Quién será considerado trabajador en la economía digital
La OIT retomará en junio las negociaciones para avanzar hacia el primer convenio internacional sobre trabajo decente en plataformas digitales
En junio, gobiernos, sindicatos y representantes empresariales volverán a reunirse en la Conferencia Internacional del Trabajo (CIT) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para continuar negociando lo que podría convertirse en el primer convenio internacional sobre trabajo decente en plataformas digitales.
Aunque el debate puede parecer técnico o lejano, lo que está en juego excede ampliamente a aplicaciones como Uber, Rappi o PedidosYa. Lo que se discute es cómo se definirá, organizará y protegerá el trabajo en economías cada vez más atravesadas por plataformas digitales, algoritmos e inteligencia artificial.
Uno de los principales puntos de conflicto es aparentemente simple: quién será considerado trabajador.
Hoy, los rubros en los cuales se trabaja por plataformas o bajo gestión algorítmica son crecientes y sus trabajadores operan bajo sistemas que no controlan completamente. Las tarifas suelen ser definidas por la aplicación, los pedidos son asignados automáticamente y el acceso al trabajo depende de sistemas de reputación, métricas de desempeño y decisiones automatizadas. Sin embargo, gran parte de estos trabajadores continúa siendo clasificada como "independiente".
Esta discusión no es nueva. En América Latina y otras regiones del Sur Global el problema adquiere otra dimensión: el trabajo en plataformas muchas veces no complementa un empleo formal, sino que lo reemplaza. En contextos atravesados por altos niveles de informalidad, precarización y pérdida de poder adquisitivo, las plataformas digitales se están convirtiendo en una puerta de acceso al ingreso para millones de personas. En otras palabras, una deslaboralización creciente la cual conlleva una pérdida sistemática de derechos. Y eso vuelve especialmente relevante el debate que se está dando en la OIT.
Las negociaciones actuales incluyen discusiones sobre salario mínimo, tiempo de espera remunerado, protección social, transparencia algorítmica y bloqueos o desactivaciones de cuentas. En otras palabras: si un algoritmo puede decidir cuánto gana una persona, qué tareas recibe o incluso impedirle seguir trabajando, ¿hasta qué punto estamos frente a un trabajador realmente "independiente"?
La discusión también anticipa debates más amplios vinculados a la inteligencia artificial y la automatización. Muchas de las herramientas que hoy administran repartidores, conductores o trabajadores remotos -asignación automática de tareas, monitoreo permanente, rankings, evaluación de productividad- comienzan a expandirse hacia otros sectores laborales.
Las negociaciones actuales incluyen discusiones sobre salario mínimo, tiempo de espera remunerado, protección social, transparencia algorítmica y bloqueos o desactivaciones de cuentas
Por eso, lo que ocurra en la CIT no impactará únicamente sobre las plataformas digitales actuales. También puede sentar precedentes sobre cómo se regularán las nuevas formas de trabajo mediadas por inteligencia artificial y sistemas automatizados. Otro de los puntos más sensibles tiene que ver con los derechos independientemente de la clasificación laboral. Diversas organizaciones sindicales y de trabajadores vienen impulsando la idea de que los derechos fundamentales del trabajo -como protección social, seguridad laboral o derecho a organización colectiva y mecanismos de representación- deberían garantizarse incluso para trabajadores considerados independientes.
En el fondo, el debate ya no es solamente tecnológico. Es político y laboral.
La economía digital suele presentarse como sinónimo de innovación y flexibilidad. Pero las negociaciones en la OIT muestran que la verdadera discusión pasa por otro lado: si el futuro del trabajo estará organizado en torno a derechos laborales o en torno a modelos cada vez más desregulados.
Porque la transformación del trabajo ya está ocurriendo. La pregunta es bajo qué reglas.

