La pandemia y el aislamiento pusieron en el centro de las preocupaciones a los adultos/as mayores. Todos hablan de sus necesidades y de los desafíos que la sociedad y los gobiernos enfrentan con el fin de proteger a esta población.

Hace un tiempo ya que las reflexiones acerca del exponencial envejecimiento de la población -a nivel local y global- vienen pisando fuerte como un tema de agenda y hoy la coyuntura confirma que se trata de una tendencia que moldeará el futuro en todo sentido.

La pandemia nos enfrenta, respecto al envejecimiento, ante un punto de no-retorno: la esperanza de vida se ha extendido mínimo 20 años y la gran pregunta es cómo hacer para que durante ese tiempo extra nos convirtamos en individuos más resilientes.

Múltiples preguntas y reflexiones afloran estos días, entre las cuales emerge la importancia del desarrollo de sociedades "age-friendly". Sin embargo, ciertas actitudes discriminatorias respecto de la edad nos han privado de ver a esta etapa de la vida como una llena de oportunidades y, en consecuencia, ni desde el sector público ni desde el privado, se le ha dado prioridad. Las proyecciones respecto del envejecimiento de la población no se corresponden proporcionalmente con la atención que le hemos dedicado a entender las necesidades de este grupo social ni a potenciar sus habilidades, mucho menos a diseñar un mundo que los incluya y, sobre todo, los prepare para enfrentar situaciones como la que enfrentamos actualmente.

Nos encontramos ante la necesidad de conectar tecnológicamente a este grupo etario. En clases medias urbanas este segmento se caracteriza por tener saldado el acceso a la conectividad, a los dispositivos y a los medios tecnológicos pero acceso no es sinónimo de conexión activa.

Hace pocos días y en el contexto del aislamiento social, preventivo y obligatorio en el que se encuentra el país, fuimos testigos de una imagen que lo confirma: los bancos reabrieron sus operaciones para el pago de jubilaciones y pensiones generando filas de varias cuadras de adultxs mayores que, con el objetivo de cobrar, se expusieron al contagio y a las bajas temperaturas de la madrugada.

De acuerdo a datos del Ministerio de Desarrollo Social, solo 1 de cada 3 personas mayores de 60 años utiliza cajeros automáticos y entre aquellos que no lo usan, el 42% afirma preferir la atención personalizada de la ventanilla y el 20% dice que le resulta complicado o que no entiende el uso de los cajeros. Vemos entonces que mucho queda por hacer respecto de este segmento de la población y su relación con la digitalidad, sobre todo desde una perspectiva de uso productivo y responsable.

No es noticia que la tecnología ha permitido la conexión de personas a lo largo y ancho del mundo, aspecto que se vio ampliamente masificado a partir de la expansión de las redes sociales. Durante 2019, el 78% de los argentinos/as utilizaron internet y el 76% de la fue usuaria/o activa de redes sociales, donde, en promedio, cada usuario o usuaria tiene 8,5 cuentas activas. A su vez, en los productos de Facebook Ads (Facebook, Instagram y Facebook Messenger), el 25% del share se compone de población mayor a 45 años.

Sin embargo, que el acceso técnico esté saldado no implica necesaria ni consecuentemente que el segmento tenga su pasaporte con el sello de la Ciudadanía Digital.

Cuando hablamos de Ciudadanía Digital nos referimos a los derechos y responsabilidades que se vinculan a la utilización de medios tecnológicos. A su vez, el horizonte de la Ciudadanía Digital se ubica en la posibilidad de realizar un uso responsable, productivo, reflexivo y crítico de las tecnologías digitales.

En este sentido creemos que, a partir de la situación actual y de la coyuntura del mundo digital, tenemos la oportunidad -y responsabilidad- de conectar definitivamente al segmento +60.

Esa conexión debe ser una conexión activa que le permita a lxs +60 hacer un uso crítico, productivo y responsable de las tecnologías digitales. Esta conexión activa no se logrará sino mediante la educación en capacidades digitales; educación que debe ser planteada en un continuo que aborde las necesidades de cada grupo y generación. Aspecto que sin lugar a dudas es una deuda pendiente y urgente.

*Licenciada en Ciencias Políticas y fundadora de Ethnos Strategy

**Licenciado licenciado en Psicología y especialista en Ciudadanía Digital