-¡Ah, ustedes son unos machirulos! ¿Cómo que se va Pía? -preguntó risueña Cristina Kirchner

-Yo también me quedo un rato y me voy. Es por el protocolo interno de la Fundación -respondió el intendente de Leones, Fabián Francioni.  

-Okey, Pipi, la reunión la armaste vos así que son tus reglas. Como vos quieras. 

Carlos Melconian ya sabía de antemano que la cita arrancaría con una presentación protocolar donde lo acompañarían Francioni y María Pía Astori, la mecenas histórica del think tank que catapultó a Domingo Cavallo al poder en plena dictadura, y que luego tendría su encuentro a solas con la vicepresidenta. Lo que no imaginaba es que se quedaría dos horas más. Fue el miércoles de la semana pasada, aunque recién trascendió el viernes al atardecer. 

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“Pipi”, un anestesiólogo en cuyo pueblo a 250 kilómetros de la capital cordobesa se celebra la Fiesta Nacional del Trigo, fue uno de los intendentes más cristinistas del país durante su primer mandato, entre 2007 y 2011. Ese año, poco antes de su reelección con el 54%, también llevó a una delegación de la Mediterránea a visitarla. Cuestiones del poder: a aquella reunión en la Rosada asistieron sonrientes portadores de apellidos ilustres del establishment como Fulvio Pagani, Cristiano Rattazzi, Marcos Brito y Sergio Roggio

A Leones, que Cristina visitó muchas veces en esos años, también se la conoce como la capital nacional de la RAM. No porque haya prosperado la fantasmal insurgencia mapuche que combatía Patricia Bullrich sino porque entre sus habitantes se registra la mayor densidad de las portentosas 4x4 que importa Fiat Chrysler Argentina (FCA) y que sirven sobre todo como marca de distinción frente a los más mundanos usuarios de Hilux, Amarok o Ranger. ¿Se habrán usado para alguna de esas camionetas Dodge parte de los 270 millones de dólares que obtuvo FCA de las arcas del Banco Central este año al precio oficial? Miguel Pesce jura que no.

Lo más probable es que el jefe del Central tenga razón y que las últimas RAM que se patentaron se hayan cobrado al tipo de cambio del “contado con liqui” (CCL), como ahora va a empezar a ocurrir cada vez con más productos. Las importaciones de bienes suntuarios ya venían restringidas desde fines del año pasado, cuando descubrieron que la ANAC había empadronado el doble de aviones privados que en 2019. Distinto es el caso de la compañía estadounidense John Deere, a la cual el Central le vendió este año casi el doble de los dólares que le había vendido el año pasado: con ese flujo para las piezas que trae y ensambla en Rosario debería vender sus tractores y cosechadoras en pesos, al tipo de cambio oficial. Pero anteayer, al anunciar un nuevo lockout para el 13 de julio, los referentes de la Mesa de Enlace insistieron en que pagan todos sus insumos “al dólar blue”. 

El nuevo desafío ruralista, en este caso por la falta de gasoil, es todo un paradigma de cómo reacciona el establishment ante la evaporación prematura del poder de un gobierno. La lista de las firmas que más incrementaron su demanda de dólares oficiales para importaciones tiene por líderes indiscutidas a las estatales CAMMESA y IEASA (ex ENARSA), que trajeron el combustible para mantener encendidas las usinas eléctricas y abastecido al consumo industrial. Pero las tres siguientes son YPF, Panamerican Energy y Raizen (Shell), que se llevaron del Central en conjunto U$S 1.828 millones, el triple que en el mismo lapso del año pasado. Lejos de haber hecho negocio, desde que empezó la guerra en Ucrania vienen vendiéndolo con fuertes pérdidas, casi a la mitad de lo que pagan. ¿A quiénes? Fundamentalmente a los productores agropecuarios, máximos consumidores en tiempos de cosecha. Así, “el campo” embolsó un doble subsidio: el de toda la sociedad -que les asignó ese bien escaso a un precio preferencial- y el de las petroleras, especialmente la de mayoría estatal. 

Las lecciones políticas de la puja por la renta agraria no terminan ahí. El lockout también fue convocado contra “las retenciones”, como si el mismísimo Presidente no hubiese confesado en público su impotencia para incrementarlas, al menos temporariamente, para evitar que se trasladara a los mostradores la disparada de los granos y cereales. Y como si los derechos de exportación no fuera el rubro que menos crece de la recaudación fiscal. La AFIP va a anunciar hoy un aumento de sus ingresos de más del 80% (por encima de la inflación interanual) con trepadas de más del 100% en Ganancias e IVA impositivo. Las retenciones apenas superan en un 20% (nominal) a las de junio del año pasado. 

Ajustes heterodoxos

Las consecuencias del torniquete a las importaciones que anunció el Central el lunes todavía están por verse. Pesce tenía lista su reglamentación desde al menos tres semanas atrás, pero el discurso de Cristina sobre el “festival de importaciones” lo hizo apurar el paso. Lo que resta evaluar ahora es el impacto que tendrá sobre la actividad (algunas fábricas deberán producir menos por falta de insumos), sobre el stock (puede haber faltantes en góndolas) y sobre los precios (algunos optarán por importar al dólar “CCL” y lo trasladarán a los consumidores).

Es el frenazo en seco que exigió el FMI en su incendiaria primera revisión del acuerdo firmado a fines de enero por Martín Guzmán, donde certificó el cumplimiento de las metas del primer trimestre, flexibilizó las del segundo y advirtió que el tercero debe incluir sí o sí un severo ajuste fiscal. La solución al “problema de que la economía no para de crecer”, como le dijo Fernández a Gustavo Sylvestre antes de confundir a su columnista política con otra persona y luego perder el hilo de la conversación. Los heterodoxos del equipo económico destacan que ese enfriamiento no vendrá por el lado de la demanda, como sugirieron el Fondo por escrito y Melconian oralmente, sino desde la oferta. 

En términos teóricos, la diferencia no es menor. Desde los años 60, los estructuralistas sostuvieron que el límite al crecimiento en países como la Argentina venía dado por la disponibilidad de dólares. Y que, si escasean, esas divisas pueden administrarse de tal modo de evitar la pulverización de ingresos y la destrucción de valor que generan los ajustes ortodoxos. Son teorías casi sin predicamento en La Plata, donde estudió Martín Guzmán, pero que nutrieron en su formación a la mayoría de los demás economistas del menguado elenco oficial. 

El problema es que, con una gestión tan descoordinada y con tanto miedo a empuñar la lapicera en todos los funcionarios (incluso en los que responden a Cristina, como mostró el blooper del gasoducto a Vaca Muerta), lo más probable es que oferta y demanda se desplomen a la par. Salvo que Daniel Scioli sea el eficiente planificador centralizado que le faltó a la Unión Soviética para superar al capitalismo en la provisión de bienes de consumo a su población. Difícil. 

Fase superior

Las dos horas con Cristina que consiguió Melconian le sirvieron al jefe de la Mediterránea para empoderarse en la interna del Pro, donde no terminaba de sobresalir del elenco de asesores ministeriables que también integran Hernán Lacunza y Luciano Laspina en público y que en privado se completa con Nicolás Dujovne, Luis Caputo, Guido Sandleris y Pablo Quirno, además del radical Eduardo Levy Yeyati. También le sumaron horas de difusión en los medios a sus ideas conservadoras sobre la economía, que pudo volver a presentar como “técnicas y apolíticas”, como si algo en economía lo fuera. 

Lo que consiguió la VP, en cambio, fue acelerar el reperfilamiento político que había empezado a esbozar al hacer públicos sus encuentros con el embajador estadounidense Marc Stanley y la jefa del Comando Sur, Laura Richardson, y que luego completó con su amonestación a los “piqueteros” (justo cuando se cumplían 20 años del asesinato de Kosteki y Santillán) y su posterior cita con el jefe de la CGT, Héctor Daer, quien desde la central obrera asistió pasivamente al más brutal recorte de salarios desde aquella megadevaluación.

Ese movimiento hacia la derecha se da en simultáneo a los primeros sondeos de Andrés Larroque, siempre el puesto de avanzada en la interna, de una eventual candidatura de la propia Cristina el año que viene. Podrá decirse que siempre que se vio en apuros en años impares, la lideresa del peronismo miró hacia el mismo flanco (con Sergio Massa, Martín Insaurralde, Scioli o Julián Domínguez), pero una metamorfosis personal siempre resulta más desafiante. ¿Busca acaso la dueña de la mayoría de los votos del Frente de Todos convertirse en el pararrayos político de una sociedad que con la pandemia se hizo más egoísta, más desconfiada, más retraída y menos empática?

No son precepciones antojadizas ni impresionismo de redes sociales: los politólogos Ignacio Ramirez y Luis Quevedo verificaron el año pasado en un estudio para FLACSO que el reclamo de un Estado menos interventor trepó desde 2019 del 9% al 30%, que la asimilación del concepto de democracia con la aspiración de igualdad cayó en el mismo lapso del 69% al 44% y que incluso quienes sostienen que “se puede confiar en la mayoría de la gente” bajaron del 48% al 38%

Si bien cada vez luce más probable una candidatura de Cristina, lo que todavía nadie sabe es a qué. Si lleva hasta el final su hipótesis de que con una inflación arriba del 70% la derrota nacional está asegurada, podría optar por el bastión bonaerense. Pero en la provincia se definen cargos ejecutivos y legislativos. ¿Habrá indultado ya a Axel Kicillof por su breve rapto de rebeldía tras la derrota del año pasado? ¿Podrá ir por la reelección como gobernador, para la cual una encuesta del matancero Alberto Pierri que llegó a ambos escritorios le asignó una ventaja de 10 puntos sobre todos los candidatos opositores en danza?

Desahuciados, los albertistas residuales se conforman con haber “colado un candidato” en las PASO que, en la intimidad de su despacho, la vice les asegura a todos que esta vez sí habilitará. Se refieren a Scioli, claro. El mismo cuya llegada enfureció a Massa y casi hace estallar al Frente de Todos. Pero al margen de esa rencilla, creer que ésa fue realmente la intención original sería asignarle dotes maquiavélicas a un simple reemplazo de emergencia. Porque al fin y al cabo, ese ministerio no fue para Agustín Rossi por apenas unas horas

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Alejandro Bercovich

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