Las personas, atrapadas entre el deseo de obtener una gratificación inmediata y la lucha por evitar consecuencias a largo plazo, caen una y otra vez en un ciclo destructivo

Gary Becker y la toma de decisión adictiva: de la economía a la neurociencia

El consumo repetido de sustancias adictivas, o la participación en comportamientos adictivos como el juego, altera la química cerebral. 

Las adicciones crecen a un ritmo alarmante y las decisiones que tomamos en nuestro día a día pueden definir el curso de nuestras vidas. Es interesante cómo Gary Becker, premio Nobel de Economía, revolucionó el estudio de la adicción al aplicar conceptos de la teoría económica a este fenómeno. Becker propuso que la toma de decisiones adictiva sigue un patrón conocido como "descuento hiperbólico", donde los individuos optan por recompensas inmediatas a pesar de saber que esas decisiones tendrán consecuencias negativas a largo plazo. Esto es evidente en las personas que consumen sustancias adictivas, quienes eligen una gratificación instantánea sin considerar los daños que su accionar provocará en el futuro.

Pero la idea de Becker rompió la noción de que los adictos simplemente carecen de autocontrol. En cambio, su modelo sostiene que las adicciones son el resultado de una elección racional basada en una valoración distorsionada del tiempo. Al elegir lo inmediato por encima de lo futuro, los adictas perpetúan un ciclo de comportamiento destructivo que, aunque racional desde su punto de vista a corto plazo, tiene consecuencias devastadoras. Generan así la "teoría de la adicción racional", que además de la satisfacción inmediata (decisión intertemporal disruptiva como el "descuento hiperbólico") implica un "efecto acumulativo" que incrementa el deseo, pero que no altera la "racionalidad", siendo conscientes de los costos a futuro, lo que se demostraría en una "sensibilidad al incentivo" cuando se encarece el costo de una droga o, por ejemplo, se genera una enfermedad grave, muchas veces haciendo que la persona reduzca o abandone el consumo de forma inmediata y consciente, como sucede frecuentemente en el tabaquismo.

Si bien Becker analizó el comportamiento adictivo desde un marco económico, la neurociencia arrojó luz sobre el papel que juega el cerebro en este proceso. Las investigaciones actuales señalan que la toma de decisiones, especialmente en el contexto de las adicciones, implica una constante lucha entre el lóbulo prefrontal y el sistema límbico. El primero es responsable de la planificación y el autocontrol, mientras que el segundo está asociado con los impulsos y las emociones inmediatas.

El consumo repetido de sustancias adictivas, o la participación en comportamientos adictivos como el juego, altera la química cerebral. Áreas como el núcleo accumbens, vinculadas con la recompensa, se ven sobreestimuladas, lo que lleva al desarrollo de la tolerancia: cada vez se necesita más estímulo para obtener la misma gratificación. Esto es lo que Becker denominaba "escalada de inversión" en la adicción. El cerebro, en su búsqueda de satisfacer estos impulsos, compromete la capacidad para tomar decisiones a largo plazo, favoreciendo la gratificación instantánea.

La neurociencia también exploró el concepto de "memoria adictiva", introducido por el investigador Eric Nestler, del Brain Institute at the Mount Sinai Medical Center en Nueva York. Este fenómeno describe cómo las experiencias adictivas dejan una huella profunda en el cerebro, alterando su respuesta a estímulos futuros. La memoria adictiva no solo guarda el recuerdo de la gratificación inmediata obtenida a través de una sustancia o de un comportamiento sino que modifica la expresión genética del cerebro, volviéndolo más susceptible a las recaídas. Esta alteración genética, conocida como epigenética, predispone al individuo a volver a caer en la adicción, incluso después de haber alcanzado un período de abstinencia.

La relación entre la adicción y el descuento hiperbólico se vuelve clara en este punto. Las personas adictas, atrapadas entre el deseo de obtener gratificación inmediata y la lucha por evitar consecuencias a largo plazo, caen una y otra vez en el ciclo destructivo. Como Becker y su colega Kevin Murphy analizaron, este comportamiento puede entenderse como una inversión a corto plazo que ignora los beneficios a largo plazo, una característica fundamental de las decisiones adictivas.

En la actualidad, las adicciones no solo se limitan a las sustancias químicas. La era digital trajo consigo nuevas formas de comportamiento adictivo, como la adicción a los videojuegos y las ludopatías tecnológicas. Estos comportamientos imitan los patrones de adicción tradicionales, activando los mismos centros de recompensa en el cerebro. La disponibilidad inmediata y constante de estos estímulos agravó el problema, especialmente entre los jóvenes, quienes encuentran cada vez mayores dificultades para resistirse a las recompensas inmediatas que ofrecen las plataformas digitales.

Los videojuegos competitivos, los juegos de azar en línea y las redes sociales estimulan los mismos circuitos cerebrales responsables de las adicciones tradicionales. Estos comportamientos llevan a las personas a priorizar la gratificación rápida por encima de cualquier otro aspecto de su vida, interfiriendo en sus responsabilidades y en sus relaciones personales. Además, la identificación emocional con avatares o personajes virtuales intensifica la experiencia, creando un vínculo adictivo todavía más fuerte.

El enfoque de Becker sobre las adicciones nos ayuda a comprender que el comportamiento adictivo no es simplemente una falta de voluntad o de autocontrol, es un proceso de toma de decisiones distorsionado por el valor desproporcionado que se le otorga a la gratificación inmediata. Las investigaciones en neurociencia refuerzan esta idea, mostrando cómo el cerebro, bajo la influencia de sustancias o de comportamientos adictivos, cambia de forma tal que perpetúa este ciclo destructivo. Asimismo, el concepto de memoria adictiva nos ayuda a entender por qué la adicción es tan difícil de superar, ya que deja una marca permanente en el cerebro que puede reactivarse con facilidad.

La prevención y el tratamiento de las adicciones, ya sea a sustancias químicas o a tecnologías digitales, requieren un enfoque integral que combine lo que hemos aprendido de la psicología, en la economía conductual y en la neurociencia. Las campañas de prevención deben centrarse en fortalecer el autocontrol, ayudando a las personas a tomar decisiones más conscientes que les permitan evitar las trampas de la gratificación instantánea.

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