Estados Unidos, China y la nueva arquitectura comercial argentina: oportunidades en un triángulo geopolítico redefinido
La dicotomía Estados Unidos o China es un falso dilema. El pragmatismo comercial debe prevalecer sobre las alineaciones ideológicas para maximizar las oportunidades de un país que necesita divisas y desarrollo
El reciente anuncio del acuerdo comercial entre Argentina y Estados Unidos, sumado a la realidad de tener a China como principal socio comercial fuera del Mercosur, invita a repensar la inserción de nuestro país en el mundo.
A diferencia años anteriores, cuando la balanza comercial era estructuralmente deficitaria con ambas potencias, 2024 y 2025 trajeron un quiebre histórico: Argentina logró revertir 18 años consecutivos de déficit comercial con Estados Unidos, registrando superávit por primera vez desde 2006.
Sin embargo, el desafío persiste. Según datos del INDEC, en los primeros nueve meses de 2025, el déficit comercial con China alcanzó los USD 6.572 millones, mientras que con Estados Unidos el intercambio se volvió más equilibrado. La pregunta estratégica no es elegir entre Washington o Beijing, sino cómo maximizar las oportunidades que ambos mercados ofrecen.
Pese a la retórica inicial del gobierno de Javier Milei contra el gigante asiático, China continúa siendo uno de los principales socios comerciales de Argentina, superando a Estados Unidos. Las importaciones desde el país asiático saltaron 66% interanual, superando los USD 13.000 millones en los primeros nueve meses del año. China concentra más de una quinta parte de todas las importaciones argentinas.
El patrón comercial mantiene su lógica estructural: China busca abastecerse de nuestra agroindustria —principalmente soja y derivados, carne vacuna y pescado— y más recientemente del litio de nuestra minería. El 80% de nuestras exportaciones al país asiático se concentra en esos productos.
La clase media china, con más de 400 millones de personas y un crecimiento anual de aproximadamente 20 millones de nuevos integrantes, representa un mercado en expansión para productos de mayor valor agregado.
El vino argentino sigue siendo un ejemplo de potencial desaprovechado: según datos del sector, Argentina participa con apenas el 1% del mercado chino de vinos fraccionados, pese a que el gigante asiático está a punto de convertirse en el principal importador mundial.
Estados Unidos: el acuerdo que cambia las reglasEl 14 de noviembre de 2025, los presidentes Milei y Trump anunciaron un marco para un acuerdo comercial que busca profundizar la cooperación bilateral. El texto incluye apertura de mercados, eliminación de aranceles, compromisos laborales y normas sobre medicamentos y propiedad intelectual.
El contexto es favorable: en 2024 y 2025, Argentina revirtió su balanza comercial deficitaria con Estados Unidos. Entre los principales productos exportados en 2025 destacan el petróleo (más de USD 2.200 millones), seguido por naftas, carne, vino y miel. En octubre de 2025, las exportaciones a Estados Unidos crecieron 56,2% interanual, impulsadas por combustibles y energía.
El acuerdo llega acompañado de señales políticas claras. En septiembre de 2025, ante la presión cambiaria preelectoral, el secretario del Tesoro Scott Bessent anunció un programa de asistencia que incluyó un swap de USD 20.000 millones. Pero también dejó implícita una expectativa: que Argentina enfríe su relación con China en temas estratégicos.
Una estrategia de complementariedad, no de exclusiónLos números son contundentes: en el acumulado hasta octubre de 2025, China representó el 10,8% de las exportaciones argentinas y el 23,1% de las importaciones. Estados Unidos concentró el 9,2% de las exportaciones y el 9,0% de las importaciones. Brasil sigue siendo el principal socio comercial con el 14,9% de las exportaciones y el 24,9% de las importaciones.
El déficit con China responde en parte a políticas domésticas y falta de estrategia exportadora, no a una fatalidad estructural inevitable. La infraestructura sigue siendo una asignatura pendiente.
China ofrece financiamiento, tecnología y know-how para obras de gran escala.
La Iniciativa de la Franja y la Ruta representa oportunidades concretas de desarrollo, mientras que Estados Unidos lidera ampliamente el stock de Inversión Extranjera Directa con el 17% del total, frente al 2% chino.
Conclusión: pragmatismo sobre ideologíaArgentina no puede darse el lujo de elegir entre potencias. El camino inteligente es profundizar vínculos con China para exportar alimentos, atraer inversión en infraestructura y minería, mientras se potencia la relación con Estados Unidos en servicios de conocimiento, tecnología e inteligencia artificial.
El acuerdo comercial con Estados Unidos abre oportunidades en sectores como carnes, acero y aluminio, además de simplificar el ingreso de medicamentos aprobados por la FDA. Pero desatender la relación con China a cambio sería un error estratégico.
Como demuestran los datos de 2025, la realidad comercial impone su propia lógica, más allá de las preferencias ideológicas de cualquier gobierno. Argentina puede y debe beneficiarse de ambas relaciones, con una estrategia clara que priorice la generación de divisas, empleo y desarrollo productivo.

