La crisis de confianza de Caputo en el FMI no se arregla con calidez
A pesar que el gobierno atraviesa uno de sus mejores momentos (sanción de la ley bases, reducción de la inflación al menor nivel en dos años, superávit fiscal por cinco meses seguidos por primera vez desde 2008, apoyo a la figura del presidente Javier Milei por mas de un 40% de la población y presencia del presidente en el G7) en términos económicos atraviesa una crisis de confianza. Asi lo explicitan la caída de las acciones argentinas en Wall Street y una nueva suba del Riesgo País, que ponen en evidencia la duda de los mercados sobre el pedido del FMI al ministro Luis Toto Caputo que antes de fin de mes desarme el dólar blend para los sojeros (que combina 80% del valor oficial con 20% del CCL) y que devalue un 30% (aparte de terminar con las devaluacion del 2% mensual que propone el Palacio de Hacienda) para acelerar la salida del cepo.
La confianza es uno de las palabras más usadas en el herramental discursivo de los liberalismo (una ideología con tantas interpretaciones como la del marxismo y que con diferencias comparten macristas, radicales, peronistas cordobeses, pichettistas, libertarios e incluso kirchneristas) y que es hace muchos años el talón de aquiles para la economía y la politica argentina adentro y afuera del país.
Susan Fiske es una psicóloga estadounidense multipremiada de 71 años y profesora en la Universidad de Princeton, que se especializa en psicología social y cognitiva y estudia los prejuicios y los estereotipos. Elaboró un modelo de contenido de los estereotipos (SCM, sigla de Stereotype Content Model ) los cuales tiene dos parámetros básicos en base a los cuales los humanos clasificamos a los miembros de otros grupos: la competencia y la calidez. Y esta clasificación se hace en milésimas de segundos. Fiske habla de “avaricia cognitiva”, que es la forma en que conocemos a los otros: el cerebro toma atajos, porque no tiene tiempo para elaborar un retrato individualizado de cada persona que se cruza por la calle. Los estereotipos y los prejuicios.
“No es muy complicado” explica Fiske en una entrevista “La gente se da cuenta de que los grupos sociales difieren en estatus. Algunos grupos tienen buenas intenciones hacia otros; los grupos cooperativos parecen confiables y amigables, pero los competitivos no. Las combinaciones nos hacen reaccionar con prejuicios emocionales. Por ejemplo, la clase media parece ser cálida y competente, por lo que nos sentimos orgullosos y queremos ayudar y asociarnos con ellos. Pero todos los países tienen parias nómadas (refugiados, personas sin hogar, nómadas); estos grupos parecen de baja categoría y explotadores, por lo que la gente infiere que no son dignos de confianza y que son incompetentes. La gente siente rechazo y desprecio; los evitan y a veces incluso atacan a estos grupos extremadamente externos. Lo que el SCM añade distintivamente son las combinaciones mixtas. En todo el mundo, la gente ve a los ricos como de alto estatus y por lo tanto competentes, pero también como competitivos o explotadores y por lo tanto no confiables. La gente informa de que siente envidia y se asocia con los ricos porque controlan los recursos. El resentimiento envidioso también puede provocar un ataque. El otro grupo ambivalente contiene grupos de bajo estatus pero cooperativos, como los ancianos o los discapacitados, que parecen incompetentes pero cálidos, y por los que la gente siente lástima y simpatía. Por consiguiente, los protegemos y ayudamos, pero también los evitamos (como cuando los ingresamos en instituciones). En total, las versiones de estos cuatro patrones de SCM aparecen en 50 países de todo el mundo” señala Fiske.
Conjeturo que difícilmente el ministro Caputo haya leido a Susan Fiske, pero podria serle útil, porque explica en gran parte que la crisis de confianza que atraviesa Argentina es tambien la crisis de Caputo frente al FMI, la cual arrastra desde noviembre de 2018, cuando el Fondo lo forzó a renunciar a la presidencia del Banco Central como condición (en medio de un paro nacional y con Macri en Nueva York) para que el gobierno del ex presidente Macr recibiera los 57.0000 millones de dólares que le pidió en ese entonces a la directora del FMI, Christine Lagarde. Caputo, amigo y compañero de colegio de Macri, estuvo tres meses en el cargo, tiempo en el que el peso perdió 25% de su valor.
Caputo ahora busca un salvataje del Banco de Pagos Internacionales Basilea (BIS) y el Banco de Inversión Europeo (IEB) para desobedecer al FMI. Pero el BIS, para otorgar un préstamo, exige garantías en oro, el cual Argentina, afirman los expertos, posee en menores cantidades desde que Federico Sturzenegger, el otro economista mimado de Milei y posible sucesor de Caputo, enviara a Londres en 2017. Más de 11.000 mil kilos del metal precioso que formaban parte de las reservas, valuados en 462 millones de dólares y que se alquilan para ser usados en el mercado de metales de Londres (LBMA), el mayor del mundo y el cual conoce las posiciones de los bancos centrales y sus movimientos, basada en las estadísticas del FMI, BIS y el World Gold Council (WCG). Toda una crisis de confianza que la calidez del presidente Javier Milei con Kristalina Georgieva, Giorgia Meloni o Joe Biden quizás no logren solucionar a corto y mediano plazo.

