Aunque la carta de Cristina Kirchner haya hecho prácticamente unánime la resignación del oficialismo a aceptar el pacto con el Fondo Monetario para evitar males que intuye mayores, los cortocircuitos internos y los reparos que se rumian en privado respecto de su contenido siembran dudas sobre su efectividad para ahuyentar la incertidumbre que no consiguió evacuar el año pasado la renegociación de la deuda con los privados. La gira promocional que abrieron Martín Guzmán anteayer en la CGT y Alberto Fernández anoche en la UIA apunta por eso en mayor medida a convencer a los propios que a los extraños, mientras la oposición se prepara para aprobar las negociaciones silbando bajito y sin pagar el costo que en condiciones normales le habría acarreado haber endeudado al país con el Fondo como nunca nadie antes.

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La misión técnica que despega mañana rumbo a Washington solo busca afinar algunas metas de un acuerdo que políticamente ya está cerrado. Las tratativas se estancaron en torno al ajuste fiscal, donde el FMI reclama un déficit menor al 3% del PBI para 2022 y donde el Gobierno apunta a firmar eso o unas décimas más. Son metas inferiores al 4,5% que preveía el Presupuesto 2021 para todo el año pero superiores el rojo acumulado efectivamente en los primeros diez meses, que fue del 1,8% del PBI.

La diferencia responde al ajuste que ya se hizo: el recorte en términos reales de las partidas de salarios y jubilaciones, cuya caída compensó holgadamente lo que aumentó la carga de subsidios a las tarifas de gas y luz. Por eso también es relativa la promesa de que el acuerdo "no va a incluir una reforma previsional". Esa poda ya la hizo en diciembre de 2019 la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, que desenganchó de la inflación a la mayor de las partidas presupuestarias.

La delegación argentina vuela con todas las planillas del plan plurianual y del Presupuesto 2022, elaborado con perspectiva de género, pero otra vez va a estar "short on women" (corta de mujeres) como le reprochó Christine Lagarde a Nicolás Dujovne y a Lucas Llach en 2018. Viajan solo seis varones -cuatro por Economía y dos por el Banco Central- y ahora se va a notar más por contraste con las interlocutoras: la subdirectora para el Hemisferio Occidental, Julie Kozack, la propia Kristalina Georgieva y quien ayer fue ascendida a número dos del organismo, la india Gita Gopinath.

Al margen de esa contradicción, es en el plan plurianual donde promete haber más novedades respecto del rumbo que imagina Fernández. "Va a ser un baño de realidad. Este año termina con 51% de inflación y los tres primeros meses van a marcar 3% o más", admitió ante BAE Negocios uno de los encargados de darle las últimas puntadas. De ahí en adelante, sostuvo la misma fuente, "alcanza con que el programa no sea contractivo". Es la alquimia de reducir el déficit "por la vía del crecimiento", como prometió Guzmán en la CGT. Un slogan muy discutible, sobre todo con la recaudación creciendo al 60% como en noviembre en medio de una crisis social con pocos precedentes y con ingresos reales muy deprimidos.

Fe y esperanza

El gabinete económico cruza los dedos apostando a que el entendimiento sirva para desbloquear el envío de fondos frescos por U$S 16 mil millones en lo que queda de mandato desde otros multilaterales como el Banco Mundial y el BID, pero también inversiones como la que frenó Alemania en la represa Chihuido, que requiere estar al día con el Fondo y con el Club de París. También encienden velas por el Fondo de Resiliencia, que creen que podría activarse en marzo, donde los países ricos pueden destinar parte de los Derechos Especiales de Giro (DEG) que repartió Georgieva para paliar los daños de la pandemia y que ellos no usaron. Tras haber fracasado en conseguir una rebaja de los intereses o un aplazamiento mayor de los vencimientos a los que se comprometió Mauricio Macri, Guzmán cuenta como un logro haber convencido a las potencias del G-7 de incluir a los países de desarrollo medio en esa repartija, inicialmente solo para pobres.

Visto en el largo plazo, ese triunfo parece pírrico. El que ahora pide esa limosna de las potencias es el mismo peronismo que rechazó unirse al Fondo cuando fue creado, en 1944, y que se permitía arrogancias como la carta al propio Juan Perón que remitió el 25 de julio de 1949 el joven agregado financiero en Washington, Antonio Cafiero, desaconsejándole que se asociara. La correlación de fuerzas, diría Leandro Santoro, era muy distinta a la de hoy aunque haya otro Cafiero en el gabinete. Pero esa mirada histórica es la que todavía plantean algunas voces cristinistas. Fernanda Vallejos, por ejemplo, que evitará tragarse el sapo de votar el pacto porque el 10 le vence el mandato y que sostiene que su malquerido Fernández se apresta a convalidar el tercer gran ciclo de cogobierno con el FMI, después de los que iniciaron Álvaro Alsogaray en 1956 y Carlos Menem en 1991. ¿Y si alguien más en el Senado piensa así, aunque haya deslindado responsabilidades?

Con Guzmán, sin embargo, coincide uno de quienes más le disputó la batuta en las negociaciones: Sergio Massa. El jefe de Diputados, que aspira a ser reelecto el martes al frente de la Cámara, les dijo a empresarios que en todas sus gestiones se choca con el mismo reclamo de un acuerdo con el Fondo. "Con China, con Rusia, con Dubai, con quien sea, todos nos piden lo mismo". El planteo llega incluso a su dormitorio, porque la jefa de AySA, Malena Galmarini, tiene frenadas las obras del río subterráneo norte por la misma razón. Los capitales chinos que van a financiarlo exigen también la venia del FMI.

No voy en tren

El alivio más inmediato a cambio de aceptar la vuelta de las auditorías trimestrales y el monitoreo permanente del Fondo va a ser para las reservas del Central. El acuerdo va a restituir los U$S 4.300 millones de la ampliación de DEG que consumieron los vencimientos. Lo que quiere asegurarse ahora el staff es que no se malgasten, como pasó con Macri.

La decisión de frenar la venta de pasajes al exterior en cuotas en pesos se tomó en ese contexto, donde el acuerdo parece haber entrado en vigor antes de firmado. Se precipitó cuando la Selección de fútbol quedó clasificada al Mundial de Qatar, según confirmaron fuentes del Central. Nadie quiere que se repita la situación de Rusia, cuando en medio del derrumbe del plan económico de Macri, Argentina estuvo entre los países que más público aportó, con más de 54 mil localidades adquiridas. Son imágenes que tampoco ayudan a convencer a los acreedores de que el país está en crisis.

El doble subsidio que recibían esos turistas, por la inflación esperada y por la devaluación prevista, era insostenible con las reservas exhaustas. El problema es que otros, más acaudalados, son campeones en el deporte nacional de desplumar al Central. Los patentamientos de aeronaves privadas, por ejemplo, van a ser récord en 2021 con al menos 384 unidades nacionalizadas, según la Administración Nacional de la Aviación Civil (ANAC). Mucho más que las 70 del año pasado o las 185 de 2019. Los magnates aprovechan que los aviones y helicópteros están de oferta después de la pandemia y que los pagan al dólar oficial, sin tener siquiera que pedir licencia al Ministerio de Industria porque no son bienes que se fabriquen en el país.

¿Serán la clase media privada del pasaje a Buzios en cuotas y los multimillonarios agotando las existencias de aviones privados un anticipo de la Argentina que viene de la mano del Fondo? En el Gobierno juran que no. Y exhiben su vocación de evitar esas avivadas con medidas como la resolución de enero de este año que frenó la importación de autos de lujo al dólar oficial y obligó a que se hagan con divisas propias del comprador. Eso hizo que se frenara el "rulo del Audi" y que la importación de autos de lujo cayera al mínimo en 6 años.

Claro que siempre quedan vericuetos. Como los amparos judiciales que obtuvo la concesionaria Autonort S.A. para importar al dólar oficial un Porsche 911 de U$S 95 mil y una Ferrari Testarrosa de U$S 100 mil. Dos jueces en lo contencioso administrativo, Pablo Gabriel Cayssials y Enrique Lavié Pico, fueron especialmente generosos a la hora de conceder esas medidas cautelares de urgencia. Quizás por eso, los concesionarios que son sorteados en otros juzgados dejan caer las demandas e insisten para que les toquen ellos.

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