“Todo pasa” rezaba la leyenda del anillo de oro que lucía en su dedo meñique izquierdo el dirigente más importante y polémico que ha tenido el fútbol argentino. Era más que una simple frase: más bien un mantra personal que, según él, definía su forma de vida y cómo superar las dificultades tanto dirigenciales como personales que se iba encontrando a lo largo de la vida.

En estos momentos en los que todos los países nos desayunamos día tras día con noticias y pronósticos desalentadores sobre el futuro de la economía mundial no hago más que recordar esa frase. Desde el FMI que publicó el miércoles 24 de junio su World Economic Outlook advirtiendo que la economía mundial caerá 4.9% este año en la mayor recesión desde la Gran Depresión, hasta los agoreros de siempre que pronostican el fin del capitalismo como modo de vida. Todo pasa.

Por supuesto que no estoy menospreciando los daños económicos, sociales, educativos, sanitarios y hasta culturales que esta pandemia ha causado en el mundo y el país, ni el sufrimiento que están padeciendo millones de personas ya sea por quedarse sin trabajo e ingresos, la pérdida del negocio al que dedicaron su vida, o peor aún, la pérdida de un ser querido. Para nada. De hecho, formo parte de los que han sufrido las consecuencias tanto en el plano económico como en el familiar (afortunadamente sin tragedias) de las acciones que
han tomado los gobiernos locales y extranjeros para enfrentar esta pandemia.

Sin embargo, siento que hay algunos datos que nos muestran que lo peor habría pasado en el mundo y que podríamos estar ya en la fase de recuperación, algo que parecieran no estar reflejando todos los medios. Si esta recuperación será lenta o rápida (la famosa V, U o W) es
algo que aún está por verse. Es por eso que me gustaría compartir con ustedes algunos de estos datos.

Miremos por ejemplo el descenso considerable de casos positivos y muertes diarias por coronavirus de los países desarrollados y de la mayoría de Asia. Redujeron fuertemente algo que parecía imposible, y lo han logrado mantener incluso después de comenzar a reabrir sus economías a actividades esenciales.

Además, hoy están mucho mejor preparados para un rebrote con la experiencia adquirida y los miles de millones de dólares, euros, libras y yenes gastados en insumos y equipamiento. Sin contar que pueden contrastar malas prácticas ya utilizadas a la hora de enfrentar la pandemia contra casos de éxito temprano como lo tuvieron países como Corea del Sur, Japón, Singapur, Taiwán, Australia, Nueva Zelanda o Uruguay.

Por supuesto que hay aún quedan países en graves problemas, especialmente en América latina, aunque en muchos de ellos sus curvas parecieran estar cerca de un techo.

Respecto a los datos económicos estas últimas semanas hemos visto algunos que son algo alentadores. Antes de repasarlos, vale la pena considerar que los países desarrollados -y algunos emergentes- también han desplegado paquetes fiscales descomunales nunca vistos,
llegando en algunos casos a representar ¡dos dígitos del PBI!

¿Cómo están financiando esto?

Pues con una receta que bien conocemos por estos pagos: deuda y emisión monetaria. No hay que obviar las consecuencias que lo primero pueda tener más adelante, con algunos países enfrentando crisis de deuda como sucedió luego de la crisis del 2008. Sobre lo segundo, los chairman de los bancos centrales del mundo (a veces más poderosos que los propios presidentes o primeros ministros de sus países) han reaccionado con una rapidez destacable a esta crisis, poniendo literalmente toda la carne al asador.

Baja de tasas a cero -o incluso negativas- con promesas de mantenerlas a esos niveles por al menos dos años, expansión de sus balances mediante la compra de deuda ya no soberana o hipotecaria, sino sub-soberana, corporativa, high yield y hasta ETFs. ¡Sólo falta que comiencen a comprar acciones!

La expansión en los balances de algunos bancos centrales, como la Reserva Federal, ha sido tan fenomenal que en cuatro meses casi compraron el mismo nivel de activos que del 2008 al 2014 en los sucesivos programas de Quantitative Easing para sortear la crisis del 2008. Aquella vez los bancos centrales lograron que esta emisión descomunal no se convierta en inflación.

Esperemos que esta vez también lo logren

Sin embargo, estos riesgos son un problema para los gobernantes del futuro. Hoy comienzan a verse resultados, que es lo que quiere la gente. Sí, 40 millones de personas han pedido subsidios de desempleo en Estados Unidos desde que todo esto comenzó (¡una Argentina!), pero ya en mayo la economía americana había generado -neto- dos millones y medio de puestos de trabajo.

No sólo eso, los datos de junio sobre ventas minoristas, ventas de casas nuevas, permisos de construcción y confianza del consumidor mostraron números mejores de los que esperaba el mercado y que reflejaban el comienzo de una recuperación.

En Europa tuvimos muy buenos datos del clima empresarial y con algunos países como Francia o Inglaterra con PMIs (indicador que refleja la actividad económica) mostrando ya crecimiento mes a mes o muy cercano a eso en algunas industrias, también rompiendo las expectativas de mercado.

Incluso en América latina que es la región que mayores dificultades enfrenta hoy contra la pandemia los grandes inversores del mundo creen en la filosofía grondonista considerando que en lo que va del año los países ya emitieron en los mercados internacionales más de 40 mil millones de dólares en títulos de deuda, siendo más de la mitad emitidos durante la pandemia.

Obviamente, como en muchas cuestiones de la política y la economía nuestro país es un caso
aparte, pero eso ya es tema para otra nota.

Concluyendo, “estamos mal, pero vamos bien” como decía cierto político argentino. Sin duda que al mundo le queda mucho camino que recorrer en esta recuperación, pero ya ha dado sus primeros pasos.

Podemos divisar algunos nubarrones más adelante que amenazan con lentificar esta recuperación, como los riesgos mencionados anteriormente sobre la deuda y la inflación en el largo plazo o, también, pensando más en el corto plazo un rebrote de casos, una reavivación de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China como consecuencia del brote originado en China a la cual podríamos sumar tensiones comerciales con la Unión Europea, aunque es probable que todo esto lo veamos luego del plato fuerte, las elecciones presidenciales en Estados Unidos en noviembre. Mientras tanto, todo pasa…

*Axel Cardin es US & Global Research del Bull Market Brokers

@AxelCardin