Al compás de la suba de contagios desde el Gobierno Nacional pero también desde el de la Ciudad de Buenos Aires el mensaje político a los sectores económicos que siguen clamando por el fin de la cuarentena fue rotundo y directo: “Ustedes ¿cuántos muertos quieren? Nosotros los menos posibles”. El presidente Alberto Fernández fue claro en la reinauguración de la planta de Toyota cuando señaló que “la cuarentena no es la que hizo el daño, el daño lo hizo la pandemia que ha paralizado la economía del mundo”.

En la misma dirección fue el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, en reiterados encuentros virtuales con los mismos interlocutores del sector privado a los que hace sólo 10 días atrás les concedió permiso para subir sus persianas y ahora se los quitó por razones sanitarias. Esa nueva coincidencia con el Gobierno Nacional no es gratis para Larreta dentro del PRO, donde algunos sectores le siguen reprochando su sintonía en algunas medidas nacionales mientras que para otros del mismo espacio es una fortaleza de madurez política.

La cosa cambió y cambiará en Capital y el Conurbano. Por ahora, según parece Dios dejó de atender en Buenos Aires. De hecho, el país se muestra partido en dos. Los mismos comerciantes que reclaman en CABA o Buenos Aires la necesidad de abrir grandes centros comerciales argumentando las urgencias (verdaderas) de las pymes; en varias provincias ya encontraron mejorías económicas para sus negocios. Esta vez, la pandemia que todo lo está cambiando y todo lo cambiará golpea fuerte en el corazón de la economía nacional que explica el 50% del PBI y donde sus grupos económicos no están acostumbrados a que les toque ser últimos en la lista. Esto es también la contracara de ser la zona más concentrada para producir económicamente.

En una videoconferencia de AmCham en la que cerca de 400 CEO´s debatieron sobre los desafíos pos pandemia hubo una frase que ganó simpatía: “Los cambios que los CEO´s no se animaban a implementar, los hizo el coronavirus”. Es decir, muchas compañías, en especial las grandes y esenciales alimenticias, tecnológicas, medicina, supermercados, logística, e-commerce están ya pensando en nuevas formas de negocios y cómo aprovechar la pandemia porque se da por firme que las actividades presenciales tardarán en volver a la economía cotidiana. Hay datos que lo ratifican.

“Los cambios que los CEO´s no se animaban a implementar, los hizo el coronavirus”.

Según investigaciones que compartieron los panelistas Guido Ipszman, director general de Salesforce, y Néstor García, socio director de KPMG, 4 de cada 3 clientes seguiría comprando de manera virtual cuando pase el Covid-19. De acuerdo a un relevamiento reciente sólo el 10% de los empleados entrevistado admitió que preferiría volver a trabajar a la oficina tiempo completo; otro 10% dijo que preferiría seguir haciéndolo desde sus casas y un grueso 50% prefirió una combinación: algunas tareas en sus domicilios; otras en las oficinas.

Esto inaugura un desafío absolutamente diferente para los equipos de trabajo. Los analistas insistieron en que “el teletrabajo, las presentaciones remotas, la mixtura de gestión es una medida que, de hecho, se está dando en los países que ya salieron de la pandemia y que resultó clave para las compañías que sobreviven a la crisis”.

Todos estos desafíos, por supuesto traerán nuevas normativas en las que deberá trabajar el Gobierno y el Congreso y, en este sentido, los gremios tendrán un rol troncal para preservar derechos pero también para capacitar a los trabajadores en los nuevos tiempos que enfrentarán las empresas que queden en pie y deban salir a venderle al mundo.

Gremios y cuarentena

Troncal también es el rol de la CGT en la extensión de la cuarentena en AMBA y en las normativas que prohíben los despidos. Por eso, la cúpula sindical celebró la última conferencia del Presiden te, en la que respaldó al ministro de Trabajo, Claudio Moroni, quien sostiene la letra chica de las resoluciones que evitan repetir casos como el de Techint en el inicio de la cuarentena.

Desde la central de Azopardo, que conducen Héctor Daer (Sanidad) y Carlos Acuña (estaciones de servicios) son los que más fuertemente insisten en que la crisis económica con o sin cuarentena es profunda por la pandemia misma y por la retracción que el Covid-19 generó en todo el comercio internacional.

Pensando en nuevos mercados que reabrirán sus fronteras, las 100 entidades del campo y el complejo agroindustrial se reunieron días atrás de modo virtual con el canciller, Felipe Sola. Le habían pedido un encuentro desde que asumió y lo reiteraron tras las tensiones en torno a las negociaciones del Mercosur y la Argentina con Corea del Sur y Canadá, entre otros países. Los dirigentes salieron más tranquilos de ese encuentro porque la Argentina ya participó de tres rondas negociadoras junto a sus socios del bloque regional con el país asiático.

Allí el funcionario, que tiene raíces peronistas y también campestres (entre otros cargos fue secretario de Agricultura) les habría garantizado que el objetivo del Gobierno no es cerrarse a oportunidades comerciales en especial en alimentos y cereales, y que prevalecerá la mirada nacional así como la regional en la política exterior argentina durante y tras la pandemia mundial.

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Alejandra Gallo

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