de la volatilidad con caídas y rebotes bruscos que no se veían desde hace unos meses. De hecho, los futuros de VIX operan en backwardation, es decir que descuentan la mayor volatilidad para el mes de noviembre en el mercado y luego más calma en los meses siguientes, algo no tan frecuente.

Por suerte existe una experiencia similar en ese sentido que nos puede servir de guía para saber qué esperar del mercado. En el año 2000, la elección se realizó el 7 de noviembre y rápidamente se concluyó que el ganador sería quien se llevase el estado de Florida. Geroge W. Bush sumaba 246 electores mientras que Al Gore 266. Aquel que ganara Florida se llevaba sus 25 electores y alcanzaría el mínimo de 270 necesarios. Al finalizar el conteo Bush ganaba sólo por 900 votos un margen tan estrecho que obligó a la realización de un  recuento a máquina que al día siguiente que redujo la distancia a 327 votos. Esto disparó una disputa judicial entre los candidatos que demoró un mes hasta que la Corte Suprema de Justicia amparándose en la Equal Protection Clause decidió frenar el recuento de votos que se había iniciado en varios condados del estado, proclamando ganador de esta manera a Geroge W. Bush como presidente el 12 de diciembre del año 2000.

¿Qué paso en el mercado mientras tanto? La semana de la elección las acciones se derrumbaron junto con el índice S&P 500 que cayó 7%. La volatilidad en el mercado aumentó, disparándose el VIX más de un 20%. Luego las siguientes semanas a la definición de la elección hubo varias jornadas con bajas y alzas importantes en los mercados de acuerdo a como se iban desarrollando los acontecimientos.

Ahora bien, analicemos en detalle las agendas económicas de los candidatos. Una presidencia de Joe Biden traería varios cambios en distintos aspectos de la política y la economía americana. Su agenda se basa en una marcada subida de impuestos y costos para las empresas, la promoción de sectores de la energía limpia y una actitud más conciliadora con el mundo en el plano externo. Particularmente Joe Biden quiere duplicar el salario mínimo llevándolo a 15 dólares la hora. Un salto muy importante que podría afectar principalmente a las empresas más pequeñas y medianas por el lado de sus costos. Quiere subir el impuesto a las ganancias corporativas del 21% al 28%. El programa incluye también una suba del impuesto a las ganancias de capital y de los ingresos de las familias más adineradas del país. Es decir, en otras palabras, tendría un impacto negativo en el largo plazo sobre las empresas dado que se verán obligadas a enfrentar mayores costos y pagos de impuestos, reduciendo su capital para reinvertir en mejoras de infraestructura, tecnología o maquinaria. Entre los sectores que se verían mas beneficiados bajo su presidencia destacan principalmente el de las energías renovables gracias al Green New Deal, un plan de 2 billones de dólares que buscar eliminar las emisiones de carbono en el país para 2035. También destaca el sector del cannabis dado que Biden apoya la descriminalización del consumo recreacional y la legalización para uso medicinal a nivel federal. El sector más golpeado sería el petrolero, dado que varias veces ha dicho estar en contra de conceder nuevas explotaciones que utilicen fracking.

En cambio, una segunda presidencia de Donald Trump implicaría una continuación de las políticas actuales con menores impuestos, menos regulaciones, sin nuevos incentivos para las energías renovables, favoreciendo a sectores como el petrolero o el industrial. Probablemente el déficit fiscal, quitando el efecto de la pandemia quede a niveles mayores a los de 2019, por lo que Estados Unidos seguirá endeudándose, aunque a tasas cercanas al 0%. La reducción del déficit podría llegar a venir si Trump lograra dar de baja total o parcialmente el Obamacare, algo que se le hizo esquivo durante su primer mandato pero que a través de la nueva Corte Suprema con gran mayoría republicana podría lograr.

Sin embargo, si algo nos demuestra la historia es que han sido muy pocos los presidentes que en el largo plazo han sido malos para el mercado. Si uno analiza desde el año 1900 teniendo en cuenta reinversión de dividendos el rendimiento real de índice S&P 500 fue siempre positivo excepto por cuatro presidencias: Wilson, Hoover, Nixon y Bush hijo. Todos ellos sufrieron algún tipo de cisne negro ya sea doméstico o internacional, como por ejemplo, el estallido de la primera guerra mundial, la gran depresión, la crisis del petróleo de 1973 y el escándalo de Watergate, así como el estallido de la burbuja de las punto com, el atentado a las torres gemelas o la crisis subprime.

Retornos del S&P 500 en cada presidencia. Fuente: dqydj.com en base a datos de Robert Shiller

Es decir que más allá de lo que podría suceder en el corto plazo, si los candidatos no aplican cambios radicales a la economía americana o no son sorprendidos por el estallido de algún evento inesperado, ya sea doméstico o internacional, el mercado americano debería continuar su tendencia de largo plazo que, como nos muestra la historia, siempre es de un crecimiento lento pero sostenible. Y, además, a diferencia de experiencias pasadas hoy hay una Reserva Federal mucho más dispuesta a intervenir en el mercado y proporcionar liquidez en caso de que sea necesario.

* US and Global Research de Bull Market Brokers