Después de poco más de una semana de desaciertos en Balcarce 50 (la peor semana desde el 10 de diciembre, admiten muchos) el Presidente volvió al principio. Primero, la salud. La economía podrá esperar siempre que haya gente en pie. Así lo va transmitiendo personalmente en las reuniones que mantiene con su equipo con los principales referentes del sector privado. Entre algunos empresarios recién ahora va cayendo la ficha.

Un sector de los empresarios creyó que entrando rápido en cuarentena la Argentina saldría también rápido del coronavirus que azota al mundo. Esa hipótesis hoy caducó y crecen las ansiedades. Hay quienes ven cómo algunos colegas siguen operando y comienzan a sentir corta la frazada. "Preparate porque esto va a ser más largo", se le escuchó decir en un encuentro de comité de crisis a uno de los principales directivos de un alimenticia que pisa fuerte en la UIA, en Copal y que habla al menos una veintena de veces con el ministro Matías Kulfas por semana. Otro importante CEO del sector privado de la salud, con números crudos sobre el escritorio de su home-working, también coincidió: "No parece posible abrir el aislamiento ahora", sugirió en una reunión virtual compartida con otros 25 altos ejecutivos de la banca, las automotrices, alimenticias, industria del conocimiento y tecnológicas.

Hay otro puñado más oportunista que pone a las pymes por delante pero, en realidad, mira exclusivamente el bolsillo propio. En los recientes encuentros que se hicieron en la Rosada, un importante referente de cadenas comerciales sugirió que, a lo mejor, para reactivar el consumo que, efectivamente viene ya con dos años de bajas consecutivas, junto con los bancos podrían abrirse con horario reducido algunos shoppingsà.(Sí, leyó bien!) Es decir, en época de aislamiento, abrir algunos centros comerciales masivos. La insólita propuesta pasó de largo pero no sin que varios funcionarios, empresarios y especialmente gremialistas anotaran la alocada iniciativa.

Por supuesto que la situación de las pymes y especialmente de las micropymes es de terapia intensiva; también es cierto que muchas vienen arrastrando cuestiones estructurales previas a esta pandemia y ahora todo eclosiona. Una encuesta realizada por el Observatorio Pyme reveló que sólo el 10% está operando, que únicamente el 16% tiene posibilidad de pagar los sueldos de abril sin la ayuda del Gobierno y que un 6% ya está considerando bajar sus persianas. Claro que la situación es alarmante. Ese informe, al que accedió BAE Negocios, advirtió que "la pérdida de empleo a causa de potenciales cierres de empresas se calcula en 190.000 puestos de trabajo". El duro informe que sondeó de manera virtual la situación de 960 empresas en todo el país de hasta 200 empleados entre el 2 y el 6 de abril además señaló que "se podrían perder 415.000 puestos adicionales si parte de las empresas que no logran afrontar salarios y gastos fijos de abril (incluso con la ayuda del Gobierno) se achican a cierran".

Con estos datos sobre la mesa, todos los sectores quieren convertirse de la noche a la mañana en rubro de excepción durante la pandemia. No fue inocente que el presidente Alberto Fernández, destacara la necesidad de recuperar el rol del Estado. A este Gobierno le tocará mediar en el tironeo de la frazada corta y, para tener la mente fría decidió seguir con el aislamiento, más controles, abrir únicamente bancos y continuar con las mesas de diálogo tripartitas. Una suerte, de Consejo Económico y Social que finalmente no hubo tiempo de armar prolijamente antes de la pandemia pero que la urgencia obligó, en los hechos, a montar. ¿Qué otra cosa que un precalentamiento para ese futuro partido no es ver hoy sentados en la misma mesa al Gobierno, la CGT y dirigentes de la Unión Industrial y la Cámara de Comercio.? Casi, casi, un seminario acelerado.

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Alejandra Gallo

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