La recuperación asimétrica de la perspectiva de futuro
Crecen los consumos de bienes durables con tarjeta de crédito, también lo hace el endeudamiento en el pago de bienes de consumo masivo
El INDEC publicó la semana pasada los datos sobre el consumo en los supermercados y en los autoservicios mayoristas, así como también sobre las compras de durables. De este modo, el 2024 muestra un panorama que podría parecer extraño: un consumo masivo que se contrae más que el consumo de bienes durables. Analizado de esa forma podría parecer antiintuitivo. ¿Cómo puede ser que los bienes de consumo masivo, que utilizamos todos los días, caigan más que los durables, que parecerían ser más "prescindibles"?
La respuesta tiene múltiples aristas, algunas de ellas más inmediatas para el diagnóstico: los precios relativos de los bienes de consumo masivo registraron un fuerte ajuste en diciembre 2023, encontrando un nuevo piso por encima del promedio de los precios de la economía. De la misma manera, el precio relativo de los durables no se incrementó en igual medida. El resultado: los bienes durables parecen más baratos que los de consumo masivo.
La variable del tipo de cambio también juega su rol: con una economía más abierta a las importaciones, la explosión de los servicios de compra internacional y un dólar "barato", el incentivo para la compra de durables es evidente. Y los ingresos también juegan un rol importante: en la medida en que los salarios registrados empiezan a ganarle a la inflación, una parte de la población (la de la economía "formal"), que recupera valor de compra, puede acceder a bienes durables con buena capacidad de financiamiento.
Sin embargo, más allá de los precios, del valor del dólar y de los ingresos, me interesa detenerme en el vínculo entre el consumo y el tiempo. Lo lógico es que, al interior de un hogar, los consumos tengan una jerarquía temporal, vinculada con los ingresos. Lo esperable es que el ingreso regular (salario, jubilación, pensión) se utilice para cubrir los gastos más cotidianos, que una parte de ese ingreso se ahorre y ese ahorro se use para cubrir los gastos de mediano plazo (por ejemplo, los bienes durables). El endeudamiento de largo plazo (préstamos personales, créditos hipotecarios o prendarios) debería entonces cubrir las demandas de largo plazo. Esto que describo es lo esperable en la organización económica de un hogar. No obstante, dista mucho de ser una realidad en nuestro país en los últimos años.
Desde 2015, Argentina no registra niveles de inflación por debajo del 25% anual. La vida en una economía con elevados niveles de inflación desincentiva las mecánicas clásicas de administración de los ingresos. Así, Argentina se encuentra hace ya unos años en mínimos históricos en lo que respecta al ahorro en los hogares. La combinación de una caída del ingreso disponible y la incapacidad de acceder libremente al mercado cambiario para adquirir una moneda estable pulverizó el ahorro al interior de los hogares. Hacia fines de 2023, el ahorro promedio de los hogares se encontraba en niveles inferiores al 4% del total del ingreso. De la misma manera, el acceso al crédito hipotecario se encuentra restringido hace muchos años, con excepción de algunos períodos de créditos promovidos por políticas puntuales de los gobiernos de turno.
La consecuencia de tantos años de descalce en materia de administración del ingreso causaron hogares casi 100% enfocados en los consumos de corto plazo. Así, hacia fines de 2023, más del 95% del ingreso de un hogar promedio se volcaba al consumo inmediato, mientras que el endeudamiento (principalmente con tarjetas de crédito) se direccionaba a la adquisición de bienes durables.
Los créditos hipotecarios y prendarios, por su parte, representaban una porción menor del endeudamiento en los hogares argentinos.
Crédito y tipo de financiamientoDurante el 2024, esta mecánica parece comenzar a mostrar gestos de acercamiento a una administración más clásica del ingreso. Por un lado, se recupera lentamente el endeudamiento de largo plazo, de la mano de una ampliación de la oferta crediticia de los bancos privados, y una política de reducción de la tasa de interés.
De la misma manera, el consumo de bienes durables registra un repunte, especialmente de la mano de la financiación con tarjetas de crédito, según lo publicado por el INDEC. En esa ecuación, el consumo masivo cierra un 2024 con caídas superiores al 11% en volumen.
Si bien este reacomodamiento de la administración de los plazos del consumo es enormemente deseable, ya que permite retomar una perspectiva de futuro en su planificación de vida, la recuperación muestra niveles de importante desigualdad. Así como crecen los consumos de bienes durables con tarjeta de crédito, también lo hace el endeudamiento en el pago de bienes de consumo masivo (INDEC, Encuesta de Supermercados).
Este fenómeno esconde dos realidades muy disímiles: mientras los hogares con mayores ingresos reacomodan sus plazos de consumo y vuelven a tener una perspectiva de futuro, los hogares de menores ingresos y mayores tasas de informalidad (que no son alcanzados por los salarios formales que le empiezan a ganar a la inflación) se endeudan para financiar los gastos corrientes del mes. Argentina se fracciona y se polariza, mientras emerge una pregunta evidente: ¿es sostenible una recuperación tan asimétrica?

