- Lo que opine el Fondo me ne frega. Es un jugador más en esta negociación. ¡Los bancos y los fondos de inversión no le van a dar carta blanca a la Argentina para que haga lo que quiera!

Al banquero, argentino pero radicado en el exterior, se lo escuchaba furioso ayer por la mañana. “Tengo un video de este chico Guzmán hace varios años diciendo que de un default es muy difícil salir. Él lo sabe. Que haga jueguito para la tribuna es otra cosa, pero él lo sabe”, vociferaba por teléfono desde el auto que lo llevaba desde Ezeiza al hotel donde ahora se instala cada vez que viene a Buenos Aires. La admisión por parte del FMI de que la deuda argentina es “insostenible” y su prescripción de una “contribución apreciable” por parte de los acreedores no cayó nada bien entre los acreedores. Previsiblemente.

Tal como se anticipó en esta columna el 7 de febrero pasado, antes de que el ministro de Economía lo hiciera explícito en el Congreso, la calificación de “insostenible” para la deuda que dejó Mauricio Macri era exactamente lo que procuraba conseguir del FMI. Con eso bajo el brazo, se prepara para lanzar el 9 de marzo una oferta del tipo “tómelo o déjelo” para los bonistas privados, que tienen títulos por unos U$S 60.000 millones. Será en realidad un menú de distintos bonos con una quita sustancial en el valor presente neto de la deuda, que tomará la forma -según el bono que elija cada acreedorde un aplazamiento de los pagos, de un recorte del capital, de una rebaja de los intereses o de una combinación de todo eso. En todos los casos se exigirá un lapso de gracia de tres años.

El apoyo que logró el ministro del FMI lo fortalece de cara a la negociación con los acreedores privados pero no implica que la cuestión de la deuda esté a punto de resolverse. Ni mucho menos. Si el resultado de la primera misión del Fondo tras la salida de Macri fueran los octavos de final de un Mundial, bien podría decirse que la renegociación de la deuda con el organismo son los cuartos y la discusión con los bonistas, la final. Aunque anteayer por la noche algunos de los negociadores descorcharon espumantes, en el quinto piso de Economía no comparten la euforia que se apoderó de otras áreas del Ejecutivo y de la militancia en las redes sociales. “Además de paciencia oriental hay que tener algo de astucia florentina”, comentaron desde allí.

Lo que aprovechó el Gobierno al máximo fue la coincidencia coyuntural de sus intereses con el FMI, al que circunstancialmente también le conviene que los bonistas cobren lo menos posible. Para poder cobrar más él, por supuesto, pero también para no inflar el “riesgo moral” (moral hazard) del que solía hablar Anne Krueger en 2002. La tesis del “riesgo moral” -un clásico de los tecnócratas del Fondo- sostiene que si los prestamistas nunca pierden, cada vez correrán riesgos mayores. Total, alguien (el Fondo) los rescatará.

Esa coincidencia no implica que el Fondo se haya hecho peronista ni que su directora gerente, Kristalina Georgieva, haya vuelto a sus días de estudiante en el Alto Instituto de Economía Karl Marx de la Bulgaria comunista. El FMI necesita que se olvide lo más rápido posible el abochornante préstamo récord que el Tesoro estadounidense forzó a firmar a Christine Lagarde para que Macri fuera reelecto, pero su matriz de pensamiento sigue siendo la misma. Aún tras la purga que se llevó puestos a David Lipton (un halcón demócrata que Donald Trump aprovechó para tirar por la ventana) y al encargado del caso argentino, Roberto Cardarelli, la ortodoxia fiscal de Lagarde sigue vivita y coleando en la calle 19. La gravitación de Wall Street sobre su staff, también.

A frotar la lámpara

Guzmán partió ayer mientras atardecía hacia Riad, Arabia Saudita. Estará en la cumbre de ministros y banqueros centrales del G-20 pero su atención está en sendas reuniones que mantendrá con Georgieva y con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steve Mnuchin. De ahí volará directamente a Washington, según pudo confirmar este diario, para seguir negociando con el staff del Fondo. Ahí se juegan los cuartos de final.

Entre la reunión en Riad con Georgieva y las que tendrá en Washington el martes, en pleno feriado de Carnaval, Guzmán terminará de enterarse cuánto está dispuesto a poner el Fondo. Su objetivo de máxima es patear tres años hacia adelante todos los pagos del acuerdo Stand-By que Fernández heredó de Macri, pero sin firmar un Acuerdo de Facilidades Extendidas (EFF, por sus siglas en inglés). El EFF permitiría aplazarlos hasta 10 años pero con duras exigencias respecto del gasto.

Según los negociadores que pudo consultar BAE Negocios, la opción que barajan para estirar por tres años el Stand-By vigente es apelar a dos antecedentes de los años 80: Nicaragua y Guyana. El riesgo para el Fondo es que eso potencie voces como la de Cristina Kirchner, que exigen una quita también en la deuda que tomó Macri con el organismo. ¿Por qué? Porque Nicaragua y Guyana son dos de los 20 países a los cuales el FMI condonó todas sus deudas en 2005. Flor de quita para una entidad que insiste en que no puede hacerlas.

En cuanto a las condiciones que vaya a poner el FMI para aplazar sus cobros, el ministro viene repitiendo que no hará “austeridad en recesión”, pero la realidad es otra: en el Fondo se conforman con el ajuste inicial que plasmó el Frente de Todos en su Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva. Creen que no se puede exigir más después del severo ajuste -tanto de cuenta corriente como del gasto público- que hizo de prepo la última devaluación de Macri.

Buitres, mierdas y consultores

Lo que terminó de entenderse anteayer con el documento que publicó el Fondo es por qué Georgieva había enviado a tanta gente y por tanto tiempo a Buenos Aires. Las misiones de revisión suelen estar integradas por dos o tres técnicos y por tres o cuatro días., y recién a las dos semanas suelen publicar su Staff Report. Esta vez, además de dos intérpretes y su parco vocero para la región, Raphael Anspach, había nueve personas. La jefa, Julie Kozack; el encargado del caso argentino, Luis Cubeddu; el delegado residente, Trevor Alleyne, y un batallón de técnicos: Maral Shamloo Gorjaee, Joyce Wong, Dmitry Plotnikov, Eriko Togo, Ali Abbas y Mariano Szafowal.

Que la misión haya accedido a declarar la deuda insostenible no necesariamente convencerá a los acreedores de aceptar una quita. El banquero que volvía de Ezeiza fue bastante claro: “Si pretenden que pierda plata y lo acepte contento están locos. Por mí que se haga todo mierda y nos vamos a litigar a Nueva York”, soltó.

Lo que quiere ahora el Gobierno es que el FMI confirme que aplazará sus cobros antes que se haga pública la oferta a los acreedores privados. Eso les permitiría a los grandes fondos de inversión a incorporar más datos a la ecuación de recupero de sus acreencias. Si el acreedor privilegiado se corre, quizá puedan cobrar algo más. Pero el riesgo de default con los privados, admiten en Economía, sigue latente.

Para el Gobierno el peligro es que, mientras se dispute la final del Mundial, hagan su ingreso al campo de juego los fondos buitres. Eso podría pasar si la amenaza de default empuja los precios demasiado hacia abajo.

Ya hay movimientos de precalentamiento en el banco: tres semanas atrás, al día siguiente de la reunión que mantuvo Guzmán con acreedores en Nueva York, el abogado Dennis Hranitzky visitó varias consultoras de prensa y comunicación en Buenos Aires con el objetivo de contratar a una de ellas para entablar “guerra de relaciones públicas” con el Ejecutivo.

Se trata del abogado que abordó personalmente la Fragata Libertad para embargarla en octubre de 2012 en Ghana, cuando trabajaba para Paul Singer. Ahora representa a una veintena de fondos más chicos pero igual de hostiles. Su capacidad de lobby no parece haberse oxidado. Este último fin de semana consiguió salir en dos diarios.

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