Para una correcta interpretación y una pertinaz prognosis en derredor de la economía argentina, es conveniente segmentar en tres espacios ad hoci el aparato productivo:

  • el Sector Público: como recipiendario de las decisiones políticas establecidas por el oficialismo de turno,
  • el Sector Privado: ya que es el “sujeto esencial” del “hecho económico” y,
  • el Sector Externo: en tanto contabiliza las relaciones económicas y financieras entre los residentes y el resto del mundo.

La correcta administración de la “cosa pública” tendiendo al bien común debe procurar una armonía intersectorial que permita el cumplimiento de los objetivos superiores de la Patria.

Para ello el Sector Público en su función orientadora concertará, a grandes trazos, la conducta de los agentes económicos en un determinado “estado del arte”,  que comprende: conocimiento, tecnología, marcos regulatorios, etc.

En este marco, el gasto público y su financiamiento (con su correlato de superávit, equilibrio o déficit fiscal), deberían ser funcionales, a partir de una correcta planificación de los actos de gobierno sobre los objetivos deseados.

La política de ingresos públicos debe visualizarse como la justa contribución para el desarrollo económico, expulsando la noción del impuesto como una succión de los ingresos a las personas, humanas o jurídicas; logrando que el segmento perteneciente al Sector Privado, dentro de la actividad económica, aumente su participación y revierta así la dinámica decreciente de los últimos años.

En síntesis, “siendo el todo superior a las partes”, sólo el funcionamiento equilibrado entre los sectores ut supra señalados, garantizará que las empresas obtengan la adecuada rentabilidad y las familias el necesario bienestar.


Hoy, el sector público, ¿facilita esa interacción?

La búsqueda del equilibrio entre el gasto púbico (corriente y no corriente) y la recaudación impositiva es un imperativo de la hora.

A pesar de que el año 2020 nos dejó un tendal de modificaciones en materia tributaria, donde se destacan incrementos de las alícuotas o la creación de nuevas gabelas, como lo detalláramos en “Gobernar es: ¿crear impuestos o trabajo?” (BAE Negocios, 07/12/2020), el actual oficialismo no consiguió el balance necesario.

Por el contrario, de manera contraproducente, deterioró la “tasa interna de retorno” del capital productivo.

Como sabemos, la rentabilidad de las empresas tiene como punto de partida, el cálculo del margen bruto, que representa la brecha necesaria para absorber los costos fijos y variables de toda la actividad, estando incluido:

  • sueldos y salarios, con sus respectivos aportes y contribuciones
  • depreciaciones y amortizaciones
  • intereses financieros netos
  • energía
  • impuestos y,
  • honorarios, entre otros cargos al resultado.


Todo ello, con una planificación periódica que debe considerar prioritariamente, un presupuesto que contenga no sólo la concreción presente de sus negocios, sino también, su proyección en el tiempo para garantizar el concepto de “empresa en marcha”.

Sin inversión del sector privado no hay destino realizable, hoy en día, los quebrantos empresarios son tales que llevan a una instancia en donde ni siquiera es posible la reposición del capital.

Naturalmente, este esquema donde se pretende suplantar la actividad del sector privado a través del aumento de la participación del sector público en la economía no es viable, ya que sólo la expansión del tejido productivo generará los ingresos que faciliten su financiamiento.


 

Ni muy grande ni muy chico…

Como dice el saber popular, el tamaño debe ser el adecuado. La recaudación fiscal debe asegurar el cumplimiento de los compromisos del Sector Público, en sus distintos niveles, comprendiendo que el Sector Privado no puede enfrentar mayores tasas de imposición o la creación de nuevos gravámenes, dada la escuálida rentabilidad empresarial y que el nivel de precios de los bienes y servicios que se ofertan en el mercado no admiten más tributos.

Para cambiar ello, es imperioso arribar al equilibrio macroeconómico que brinde certeza al conjunto social. Así como señaláramos en “El objetivo es la producción” " deben ser tomadas las decisiones de política económica para volver a concretar los “superávits gemelos”, que desencadenarán el proceso en donde el Sector Privado, “hará el resto”.

Exportaciones, retenciones y ley de arrendamiento

El actual desequilibrio fiscal se solucionará con el cobro de Derechos de Exportación, y una nueva Ley de Arrendamiento para la pampa húmeda, que grave, no lo producido sino, la renta extraordinaria por la tenencia de la tierra.

Este equilibrio fiscal generará un horizonte de certidumbre que incentivará al actual ahorro privado en moneda dura (los “argendólares”) a que se vuelquen a la inversión.

Incorporando estos activos, se acelerará el proceso de crecimiento, que se computará como Inversión Extranjera Directa, favoreciendo el desarrollo de la base material de la Nación.

El desarrollo y crecimiento de los negocios, en un entorno tecnológico conveniente, incrementará la masa salarial dinamizando el mercado interno, al tiempo que los trabajadores aumentarán su participación en la formación del ahorro nacional, financiando la inversión para el crecimiento económico coadyuvando a una potente disminución de la pobreza e indigencia.

El Sector Externo debería ser analizado bajo el criterio de “inserción internacional inteligente” donde los insumos y bienes finales argentinos penetren, a escala mundial, en las distintas cadenas de valor.

En este marco, una Balanza Comercial favorable es indispensable para equilibrar la Cuenta Corriente de la Balanza de Pago.

Solo los dólares genuinos del comercio exterior permitirán aumentar los “grados de libertad” de la totalidad del entramado económico.

Por eso, se debería incrementar y diversificar el destino de las exportaciones, como tambien orientar las importaciones desde el resto del mundo, a través de un Tipo de Cambio Competitivo y de una “sana” Administración del Comercio Exterior.

Finalmente, los vectores correspondientes a la exportación y a la inversión alcanzarán su máxima dimensión con un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS), con orientación a la producción.

* Lic. Guillermo Moreno, Lic. Leandro Cárcamo Manna y Dr. Gastón Bres


 

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