El suicidio es una de las mayores causas de muerte en el mundo. Se suicidan, en tiempos normales, aproximadamente 3000 personas por día. En el año 2016 se suicidaron cerca de 817.000 personas en todo el mundo. Existen muchos más intentos que muertes. Por cada suicidio, existirían de 10 a 20 intentos de autoagresión.

Es la novena causa de muerte en población general, pero afecta especialmente a los jóvenes y adultos mayores. En los adolescentes, es la segunda causa de muerte luego de los accidentes de tránsito y está entre las tres principales causas de deceso; entre los 18 y los 45 años.

Nuestro país tomo correctamente la cuarentena por el Covid19, disminuyendo los casos y aplanando la curva de contagios. Debemos, desde otras áreas de la salud, preocuparnos para la prevención de posibles problemas secundarios. Los sistemas de salud mental se encuentran en alerta, por la posibilidad de un aumento de patologías de salud mental graves como consecuencia del confinamiento.

El sistema nervioso es una estructura que toma decisiones en pos de la superveniencia. Sin embargo existen varias circunstancias que llevan a las personas a terminar con su vida, es decir a auto-agredirse. En estas circunstancias se estarían eludiendo funciones instintivas de supervivencia. Pues cada año se suicidan casi 900.000 personas en el mundo.

En la autoagresión, se busca el fin; pues de la angustia que es tan intensa deja de lado la capacidad de luchar por la vida. Según el filósofo y escritor Albert Camus "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio, y ese es el suicidio". Existen situaciones en las personas que determinan una tristeza tan importante e incoercible, que las lleva a tomar decisiones fatales.

En general a la medicina le cuesta incluir estos pacientes en su estudio. Primero, por el claro riesgo que conlleva este tipo de investigaciones y quizá también por una especie de negación, en estos casos, al fracaso de la salud mental. En cierto modo, el suicidio es la imposibilidad de encontrar una soluciona adecuada y a tiempo.

Claves y marcadores

Se conoce que existen marcadores de riesgo para la autoagresión. Uno de ellos es la edad pues aumenta en la vejez y la adolescencia. El otro factor de riesgo detectable es padecer una enfermedad psíquica acompañante, que en la historia de la persona haya padecido depresión o esquizofrenia. Especialmente si se acompaña de alguna adicción asociada (por ejemplo: el alcoholismo aumenta claramente el riesgo).

Por otro lado, es clave la necesidad de acompañamiento en la red social de la persona dado que la soledad incrementa el riesgo de autolesión. Se considera un marcador los antecedentes de haber padecido un intento previo o de estar comentando o dando señales de no querer vivir más.

John Mann, psiquiatra de la Universidad de Columbia en Nueva York, describió en estudios con imágenes cerebrales una alteración de la funcionalidad de la serotonina en pacientes suicidas, más de lo observados en depresivos sin intento.

El riesgo aumentado de suicidio en los adolescentes; es compatible con una etapa muy conflictiva, con un incremento explosivo de secreción hormonal. Se desarrolla al sistema emocional (límbico) antes que a la zona de la razón y el control de la conducta (corteza prefrontal), haciendo que cuestiones fisiológicas necesarias en los niños, como la necesidad de exploración, aumente la susceptibilidad a padecer mayores actitudes impulsivas y exploratorias. Incrementando así los accidentes de tránsito y las autoagresiones en este grupo etario. Esa vulnerabilidad, los hace más sensibles al contexto. El confinamiento será un fenómeno inhabitual que enciende alertas a los sistemas de salud mental.

La principal causa de suicidio es la depresión grave, pero también los trastornos de la personalidad, situaciones graves de estrés, esquizofrenia y adicciones, entre otras son situaciones de riesgo. Especialmente en personas que se encuentren sin red social, situaciones de estrés grave, con dificultades laborales o monetarias. También deben alertar suspensiones o alteraciones en los tratamientos. Una especie de combo problemático que enciende la alarma de los sistemas de salud mental a nivel mundial.

En la "depresión mayor" se genera una profunda angustia. Fenómenos sociales y ambientales pueden agravar a esta grave enfermedad. Es decir estos aspectos ambientales le agregan un mayor impacto. Existen otros casos de autoagresión que ocurren en forma reactiva ante una desgracia inminente, en psicosis en las que se pierde la conciencia de realidad o en trastornos de personalidad graves, entre otros.

La Fundación Española para la Prevención del Suicidio y la Sociedad Española de Suicidología, alertan que las medidas de confinamiento pueden aumentar la ideación y los intentos de autoagresión . En Estados Unidos, un nuevo artículo publicado en la revista JAMA Psychiatry advierte que el riesgo de suicidarse podría aumentar durante esta pandemia. Plantea que la población enfrenta cada vez más a retos financieros, laborales, aislamiento social; además de menor acceso al apoyo comunitario y religioso.

Según el ya conocido Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), los suicidios ha aumentado en ese país en los últimos años. Especialmente en adultos mayores . También la prevalencia de suicidio ha aumentado en el mundo. En este momento podría agravarse el problema.

La médica Sandra Swantek, jefa de Psiquiatría Geriátrica en Rush University Medical Center de Chicago, plantea que : "Sin acceso a la familia ni a las actividades sociales o religiosas, los adultos mayores se encuentran dolorosamente aislados".

Se entiende que los adultos mayores tienen menos expectativas de futuro, pierden las esperanzas y así aumentan los riesgos de autolesión, mucho más si le agregamos problemas económicos.

En estrés agudo los adultos jóvenes podrían responder en forma heterogenea, donde ante problemas generalizados se inhiban los propios. Esto es posible que no suceda en personas ancianas y tampoco en adolescentes y jóvenes, en los que eclosionan muchas enfermedades psíquicas graves. Comienzo de la vida y final de la misma, son grupos de riesgo.

Otro de los temores es el fin de la cuarentena, en los que muchas personas se verán cambiadas, con problemas socio-económicos. Deberemos estar atentos. No debemos llegar tarde a esta situación, algunas alarmas están sonando sobre una problemáticas con alta mortalidad.

Se debe prestar especial atención a personas con problemáticas de salud mental previas y en las personas que se encuentren solas. No intoxicarse de noticias, establecer redes sociales, redescubrir actividades antes disfrutadas, mantener una rutina diaria de actividades, concientizar que este problema va a finalizar y buscar ayuda en otras personas o sistemas de creencias son pautas que debemos seguir.

Se puede ayudar a las personas susceptibles, a partir de preguntas sobre cómo se sienten, si necesitan ayuda, si requieren de la presencia de alguna persona en particular. Impulsar redes sociales de contención, por ahora con distanciamiento físico, será de gran ayuda para contener problemas graves de salud mental agregados.

* Prof. Titular de Psiquiatría y Salud Mental. Facultad de Medicina -UBA. Doctor en Medicina y Doctor en Filosofía. Conicet