En “Hora de Balance-Segunda Parte” analizamos la necesidad de que el imprescindible nuevo Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) a plasmar en Argentina, sea con “orientación a la producción”.

Si bien es cierto que el ciclo virtuoso que abarca del 2002 a 2012/13 estuvo signado por la orientación al consumo, también lo es que las condiciones de contexto eran diametralmente diferentes a las presentes.

En aquel entonces, la vocación inversora del sector privado encontraba “sentido y dirección” puesto que la escena macroeconómica estaba dominada por los llamados “superávits gemelos”, a saber:

el Superávit Fiscal Primario (SFP), que aumentaba los “grados de libertad” al funcionamiento del Sector Público y alcanzaba una envergadura tal que, entre otros elementos, facilitó y dio consistencia a la propuesta de renegociación de la deuda en default y, el Superávit de la Balanza Comercial (SBC), que lograba compensar los saldos negativos, de los otros componentes de la Cuenta Corriente (CC) de la Balanza de Pagos.

Hay que tener en cuenta que integran la Cuenta Corriente (CC) las denominadas: Balanza Comercial (BC) diferencia entre el cobro y el pago de exportaciones e importaciones de bienes; Balanza de Servicios (BS) saldos entre ingresos y egresos monetarios generados por seguros, fletes, turismo, aplicaciones informáticas y otros; Balanza de Transferencias Unilaterales (BTU) remesas, donaciones o ayudas monetarias a no residentes y Balanza de Rentas (BR) que recoge todos los ingresos y egresos generados por los factores productivos nacionales en el exterior, o de sus titulares no residentes en nuestro país.

Ancla fiscal y exportaciones

En este marco, el “ancla fiscal” y el incremento de las exportaciones generaron una variación positiva de las existencias y un aumento en la utilización de la capacidad instalada.  Dadas las expectativas empresariales adaptativas, al aumentar las ventas se incrementan los stocks

Posteriormente, se tomaron medidas que incentivaron el consumo interno a partir de las mejoras en los sueldos, salarios, jubilaciones y pensiones.

En síntesis, el Poder Ejecutivo “haciendo lo que debía hacer” obtuvo los equilibrios macroeconómicos y generó los pilares de sustentación sobre los cuales se asentó el sector privado para “poner en valor” su plena vocación inversora.

Sin inversión del sector privado, no hay destino

Generadas las “condiciones macroeconómicas” es necesario tracto sucesivo, facilitar la rentabilidad de los proyectos de inversión disminuyendo dos “costos relevantes”:

  • el del capital, a partir de una baja substancial de la tasa de interés real que debe alinearse indispensablemente con la internacional, para que la evaluación del proyecto obtenga el grado de implementación y,
  • el energético, procurando que sus precios y/o tarifas de comercialización se ubiquen en función de sus costos totales (exploración y explotación, en caso de corresponder) y un margen justo y razonable de beneficio para quien la produce o genera.

Y a su vez, concomitantemente con lo ut supra señalado, es necesario que el “crecimiento de la oferta” que se producirá, se realice (venda) abasteciendo la “demanda insatisfecha creciente” derivada de:

  • el incremento del poder adquisitivo de los ingresos populares ocasionados por la disminución proporcional del precio de los alimentos básicos (mediante la implementación de los Derechos de Exportación a los commodities y una nueva Ley de Arrendamientos Rurales en la Pampa Húmeda)iv y la baja del gasto en las tarifas de los servicios públicos incurrido por las familias y,
  • una “sana” Administración del Comercio Exterior que facilite a las empresas locales la hegemonía en el mercado doméstico y las potencie a penetrar en los externos.

Hay que hacer… lo que se debe hacer

No es una tautología lo afirmado, remite a algunas decisiones de política económica (búsqueda y concreción de los “superávits gemelos”) que necesariamente deben ser tomadas. Pues luego serán las que desencadenen y den sustento al proceso expuesto, siendo los actores económicos del sector privado (desde sus respectivas “incumbencias”) los que “harán el resto”.

Si esto fuera así, podrían volcarse a la inversión productiva los activos dolarizados de los argentinos (tanto los “argendólares”, como los existentes en el exterior), por una cuantía que en términos netos orillan los U$S 370.000 M,  monto que surge de restarle a los aproximadamente U$S 440.000 M de tenencia de activos en divisas (tanto en el exterior como los atesorados en el país) del sector privado, su deuda (U$S 70.000M) con el resto del mundo.

En este marco, decíamos al respecto en “Dolarizar no, Argendólares si” BAE Negocios (9/11/2020): “el horizonte de certidumbre, combinado con el ahorro privado nacional en moneda extranjera, son la potencia latente de la economía argentina”. Conseguirlo depende de la real comprensión que tenga el actual oficialismo de la coyuntura.

Como ya hemos mencionado en “Ay Patria Mia” BAE negocios (5/10/2020) el “entorno productivo” oscila entre la depresión y la anomia; cualquiera de los dos estadios pone en peligro su continuidad.

Estas circunstancias si son precisamente mensuradas, evitarán poner como centro del análisis el “destino individual” por encima del comunitario. La implementación de una “correcta técnica económica” allanará el camino que desviará del temido desenlace; como afirmamos en “Tiempo de Balance-Primera Parte” : “este sombrío destino no es inexorable, ni podemos ser presas de un fatalismo que nos paralice”.

Por lo tanto, es imperioso generar las condiciones para una Argentina en donde la “Demanda por Inversión del Sector Privado” sea, por décadas, la que otorgue continuidad al Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) orientado a la producción.

Lic. Guillermo Moreno, Lic. Pablo Challu y Lic. Walter Romero

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