El desplome de la actividad de los últimos meses podría desacelerarse desde mayo y, en los meses más cercanos a las elecciones nacionales, es posible que se registre una tenue recuperación. Lamentablemente, de ninguna manera se trata de un rebote en forma de V como las grandes consultoras, aliadas al gobierno, se encargaron de difundir desde mediados del año pasado y hasta hace pocos meses. Aseguraban que iba a llegar una importante reactivación desde el segundo trimestre, básicamente asociada a una mucho mejor cosecha, a una recuperación del poder adquisitivo de los hogares y a la expectativa de que, con un plan ortodoxo aplicado en Brasil, iba a dinamizarse el crecimiento local, algo que parecía más bien una expresión de deseos.

Los primeros resultados del segundo trimestre revelan que otra vez los economistas oficialistas con más penetración en los medios masivos de comunicación volvieron a pecar de optimismo. El nivel de actividad no exhibe para nada una recuperación en forma de V y el segundo trimestre será también recesivo. Sin embargo, hay una serie de factores relevantes que permiten prever que la caída posiblemente no sea tan empinada como la de los últimos meses y la economía pueda alcanzar una tibia recuperación especialmente en las comparaciones respecto a los muy pobres meses de 2018 y el fondo del primer cuatrimestre de 2019.

Un factor prioritario para cualquier proceso de recuperación es la estabilidad cambiaria. Esto no implica un congelamiento, pero sí la reducción de los fuertes movimientos del dólar que venían registrándose desde abril de 2018. Desde los máximos que tocó el dólar a fines de abril, su dinámica se volvió mucho más estable en las últimas seis semanas, como resultado de la salida del sistema de bandas de flotación a uno de intervención discrecional sin límites explícitos, respaldado por el FMI. La estabilidad no está garantizada pero el nuevo modelo de regulación es mucho más sólido que los anteriores aplicados por el actual gobierno.

De ninguna manera se trata de un rebote en forma de V como las grandes consultoras se encargaron de difundir

Un segundo factor que incide es el anuncio de las fórmulas presidenciales que parecen más competitivas. La de los Fernández no tuvo el tinte apocalíptico que analistas oficiosos buscaron instalar. Un mapa político de predominio opositor sin cataclismos en materia de pagos de los compromisos de deuda, como se han encargado de aclarar los líderes del equipo económico de la oposición, está implicando un reacomodamiento de los mercados financieros que, en las semanas previas al anuncio, habían sobreactuado ante el temor del regreso de un gobierno más participativo que consideran hostil a sus negocios. En el mismo sentido, opera la recién anunciada dupla del oficialismo que, al menos desde la óptica de los mercados, parece fortalecerlo.

Por supuesto, el campo también aporta su cuota a la mayor actividad, tras un muy malo 2018 y sobre todo si se confirma una cosecha record que podría llegar a alcanzar las 145 millones de toneladas.

Quizás la variable más relevante para reanimar la economía sea una parcial recomposición salarial en algunos meses cercanos a las elecciones, con paritarias orientadas para que el escalonamiento de incrementos caiga con mayor intensidad en ese período. También a tono con el ciclo electoral venidero, el Ejecutivo "soltó la correa" de ciertos componentes del gasto público. En particular, la inversión de capital para obra pública de baja escala está creciendo por encima de la inflación. Por otro lado, el anticipo de aumento de AUH (46% activado desde la segunda quincena de marzo pasado), la moderación de los aumentos tarifarios y la extensión de créditos Argenta, redunda en un complemento significativo para los segmentos de ingresos más bajos y posee un impacto bajo pero no despreciable porque representa una erogación adicional de gasto público equivalente al 0,2% del PBI y más financiamiento en un sector social que consume el 100% de su ingreso.

La inversión de capital para obra pública de baja escala está creciendo por encima de la inflación

Por último, vale observar que, después de un largo período de acumulación indeseada de stocks como resultado de expectativas de ventas mayores a las realizadas, con tasas de interés que generaban un sobre costo muy elevado, las empresas habían sobre reaccionado en los últimos meses a la política de trabajar sin stocks. Es probable que ahora deban reacomodarlos en niveles no tan bajos, sobre todo por la expectativa de recuperación de la demanda en la previa electoral. En tanto, la incertidumbre cambiaria podría tener algún efecto de sustitución de importaciones en favor de la producción local.

En definitiva, es posible que haya una suave recuperación, aunque no tendrá para nada el vigor del incremento de la actividad de los meses previos a los últimos cuatro años electorales. Y depende, desde ya, de que no ocurra algún factor inesperado a nivel local o internacional que, por la fragilidad actual de la economía, podría generar un desastre aun mayor que lo observado recientemente.

De fondo, el modelo no cambió nada, se profundizó. Pero en vísperas de las elecciones hay motivos para esperar un rendimiento no tan malo de la economía como el de los últimos meses; las inconsistencias del modelo quedarán transitoriamente apaciguadas pero latentes.

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