El dólar en los tiempos de incredulidad
De los fondos acordados con el FMI, aproximadamente USD14.000 millones serían utilizados para el pago de vencimientos de capital y, solamente serían de libre disponibilidad USD6.000 millones. Este monto es muy bajo si lo que se busca es reforzar las reservas en un contexto de elevada incertidumbre
La hemorragia de divisas del Banco Central se profundiza, con marzo consolidándose como el peor mes para esta institución desde el inicio de la actual gestión nacional.
Las alarmas de la incertidumbre terminaron de encenderse luego de que, en las últimas diez ruedas, el Banco Central interviniese vendiendo más de USD1.600 millones. Así, el FMI entraría a participar nuevamente en nuestro país con un préstamo. Pero, ¿cómo llegamos a esto en un contexto de superávit? ¿Cuáles serían las características de esta erogación?
La carrera entre peso y dólarLo primordial a destacar es que el Gobierno viene manteniendo un tipo de cambio barato a través de su intervención en los mercados. En otras palabras, "inunda" los mercados con dólares para que, debido a una mayor oferta, el valor de la divisa se contenga. Esta técnica, poco novedosa, ya fue utilizada por otros gobiernos. Su finita duración aún está presente en la memoria tanto de los argentinos como de los mercados. Sin embargo, su finalidad es todavía más conocida: evitar una devaluación qe luego se traslade a los precios. Mientras que parece contradictoria su presencia en una gestión libertaria, esta medida viene resistiendo en concordancia con la política de contracción de la inflación desplegada por el Gobierno.
Ahora bien, esta clase de intervención resulta distorsiva para la economía y provoca que los agentes ajusten sus expectativas y acciones en base a ello. A sabiendas de que actualmente Argentina es un país caro en dólares, que las reservas no son infinitas para la contención del dólar y en miras del próximo desarme del "carry trade" tras ponerse en duda la regla cambiaria, los argentinos se fueron a veranear a Brasil, los importadores adelantaron sus compras del exterior, los agroexportadores retrasaron sus liquidaciones, los inversores dolarizaron sus portafolios y los ahorristas se volcaron aún más hacia los dólares financieros. Todos movimientos que impulsan la suba del dólar.
Dada la proximidad de las elecciones legislativas, y la imperiosa necesidad de continuar manteniendo un dólar depreciado, el Gobierno aceleró las tratativas con el FMI para obtener un préstamo. La misión es evitar una devaluación que dispare los precios en un contexto cada vez más hostil. Las consultoras privadas ya miden notorias subas de los alimentos en marzo y el consumo de carne vacuna es el más bajo de los últimos veinticinco años.
El FMI, un viejo conocidoActualmente, las reservas netas del Banco Central son negativas. El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció que el FMI le otorgaría al país un préstamo equivalente a USD20.000 millones con la intención de fortalecer las reservas nacionales.
Luego de ciertos traspiés comunicacionales, el mensaje oficialista logró unificarse para señalar (por ahora) que este préstamo sería bruto. Esto implica que, como aproximadamente USD14.000 millones serían utilizados para el pago de vencimientos de capital, solamente serían de libre disponibilidad USD6.000 millones. Este monto es muy bajo si lo que se busca es reforzar las reservas en un contexto de elevada incertidumbre por el dólar. A su vez, el mencionado monto no sería otorgado todo de una vez sino que el organismo consideró razonable el pedido de otorgar un desembolso inicial del 40% del crédito. Por lo tanto, el Gobierno también se encuentra negociando un paquete adicional con el Banco Mundial, el BID y el CAF que robustezca la totalidad de fondos frescos a percibir.
A pesar de la intención de enviar señales positivas para calmar el tormentoso momento, y de que el ministro jura y perjura que el dólar no experimentará ningún salto, los mercados no parecen confiar.
¿Salvavidas o parche?¿Cuál de las dos palabras explica mejor lo que representa este préstamo para el país? Dada la dificultad para generar dólares propios, la gran demanda de esta divisa, la incertidumbre generada en el último tiempo, la respuesta poco favorable de los mercados frente a los últimos acontecimientos y la experiencia reciente con la adquisición de deuda externa y su insostenibilidad en el tiempo resulta por demás factible que nos inclinemos por la segunda opción.
Las elecciones apremian al Gobierno, que busca soluciones rápidas para un problema de larga data. Con los distintos espacios políticos, mercados y organismos internacionales (como el FMI) pidiendo una devaluación, el panorama se oscurece cada vez más.

