La macroeconomía es el recorte de la realidad económica en la que se manifiestan la estructura económica y la correlación de fuerzas de las distintas clases sociales y fracciones del capital. Se expresa en variables como, por ejemplo, salario, ganancia e inversión. Se presentan de manera “agregada”, es decir, como la suma de muy distintos niveles de salarios, ganancias e inversiones. La inversión en los últimos 6 años representa entre el 30% y el 35% del excedente bruto (ganancia).

El incremento de la magnitud del excedente, como está ocurriendo mediante el proceso inflacionario reflejado en la distribución funcional del ingreso, no redundaría en una mayor proporción de inversión respecto al excedente.

No por su peso relativo en el producto, pero sí por la concatenación de efectos que genera, la inversión es el componente más relevante para el crecimiento y, en general, la dinámica económica. Por los datos expuestos, la proporción de inversión respecto al excedente presenta bastante estabilidad. Pero con un PIB estancado, la distribución funcional del ingreso se ha deteriorado en el mismo período. En síntesis: sin crecimiento hay más ganancia y la inflación fue el principal instrumento para lograrlo erosionando el salario.

Al hablar de desequilibrios o inconsistencias macroeconómicas se alude a una relación de variables no deseada, es decir, que afecta a los objetivos de política económica. Puede existir una inconsistencia o relación indeseada debido al devenir de un objetivo político central, pero también por la ausencia transitoria de alternativas cuando se privilegia no afectar otra relación que se jerarquiza, como, por ejemplo, el salario.

Por lo tanto, la inconsistencia es una verdad relativa de acuerdo a los sectores sociales que se prioricen.

Hablando de internas

En una nota publicada el 12 de mayo en el diario La Nación, titulada “Indexar todo, atractivo pero imposible”, se aseguró que es necesario “previamente corregir los desequilibrios”. El día anterior, en Clarín se expuso que el ex ministro de Producción y Trabajo del gobierno de Cambiemos, Dante Sica, entiende que una de las claves para frenar la inflación es "evitar una indexación generalizada de los salarios y todos los contratos". Más allá de las tensiones de Mauricio Macri con el círculo rojo, comparten por lo menos una opinión: el énfasis en el salario.

Respecto al debate que se desarrolla sobre la inflación, las categorías de oficialismo y oposición utilizadas para ciertos aspectos de la política parecen ser inconsistentes porque no dan cuenta de la diferencia económica.

Tampoco el concepto de interna es consistente para analizar el debate público sobre el rumbo económico que se despliega en el gobierno nacional, debido a que una interna indica la disputa de espacios de poder para ejecutar un mismo objetivo. Si el objetivo es diferente, en contraposición a interna, sería justo hablar de externa: una disputa de objetivos con independencia de quiénes los ejecuten.

En las circunstancias actuales, aunque no sea el objetivo de política económica buscado, “tranquilizar la macro” o “estabilizar la economía” significa tranquilizar las luchas por aumentos de salarios y estabilizar la actual distribución del ingreso, que viene deteriorándose desde la aplicación del modelo de Cambiemos, con endeudamiento, fuga y devaluaciones.

También es cierto que la actual dinámica inflacionaria reduce los ingresos reales de la mayoría de la sociedad y eleva los de una minoría. Pero si alrededor de un 40% de la población no accede a la canasta básica, elevar los salarios no puede interpretarse como una “inconsistencia macroeconómica”, como plantea el ministro de economía, Martín Guzmán. La búsqueda de la inconsistencia debería comenzar por otra variable, en particular, por el excedente de los grupos económicos más favorecidos, en muchos casos mediante políticas públicas.

A partir del auge del neoliberalismo y luego de las privatizaciones, el Estado argentino fue quedando desprovisto de instrumentos para incidir en la economía mediante la producción y la comercialización de bienes y servicios. En la práctica y casi con exclusividad, quedaron ciertas formas de regulación macroeconómica, más precisamente, de política fiscal y monetaria.

Este mismo proceso también deterioró el pensamiento económico. Vivimos un momento crucial que demanda hacerlo más consistente.

* Economista UBA-Undav e integrante de Economía Política para la Argentina (EPPA) @Pablo_Ferrari77