Escalada global: las personas, el agro y la industria compiten por el agua
En la Argentina existen, al menos, 3 sectores pujando por el agua, y en los próximos años, cada uno de ellos necesitará más
Si existe un consenso generalizado de los argentinos a la hora de indignarse es cuando se pone sobre la mesa la discusión acerca de cómo los encargados de edificio utilizan el agua potable para lavar la vereda. Si bien esta metodología nos escapa de lo anecdótico, esconde tras de sí un profundo debate técnico, económico, político y ambiental en torno al agua. De esta discusión podemos destacar 2 aspectos. El primero, ¿al utilizar agua potable para la higiene, algún ciudadano tendrá que prescindir de ella para beber o cocinar? La segunda, ¿no sería acaso más eficiente utilizar agua no potable para este noble fin? A priori, para ambas preguntas, la respuesta es sí.
Partimos de una premisa, el agua es una sola. Y no se renueva. Y de la misma fuente tenemos que tomarla para el consumo humano, para producir alimentos, energía, manufacturas industriales y brindar servicios de todo tipo, incluyendo los tecnológicos. En Argentina se calcula que el 8% del agua lo consumimos directamente las personas, el 70% el campo y un 12% la industria y los servicios. Esto quiere decir que existen, al menos, 3 sectores pujando por el agua. Y en los próximos años, cada uno de ellos necesitará más. ¿Pero a costa de cuál de los otros?
Para que tomemos una dimensión de lo que puede ocurrir: Argentina es una potencia exportadora alimentaria que podría triplicar su producción agrícola y producir alimentos para 1.200 millones de personas si implementara sistemas de riego. Por el lado de la tecnología, se espera que la Inteligencia Artificial tenga un crecimiento exponencial en las próximas décadas, con un consumo de agua para refrigeración de servidores quees estimado en 1 litro cada 15 consultas. El agua para la producción energética sufrirá un aumento de un 30% en el mismo período y en función de las proyecciones demográficas, la expansión de los servicios de distribución de agua potable y el aumento de las temperaturas, el agua para consumo humano crecerá en proporciones similares. Estamos ante un eventual escenario de Guerra Fría por el agua, en la que cada sector querrá “apropiarse” de ella.
No existe hasta el momento una única salida ante semejante encrucijada, pero sí caminos alternativos que pueden evitar a ciudadanos, autoridades y organizaciones tener que padecer una situación tan dolorosa como lo es quedarse sin agua. Un hecho no tan lejano para los habitantes de este país, recordemos que esto mismo le ocurrió a San Pablo, Brasil, hace tan solo una década y a Montevideo, Uruguay, en 2023.
Algunas de las intervenciones que aparecen con mayor capacidad son, por ejemplo, la aplicación del concepto de “fit for use water”, que significa que se puede utilizar agua de distintas calidades para usos variados. En ese sentido, no sería necesario lavar las veredas o regar las plantas con agua potable, que es muy costosa. Otra idea que aparece con fuerza es la de la reducción de la huella hídrica por parte de las industrias y el agro, fundamentalmente. Esto significa reducir la cantidad de agua necesaria para producir bienes y servicios, y devolverla a sus cuerpos receptores en el mejor estado posible luego de utilizarla. Por último, se impone también la necesidad de reutilizar el agua una vez que fue tratada. A este proceso se lo denomina sistemas de agua regenerada y su desarrollo ha llegado a tal punto que en varios países ya se produce cerveza y otras bebidas con el agua tratada de las cloacas.
Argentina cuenta con una de las mayores reservas de agua cruda a nivel mundial. Esto representa una oportunidad y un desafío de cara al futuro. Los próximos años nos deberían encontrar unidos en torno al agua, caso contrario habremos desperdiciado una oportunidad histórica.

