En otra semana pésima para los mercados globales, que en Argentina se disimuló un poco por el feriado, pero que se llevó puestas acciones como las de Globant o Mercado Libre y que además disparó el riesgo país -está cerca de los 2000 puntos- el equipo económico sigue enfrascado en la discusión sobre la inflación. Y no es para menos, se conoció también el aumento de la canasta básica: hacen falta más de 95.000 pesos para que una familia no sea pobre y, evidentemente, empiezan a volar culpas para uno y otro lado.

Emmanuel Álvarez Agis, el exviceministro de Economía de Axel Kicillof, estuvo en el seminario que organizó Clarin y se llevó algunos títulos por lo que dijo del populismo. Pero, algunos que se quedaron charlando con él y los que lo escucharon después en la radio, le prestaron más atención a lo que dijo sobre la posibilidad de una hiperinflación, algo que había mencionado también en un informe el fin de semana pasado. Dijo “si yo soy un médico que busca los síntomas de una hiper, y son 10 síntomas los que tengo que reconocer, hoy veo tres. Hace dos meses no había ninguno”. Es algo que no está diciendo un economista de la oposición y por lo tanto encendió algunas alarmas.

En ese contexto, Martín Guzmán volvió a abrir fuego contra Miguel Pesce, un clásico que no se estaba viendo en el equipo económico, pero que apuntaba contra los cañones sobre el ministro de Economía. Su equipo refrescó la memoria del discurso de Cristina, que había hecho hincapié en la pérdida de reservas, algo de lo cual ellos responsabilizan al presidente del Banco Central (BCRA). Desde el Central, dicen que hay un lobby dentro del Gobierno a favor de las empresas petroleras, que pueden llegar a tener algún tratamiento especial en caso de que prospere, por ejemplo, la Ley de Hidrocarburos. Y lo que dicen es que de ningún modo van a permitir libre disponibilidad de divisas para la formación de activos externos, que sí pueden habilitar dólares al precio oficial para el pago de deudas, pero en la medida en que eso esté justificado con nuevas inversiones.

Este es uno de los problemas que se discutieron con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que aparecieron esta semana en las reuniones por Zoom con la misión revisora del Fondo, pero no es el más urticante: de las tres metas comprometidas (déficit fiscal, reservas y emisión monetaria), lo que más les interesa a los enviados del Fondo que se cumpla, son los parámetros de emisión monetaria. El reto, o la amonestación, fue para Guzmán que ya se gastó la mitad de las asistencias al Tesoro del Banco Central que habilita el acuerdo con el Fondo Monetario, y que todavía no pagó ni siquiera uno de los dos aguinaldos. Esto es algo que se habló en estas reuniones por Zoom y que lo que terminó por poner de vuelta de relieve es la importancia del financiamiento propio.

Por eso, los 700 mil millones de pesos en deuda local que licitó el ministerio de Economía, volvió a estar muy mirado y lo que dicen en el equipo económico es que va a hacer falta financiar más el gasto y, eventualmente, subir más la tasa de interés, porque justamente la maquinita el Fondo Monetario la tiene bloqueada.

La fábula de la lechera

La oposición también saca cuentas de lo que puede llegar a tener como contexto en caso de acceder al Gobierno, pero, en un punto, hace como la lechera de Esopo: tiene el cántaro en la cabeza y piensa en lo que se va a comprar cuando venda el cántaro de leche, y se le puede caer y romper en el piso. Hay petroleros que ya se acercaron a Horacio Rodríguez Larreta, está Paolo Roca -como siempre, un main sponsor del radicalismo- del grupo Tchint, a través del Luis Betnaza, su lobista en cheque. Lo que no termina de diagramarse es cómo se van a dirimir las internas dentro de una oposición en la que hay cada vez más caciques y cada vez menos indios. Lo más interesante se discute en la Ciudad.

“Si yo soy un médico que busca los síntomas de una hiper, y son 10 síntomas los que tengo que reconocer, hoy veo tres. Hace dos meses no había ninguno” (Emmanuel Álvarez Agis)

Ahí, Jorge Macri, pretende quedarse con la candidatura a caballo de lo que puede llegar a ser un entendimiento entre su primo, Mauricio Macri, y Horacio Rodríguez Larreta, pero el sector radical que apoya a Larreta -el sector de Yacobitti, Losteau y compañía- no va a ser de ningún modo lo que consideran su derecho sucesorio sobre el feudo porteño. El larretismo, por su parte, vive esto como la herencia en una PyME familiar.

Lo que hablaron en un ministerio de Larreta esta semana fue eso: es como si el fundador de la PyME se estuviera jubilando, pero no aclaró cuál de los hijos va a manejar la empresa. Esto es muy de la idiosincrasia del PRO, pero el problema con el que se están encontrando es que el fundador ahora parece que no se quiere jubilar. En ese diálogo, entre Larreta y Macri, que ahora es más fluido, aparece también un consenso interesante de hacer notar, que es que no es solo Macri el que quiere hacer las cosas rápido, el consenso entre todas las figuras del PRO es que esta vez habría shock y no gradualismo, en el caso de acceder al poder, lo cual también cambia los discursos de campaña.

Pero, claro, una cosa es hacer campaña y evitar la fuga de los votos de Milei, y otra cosa es gobernar y evitar un conflicto social y político como el que puede sobrevenir a un esquema de reformas de shock. Eso es lo que vamos a ver, seguramente, en los próximos meses al calor de la inflación y al calor de cómo administre sus contradicciones internas el propio Frente de Todos.

Fumando en el gasoducto

En ese contexto crítico, por la guerra, los mercados internacionales y la crisis local, algunos economistas del oficialismo empiezan a lamentarse por lo que creen que es un destino irremediablemente venturoso. El problema, dicen esos economistas, del próximo Gobierno no va a ser la restricción externa sino la enfermedad holandesa, es decir que no van a faltar dólares sino que van a sobrar. ¿Por qué creen eso? Justamente, porque empiezan a sacar cuentas de lo que puede generar este nivel de precios internacionales, si se mantienen los efectos de la guerra un año o dos años más, y también a eso le suman el efecto estructural que tendría un cambio en la matriz energética argentina que pusiera al país en la liga de los exportadores y no de los importadores.

Lo que aparece como la llave para esa canilla de dólares con la que se ilusionan, aunque contradictoriamente estos funcionarios si llegan a ganar se quedan veinte años los que vengan, es el gasoducto a Vaca Muerta, que lo está llevando adelante un hombre que se mencionó aquí la semana pasada, Antonio Pronsato, el máximo representante del devidismo dentro del las huestes camporistas del equipo de Energía, un hombre que volvió con todo porque está ahí como asesor operativo pero con cargo relevante y ejecutivo en el Energas de la mano de Federico Bernal. Pero además, está hablando con empresas contratistas para ver cómo se escalona la construcción de ese gasoducto.

Antonio Pronsato es muy resistido en algunos sectores, incluso de kirchnerismo que lo convocó, olvidando sus viejas cuitas del 2013, 2014 y 2015, pero entre esos que los resisten no se olvidan de su nombre. En ese contexto también se inscriben las discusiones sobre el proyecto de impuesto a la renta inesperada.

Estas compañías, las petroleras que sí serían alcanzadas por el tributo, están hablando con Guzmán y ahí también es donde cuelan las suspicacias de lobbys cruzados, tomas y dacas, en un contexto en el cual el Estado necesita sí o sí recaudar más y, especialmente, recaudar dólares.

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Alejandro Bercovich

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