Si quisiéramos reconstruir la historia del dólar en nuestro país, encontramos un momento fundacional hace 45 años en el famoso “Rodrigazo”. En 1975 el entonces Ministro de Economía, Celestino Rodrigo, explicó que se necesitaba una devaluación de más del 100%, lo que provocó, por un lado, que los argentinos empiecen a pensar en dólares y no en moneda local, y por otro lado, una inflación desmedida para ese momento.

Por los próximos 15 años, sólo hubo un año en el que la inflación fue menor al 100% anual. En el contexto de la hiperinflación de fines de los 80’ y principios de los 90’, en 1991, el presidente Carlos Saúl Menem promulgó la llamada Ley de Convertibilidad Nº 23.928 (del 27 de marzo de 1991), para dejar de lado la anterior moneda (los australes) y dar lugar a una nueva moneda, el “Peso Convertible”. De esta forma, si las reservas del BCRA eran de 10.000 millones de dólares, debería haber en circulación igual cantidad de pesos, lo que condiciona al BCRA a  no emitir desmedidamente como sucede hoy en día.

Dicho todo esto, es preciso comprender que cambiar la denominación monetaria de una economía y sus reservas no es algo tan sencillo como puede parecer. No es que el Estado argentino decida mañana mismo cambiar todo su dinero a yuanes y automáticamente estaríamos con una economía basada en la moneda china. Para convertirse en una moneda de reserva mundial es necesario cumplir una serie de requisitos:

1) Necesidad y demanda

El propósito fundacional de cualquier moneda de reserva mundial es poder pagar las obligaciones externas. Esto quiere decir que mientras más obligaciones externas pueda pagar la moneda que tengamos de reserva, más útil será. Por ejemplo, actualmente el peso argentino no es aceptado ni siquiera en Uruguay (que está al lado nuestro). 

No hay que dejar de lado algo muy importante necesario para una moneda de reserva y es que esta sea de “obligado uso”. Por ejemplo hoy, hay un consenso mundial de aceptar al dólar como la forma en la que se miden todas las exportaciones, importaciones y reservas de la mayoría de los países, debería ocurrir algo similar con el yuan, caso contrario, sería irrelevante tener una economía atada a esa moneda.

2) Liquidez 

Generar enormes cantidades de reservas de divisas en efectivo implica un costo muy alto. Para que el Yuan se convierta en una moneda atractiva, la economía china tiene que estar sumamente organizada con los mercados de capitales del mundo para que pueda haber una variedad amplia de instrumentos para invertir en yuanes (depósitos, plazos fijos, bonos, etc), y no solo eso, sino que también deberían empezar a medirse en yuanes otros mercados como las materias primas como el petróleo (Por ejemplo, normalizar el barril de petróleo a 280 yuanes el barril).

3) Disponibilidad

Aunque pueda resultar evidente, para que una moneda se convierta en una reserva, tiene que exportarse. Esto es que si China no potencia sus inversiones y re-inversiones en el extranjero (en Argentina, por ejemplo), sería muy complicado para países de nuestro estilo poder conseguir y cambiar de dólares a yuanes de un momento a otro. 

Estados Unidos con el dólar, y antes Inglaterra con las libras, se encargaron no solamente de que sus monedas sean el medio corriente de pago a nivel mundial, sino que invirtieron lo que emitían en otros países para que el resto del mundo utilice a esas monedas como la referencia de pago en general. Hoy China está haciendo esfuerzos reiterados para obtener zonas de libre comercio del yuan y lugares donde haya una mayor convertibilidad de la moneda china.

4) Seguridad

Tener las reservas federales de un país en moneda extranjera pone de alguna forma a ese país a merced del dueño de esas reservas. Por ejemplo, hoy Argentina está atada a la política fiscal y monetaria de los Estados Unidos. La divisa china tiene que generar confianza en los mercados internacionales. A pesar de tener casi 40 años de crecimiento ininterrumpido (con la única excepción del primer trimestre de este año debido a la pandemia), China recién en los últimos años ha intervenido de manera más activa en el plano internacional y el avance de los chinos sobre activos de todo el mundo, le brindan una fortaleza que avanza día a día.

¿Puede yuanizarse Argentina?

Argentina enfrenta muchos desafíos a la hora de pensar en cambiar del dólar al yuan como moneda de referencia. El primero de todos esos desafíos es la demanda interna de la moneda, porque a pesar de que es innegable el avance chino sobre los negocios de todo el mundo, incluyendo en eso a la Argentina, al ciudadano argentino cuesta sacarlo de su pensamiento dolarizado.

Esto implica que, a diferencia de muchos otros países de la región, el cerebro argentino se configura en un sistema bimonetario, en el que el valor del peso es tan relevante como el del dólar y manejamos nuestra economía en base a la relación de nuestra moneda nacional como del dólar (pese a las escuetas reservas del BCRA).

El segundo desafío para el gobierno sería establecer un programa económico sustentable que empiece a transpolar los instrumentos que hoy son en dólares o en pesos a yuanes. Por ejemplo, bonos de renta fija, plazos fijos, etc. Es decir, crear una genuina demanda de yuanes dentro de la economía argentina, y cambiar la configuración estándar de los argentinos para dejar de pensar en dólares y empezar a medir su economía en yuanes.

El tercer desafío es decidir qué hará con su moneda local nuestro país. Hoy Argentina prácticamente no tiene moneda, la velocidad de transacción es enorme y la demanda de pesos es extremadamente baja, la gente no quiere pesos porque siente que no tiene respaldo de ningún tipo, pero esto se debe a que la caída de las reservas del BCRA hacen parecer que la emisión descontrolada de pesos que hubo durante el último año no tiene respaldo de ningún tipo.

Convertir la economía al yuan implicaría un cambio de paradigma dentro de la idiosincrasia argentina, en la que debería haber plena confianza en que los yuanes son una reserva de valor que pueda respaldar fuertemente a una moneda nacional (sea el peso o cualquier otra). De esta forma, si el gobierno argentino tuviese reservas por 100.000 millones de yuanes en el Banco Central y hubiese confianza en esa moneda a nivel nacional, de seguro se podría mantener una estabilidad económica de largo plazo.


La forma en la que esto eventualmente podría darse es a través de un préstamo inicial de China, en el que empiece a conformar las reservas del BCRA en la moneda china y poder utilizarla en transacciones internacionales (en especial las exportaciones hacia China) como divisa de referencia. Pero siempre estará atada a la demanda genuina de la moneda dentro de nuestro país, así que a pesar de todo lo anterior, el máximo desafío de todos será cambiar el chip del dólar. Ese es el verdadero desafío que, solo una vez superado, permitiría una yuanización de la economía.

*Economista y CEO Más Inversiones