Venimos señalando que un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) con orientación a la producción es imprescindible para nuestra Patria y que la coyuntura mundial, en la que se consolida un Nuevo Orden Internacional (NOI) basado en la puesta en valor de los vectores de competitividad con que cuentan las naciones que lo instauran y orientan, le abre una ventana de oportunidades inexistente pocos años atrás.

Es claro que, al igual que aquellas lo hacen, es imperativo maximizar la utilización de nuestros propios vectores, que no pueden ser otros que los que se derivan de las Rentas Extraordinarias (RE), "aquellos beneficios redundantes, que se generan en el mercado, independientemente del trabajo humano, y se obtienen a partir de ejercer la exclusividad de explotación de algún recurso natural", originadas en la producción de algunos alimentos y en la exploración-explotación de los combustibles fósiles.

Previo al acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, mientras el gobierno de Cambiemos aún eliminaba o minimizaba las retenciones a las exportaciones, en los espacios entonces opositores, ya se debatía sobre la posible utilización de estas RE, aunque con desacuerdos subyacentes entre quienes aspiran a su apropiación por parte del Estado para que:

- sustituyendo al sector privado, sea quien dinamice la economía, o

- se destinen al sostenimiento de una pobreza supuestamente estructural, o

- sean distribuidas en la totalidad del entramado empresarial, con el objetivo de incrementar la rentabilidad por unidad vendida, garantizando su hegemonía en el mercado doméstico y facilitando su adecuada inserción en los flujos internacionales de comercio.

Honrar la deuda: una disquisición

En la situación actual, la honra de los compromisos de deuda soberana, cerrados los mercados internacionales de crédito, impone un nuevo destino:  que se utilicen aquellos recursos de las RE como aporte a la cancelación de las obligaciones con los acreedores externos.

Al presentarse situaciones de similar naturaleza (es decir, no ser sujeto de crédito) en el sector privado, los mecanismos posibles de repago de deuda se resumen en la realización de una parte de su activo, o con una porción de su margen bruto (diferencia entre ingreso total menos costo total), siempre que haya.

Como estrategia de un Estado, el primer camino representa un recurso finito, que en la Argentina ya fue utilizado en la década de los '90 del siglo pasado, quedando vedada su repetición, aunque quisiera hacerse, ante la carencia de "joyas de la abuela" de las que desprenderse.

De modo que nuestro país sólo cuenta con una opción: las RE de las explotaciones agropecuarias asentadas sobre las tierras más fértiles del mundo. 

Así se confirma al desmenuzar un reciente informe del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), desde el que podemos obtener una magnitud aproximada de los márgenes presentes en los complejos sojeros, maiceros y trigueros que, a su vez, servirán como referencia para la estimación de la dimensión de la RE en la Pampa Húmeda, y su posible aporte a la cancelación de la deuda soberana.

Soja, maíz y trigo: costos totales y márgenes

Nos abocaremos, en primer término, a evaluar el costo total de la producción de una tonelada (1tn) de soja de primera, según el estudio citado.

En el cuadro pueden observarse los cuatro grandes desagregados que lo componen: insumos, labores y servicios, cosecha y comercialización.

Para analizar el margen bruto (MB) en la producción del poroto de soja, pondremos en relación la información del instituto público, con la que brinda la Bolsa de Comercio de Rosario.

* De acuerdo con esta entidad, el precio de venta FOB, para la nueva cosecha, es de U$S333, a lo que deben descontarse U$S12,9 de gastos portuarios y de comercialización.  

+ Al deducir del ingreso total de aproximadamente U$S320, el costo total de U$S120, nos da un MB de U$S200 por tonelada. 

* El mismo ejercicio, para el caso del maíz, arroja unos U$S81,5 de MB por la misma unidad de medida, y U$S161 para el trigo.

Una propuesta posible

Retomando entonces la reflexión sobre los caminos de resolución de la problemática de la deuda, aparece un horizonte de razonabilidad y sustentabilidad al tomar en cuenta el beneficio redundante de las RE.

Los resultados arriba expuestos, se unifican en una cifra que ronda los U$S700 al normalizarse por hectárea y por cosecha (que en general, son dos por año), rendimiento exclusivo de esta zona, que asimismo ratifica la existencia de una curva de indiferencia entre los márgenes brutos que se obtienen de los diversos cultivos.

Considerando que de la campaña en curso se espera una cosecha estimada (incluyendo otros cultivos: arroz, cebada, centeno, girasol, etc.) de alrededor de 130 millones de toneladas de cereales y oleaginosas, y que, por otra parte, aproximadamente el 80% de ella se obtendrá en la región de la Pampa Húmeda, el agregado de los MB alcanzados en la zona oscilará entre 14 y 15 mil millones de dólares.

Allí reside la posibilidad de obtener un aporte dinerario, de volumen suficiente para diseñar un plan de pago aceptable para nuestros acreedores, sin comprometer a las empresas que podrán seguir percibiendo una tasa de ganancia justa y razonable, ni la viabilidad social de las políticas a implementar.

Tiempo atrás, desde esta columna decíamos: "se trata de hacer frente a un compromiso total de aproximadamente U$S150.000 millones de deuda externa exigible, que podría saldarse en unos 20 años, mediante una propuesta de pago que contemple cuotas de entre 10 y 12 mil millones de dólares anuales, devengando una TNAix cercana al 5%."

Si la Pampa Húmeda aportara la redundancia de su renta (alrededor del 50% del margen bruto) por un período de tiempo, más la contribución de otros sectores que con suficiencia pueden hacerlo (como ganadería, minería, pesca y otras exportaciones agroindustriales, por ej.), resultaría posible resolver la problemática del endeudamiento sin afectar al conjunto del entramado productivo.

Luego, el crecimiento de la economía y el desarrollo de la competitividad de otros complejos económicos, disminuirán el peso relativo de los compromisos, facilitando, a su vez, otro tipo de distribución de la carga de la deuda.

Cualquier otro esquema de pago, no hará más que profundizar la asfixia que hoy sufren las empresas y las penurias que soporta una inmensa mayoría de la población.

La búsqueda de los equilibrios macroeconómicos no puede soslayar la necesidad de resolver adecuadamente la cuestión de la deuda, y de poder poner en marcha un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable (MoDEPyS) con orientación a la producción.

La deuda hay que pagarlaEs tiempo de definir: cómo y quiénes deberán aportar esos recursos.

*MM y Asociados