Sin dudas este año quedará en la historia como el de los peores indicadores para todas las economías del mundo. ¿Quién querrá recordar al 2020? Por el impacto de la pandemia, se espera que el PBI mundial caiga cerca de 4,9% y, en promedio, los países desarrollados se empobrecerán en torno al 8%. Por ejemplo Inglaterra tendrá los peores índices desde el 1700, solo superados por los de la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos se derrumabría un 6,5,%. China parece ser el único que muestra recuperación por ascensor pero todo el mundo crecerá con barbijo desilachado. Obviamente, los emergentes tendrán la peor parte y para la Argentina la mano viene muy dura en relación a sus vecinos por su escaso margen de maniobra fiscal. 

En mayo hubo una mejora del 14,9% del PBI en relación al abril de la cuarentena total en todo el país y se espera que junio también tenga una mejora (siempre, claro está respecto del inicio de la pandemia en el país) pero lógicamente en julio la actividad volverá a los números negativos por la vuelta a la fase más estricta en AMBA, donde se concentran el 93% de los contagios y casi el 50% del PBI nacional.

Con este escenario, el derrumbe del PBI anual sería del 12,5% (Sí, leyó bien), muy por encima de la baja del 9,9% que acaba de corregir, hacia la baja, el Fondo Monetario. Esta proyección del estudio Orlando Ferreres sería la peor performance de la economía nacional desde 1890. Implicaría que entre 30.000 y 35.000 empresas quedarían fuera de combate solo este año y se perderían un piso de 500.000 puestos de trabajo en 2020.

Con este escenario la Argentina debería ponerse en pie, cuando pase el Covid-19, para reactivarse, exportar, pagar la deuda y generar recursos fiscales que puedan sostener la asistencia social que, indudablemente, será mayor. En ese magro horizonte, la pobreza podría orillar el 49% para fin de año, el desempleo el 15% y la subocupación, otro 14%. Mirando estos números, lo mínimo a instrumentar en el futuro inmediato es un acuerdo social entre Gobierno, empresas y sindicatos pero también una suerte de Plan Marshall en el que varios países se subirían al tren y donde, se descuenta, los organismos internacionales de crédito como el FMI cobrarán un rol más protagónico pero necesariamente deberían tener otro perfil (algo difícil de imaginar, al menos por ahora).

Algunos informes que circulan entre las cámaras empresariales argentinas, a los que accedió BAE Negocios, ya trazan un horizonte de reactivación en base a lo que pasó en otros países. Para la Argentina el hueso más duro de roer será la ecuación del endeudamiento y el crecimiento y los recursos para poner en marcha planes de reactivación y empleo como el Quinquenal que tiene en mente el presidente Alberto Fernández. Con ese menú y siempre que el Covid-19 no de nuevas e inesperadas sorpresas, en el tercer trimestre de este año la actividad recuperará dinámica pero habrá que esperar hasta el segundo trimestre del 2021 para ver síntomas reales que muestren un paciente saliendo de terapia. El 2021 podría tener una suba fuerte del PBI cercana al 8% anual por el rebote contra mediciones de subsuelo pero recién en 2023 si todo marcha sin sobresaltos, la actividad económica se ubicará en niveles anteriores a la pandemia.

Hay que pasar el invierno 

Es decir que para la primavera, la cosa empezará a mejorar en el país y los indicadores serían mucho mejores a partir del segundo trimestre del año próximo, de acuerdo con estas proyecciones privadas que surgen de las expectativas que las mismas empresas confiesan tener respecto del rumbo de sus negocios. Las subas se moverían entre el 13% y 17% para el segundo y tercer trimestre del año próximo, meses en los que si los cronogramas se mantienen como están en la Argentina habrá elecciones legislativas.

Este escenario de chicle económico será común a todos los países pero se cree que los emergentes tendrán salida más rápida y una cuesta más empinada para sostener la recuperación;  mientras que los desarrollados irán más lento al principio pero encenderán la locomotora con más fuerza y de forma sostenida en el mediano plazo. Hay una diferencia troncal para esos tiempos distintos: el financiamiento con el que cada jugador contará.

En una presentación que realizaron de manera virtual los economistas Orlando Fererres y Fausto Spotorno para la cúpula de la Cámara de Comercio se remarcó que entre los países emergentes con más dificultades para sostener la recuperación figuran la Argentina, Brasil, Croacia, Egipto y Sri Lanka. El economista también observó que por sus márgenes de maniobra fiscal en relación al endeudamiento, Colombia, Chile y Perú serían los latinoamercianos con más chances de juego.  Esto coloca nubarrones adicionales en el horizonte del Mercosur. 

Los dos socios mayoritarios tendrán las mismas dificultades para mirar el mediano plazo y Brasil es aún el principal comprador de manufacturas fabricadas en el país. Esto le pone presión al hecho de que en la industria, uno de los sectores más golpeados y dependientes del país vecino, y el comercio ya se perdieron en lo que va del año unos 90.000 puestos de trabajo considerando únicamente los salariados registrados de acuerdo con lo señalado en la selectiva charla virtual.

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Alejandra Gallo

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