Argentina y FMI: recalculando objetivos y medidas en estudio
La cumbre celebrada entre Alberto Fernández y Joe Biden fue vital para que la silla clave en el FMI impulse las modificaciones (o dé vista buena a un waiver futuro) ante la postura más rígida de las sillas ocupadas por Europa y Japón. Obviamente, como en toda negociación, el FMI sostuvo que hay que mantener las metas, tal como lo dijo la directora adjunta de Economía durante la apertura de la reunión anual de FMI y el Banco Mundial, que comenzó el 10 de abril.
Desde la temporalidad, el Directorio del FMI primero tenía que aprobar las metas y desembolsar lo comprometido (ese desembolso neto refuerza las reservas en USD1.800 millones). Como dijimos en los últimos informes, este año Argentina debería realizar pagos netos al FMI, a diferencia de 2022 (del orden de los USD1300 millones).
El acuerdo original excluía refinanciar intereses. Las mayores tasas de interés implican, entre cargos y sobrecargos no modificados a pesar del pedido argentino en el G20, unos USD3.000 millones
Los pagos al FMI correspondientes al segundo trimestre representan USD6.000 millones, mientras que los desembolsos a cobrar son por USD3.900 millones. No hay margen para esos pagos netos y la disyuntiva es si se accede a financiamiento adicional, se postergan los pagos o se evita modificar lo acordado pero se obtienen mas fondos con apoyo de EE.UU. en el Banco Mundial, BID o en la propia CAF. La asamblea semestral del FMI y el Banco Mundial de esta semana será clave para avanzar con esta agenda.
El primer paso del FMI fue modificar solamente la meta de reservas, reduciéndola USD2.000 millones para este año. Pero el hecho objetivo de la sequía y la crisis tornan de sentido común modificar todas las metas (externas, fiscales y monetarias) algo previsto en el acuerdo original (por el contexto global complejo por la guerra en Ucrania) y en un marco que diversos países están teniendo que renegociar cambios de metas o waivers.
Habrá que ver si EE.UU. y Argentina encuentran una diagonal de cooperación que se aleje tanto de las relaciones carnales como de la confrontación. Y eso se debe reflejar en un FMI que disponga un financiamiento y realice un acompañamiento responsable y que también se aleje tanto de la decisión de un megafinanciamiento para un programa inviable (como sucedió a fines de los 90 o en 2018) como de la determinación de correrse y generar una crisis que no beneficie los intereses estratégicos de EE.UU. (tal como ocurrió en 2001). El camino del medio debería estar a tono con su larga exposición a Argentina y frente a los riesgos de un triunfo de la ultraderecha, con una crisis inconveniente para la administración Biden en términos de seguridad hemisférica.
Claramente, el Gobierno debe contar con margen fiscal y no tiene espacio económico ni político para ajustar el gasto para compensar la caída de entre USD4.000 millones y USD5.000 millones que registra la recaudación, algo así como el 1% del PBI. Argentina está sobre el límite de las metas fiscales del primer trimestre debido a la fuerte caída de la recaudación, por lo que las metas fiscales del segundo trimestre son de muy difícil cumplimiento.
El Gobierno podrá tener un gesto simbólico en las tarifas para no aumentar el déficit por el valor total de la menor recaudación, pero la recesión que provoca la sequía y las elecciones no dan lugar para un mayor ajuste. Ciertamente, la consolidación de Sergio Massa está ligada tanto a un buen resultado del dólar agro como a poder bajar algo la inflación en abril y más en mayo, así como también a emplear margen fiscal para evitar una recesión más profunda, dentro de lo posible para no presionar inflación y brecha. El impacto de un desdoblamiento cambiario para las importaciones es complejo.
Sin duda que poder habilitar un dólar para la importación más caro evita poner todo el peso en las restricciones, pero el tema es la cantidad de las reservas y el impacto inflacionario de una parte que se pagaba a $200 y otra a $300, asumiendo que una parte iba por el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) y otra por implícitos, respecto del nuevo dólar para las importaciones.
Seguramente el Gobierno elegirá un balance entre los objetivos de inflación y la actividad, basculando entre restringir las importaciones por cantidad y a mayor precio. Es clave sostener la actividad y calibrar el impacto inflacionario del dólar diferencial frente al impacto inflacionario de la escasez de productos. El límite son las reservas disponibles.
El fin de la sequía y la evaluación de impactoEl Programa de Incentivo Exportador amplía el dólar soja a otros productos y derivados, siguiendo la lógica de las dos primeras ediciones se parte la brecha cambiaria por casi la mitad un 40%. En este caso se establece un tipo de cambio diferencial de $300 por dólar entre el 10 de abril y el 31 de mayo. Esto recoge lo que dijimos: se renegoció la meta de marzo y se corrió el dólar soja para cuando hubiese mercadería disponible por las cosechas demoradas producto de la siembra tardía.
También se extiende el alcance del dólar agro a los productos de las economías regionales (incluyendo los insumos de la industria textil) al mismo valor pero con una ventana de liquidación mayor: hasta el 30 de agosto. Si bien esto amplía la oferta exportable y atenúa las críticas sobre una preferencia a la soja, también plantea un desafío ante el aumento de los precios de estos productos en forma directa y su arrastre a los bienes industriales que los usan como insumos en momentos de elevada inflación.
Por ahora, el tema cambiario es prioritario y las "zanahorias" (acceso al SIRA) y los "garrotes" (entrar a Precios Justos y disponer sanciones) alinean los incentivos para participar: dictado de la emergencia por la sequía, se suspenden las ejecuciones bancarias e impositivas y los anticipos de impuestos para los productores, las sanciones contra los que no liquiden exportaciones, el bloqueo de CUIT para ejercer el comercio y la limitación de acceso al MULC. Se estima un déficit de liquidación de USD3.700 millones. Se les dará un mes para regularizar la situación antes de activar las sanciones.
Cae la recaudación y sube el déficitLa recaudación de marzo registró una suba de 88,3%, la primera nominal desde diciembre pero casi 14 puntos porcentuales por debajo de la inflación del mes anterior, cuando se generó la obligación. Así, marzo es el tercer mes consecutivo en que cae la recaudación en términos reales luego de veintiocho meses al alza.
Para financiar el mayor déficit, a fines de marzo el Tesoro pidió adelantos transitorios por primera vez desde julio ($130.000 millones). En marzo, y aunque no se cumpla la meta fiscal , el Gobierno redujo el gasto real entre un 2% y un 3%, pisándolo especialmente en la última semana y reduciéndolo un 28,5%, así como también administrando una mayor deuda flotante con proveedores y otros. Hasta febrero, la deuda impaga sumaba $729.000 millones.
Si se tiene en cuenta el 1% del PBI que perdió la recaudación por la sequía y el 0,3% de rentas de la propiedad contabilizadas el año pasado como ingresos, es necesario un ajuste de 1,5% para cumplir la meta. Como dijimos, algo de muy difícil cumplimiento sin ingresos adicionales y que requiere su renegociación. Un mix de recortes en el margen de los subsidios y la contabilización de parte de las rentas de la propiedad (diferencia entre valor nominal y técnico de los bonos), además de recalibrar metas. Así, en el esfuerzo compartido entre Argentina y el FMI veremos qué parte realiza el mayor sacrificio, pero sería grave para el Gobierno sobreajustar en un difícil contexto tanto local como global.
* Director de Synthesis

