El gran río del Litoral argentino alcanzó, en 2021, sus niveles de agua más bajos de los últimos 77 años y científicos afirman que esta puede ser la “nueva normalidad” del Paraná, como consecuencia de la deforestación y el uso intensivo del suelo, provocando que el gran afluente registre su caudal más bajo en medio siglo. Según lo explicado por Juan José Neiff, investigador del Conicet, se espera que las aguas permanezcan bajas hasta diciembre.

Esto no solo pone en riesgo lo biodiversidad, sino que ya afecta a distintas poblaciones. El menor caudal complica transitar la principal vía comercial navegable del país, lo cual impacta sobre las exportaciones agroindustriales y, por otro lado, y debido a la erosión de los márgenes, hubo derrumbes y abarrancamientos en distintas zonas.

Esta situación está afectando la vida ambiental y social de ciudades a la vera del agua y las actividades económicas relacionadas.

Lo más importante es que niveles tan bajos dificultan la provisión de agua dulce y potable, y la escasez de agua es una preocupación mundial. Los recursos hídricos se han visto afectados por el desmesurado crecimiento poblacional, los hábitos de consumo, además de la intensificación de la actividad económica. Argentina no es ajena a esta crisis y es imprescindible la construcción de hábitos de consumo y la implantación de tecnología que nos preparen para el futuro.

Si apenas el 10% del agua se destina al consumo humano y el resto se distribuye entre la producción industrial y la agricultura, es imprescindible que nuestros esfuerzos para enfrentar la escasez de agua se enfoquen en 4 aspectos.

En primer lugar, se debe exigir a la administración pública y a la industria la inversión en tecnologías que produzcan agua de formas no convencionales: plantas desalinizadoras que aprovechen el agua de mar para la agricultura, por ejemplo.

Como segundo aspecto, habría que mejorar la infraestructura de distribución. Una mala infraestructura es devastadora para la salud y la economía. Según afirma la Organización Mundial de la Salud (OMS), desperdicia recursos, agrega costos, disminuye la calidad de vida y permite que las enfermedades prevenibles transmitidas por el agua se propaguen entre las poblaciones vulnerables, especialmente entre los niños.

El tercero sería reducir la huella hídrica industrial. El uso de agua para fines industriales representa aproximadamente el 22 por ciento del consumo mundial. A medida que la fabricación sostenible se vuelva más importante, se podrá dar un revés a estas cifras tan notables.

La mayor sequía en 77 años del río Paraná

Por último, habría que construir marcos internacionales y de cooperación institucional. Si bien es difícil lograr acuerdos internacionales vinculantes para cuestiones de recursos naturales, los tratados de orientación humanitaria, como los Objetivos de Desarrollo del Milenio sobre el agua potable de la ONU, indican que son posibles estrategias globales integrales.

Para enfrentarse a la escasez de agua, también es viable el uso y almacenamiento eficiente de agua potable en zonas donde no hay acceso al servicio de acueductos. El uso de tanques de almacenamiento elaborados en materiales modernos, resistentes y que frenen el desarrollo bacterias puede ser la respuesta para que la familia tenga un acceso seguro y adecuado al agua potable. Invertir en un taque de agua puede mejorar exponencialmente la calidad de vida de un grupo familiar y garantizar sus condiciones sanitarias.

Otra gran alternativa, recomendada por el Instituto Nacional del Agua, es utilizar cisternas para captar agua de lluvia para tener agua disponible durante la temporada de sequía. En el marco de esta histórica bajante cuya tendencia descendiente continuará los próximos meses, es imprescindible recurrir a todas las formas disponibles de aprovechamiento del recurso hídrico. La tecnología de las cisternas se remonta a la época prehistórica, donde se usaban esencialmente para acumular agua de lluvia y como canales y acueductos de transporte de agua para satisfacer las necesidades domésticas y agrícolas.

Lo que está claro es que está en nuestras manos generar un impacto real y en distintos ámbitos; lo importante es contar con la información y la educación orientada al cambio de hábitos y transformación de nuestro entorno.

*Director general de Grupo Rotoplas en Argentina