El peso del vaso

Pre-ocuparse: parálisis del presente

Nuestra mente trabaja la mayoría del tiempo en base a miedos y dudas por lo que estamos haciendo

La preocupación es una emoción común basada en dudas, incertidumbre o anticipación de resultados negativos futuros, a menudo enfocada en salud, finanzas o seguridad. Implica pensamientos repetitivos y angustiantes que pueden causar ansiedad, insomnio y dificultad para concentrarse.

Es inevitable. Nuestra mente trabaja la mayoría del tiempo en base a miedos y dudas por lo que estamos haciendo o haremos. Preocupaciones constantes acerca de nuestro presente y de nuestro futuro. Lamentablemente ponemos más inquietud de lo que los problemas merecen y perdemos otras muchas oportunidades de sentirnos bien con lo que tenemos.

Este agobio paraliza el presente, inmoviliza el aquí y el ahora. Cuando vivimos preocupados por el mañana, somos incapaces de disfrutar el hoy, el instante actual.

Todos tenemos intranquilidades y muchas de ellas se deben a la incertidumbre de nuestro futuro. Pero, ¿realmente la preocupación de hoy evita el mañana? Las preocupaciones son como estar en una bicicleta estática. Por mucho que pedaleamos nunca llegamos a ningún lugar.

Una premisa dice: "el futuro es hoy". Esta afirmación da validez a nuestro presente, a nuestro día a día. Si pensamos que el futuro está por llegar, las preocupaciones pueden bloquearnos. Y aunque éstas son inevitables, no son incontrolables.

La valoración de infinidad de posibilidades, nos produce un agotamiento físico y mental, un desgaste que precisamente provocará en nosotros el efecto contrario a lo que deseamos; a la hora de poner manos a la obra y ocuparnos de la situación en el momento que corresponda, estaremos exhaustos, y nuestra capacidad de toma de decisiones estará mermada.

Y no hay que confundir despreocupación con pereza o irresponsabilidad, puesto que el despreocupado afrontará la ocupación o el problema en el momento exacto, mientras que el perezoso o irresponsable lo evitará.

Coexisten también los conflictos potenciales que proclamamos con dos palabras: "Y si...". Son esos amigos imaginarios que tienen la bonita costumbre de irrumpir en nuestros pensamientos, alimentando mil y una dudas y provocándonos un estrés innecesario. Rodeados de tantas preocupaciones, no nos ocupamos del tiempo real. Vivimos en un mañana ficticio que nos impide disfrutar de ese café con un amigo, de ese libro que teníamos tantas ganas de leer, de esa conversación, o simplemente de la maravillosa sensación de relajarnos y no pensar en nada. Es necesario que aprendamos a liberarnos de los pensamientos negativos y que aprendamos a vivir plenamente, aprovechando todo lo bueno que la vida tiene para ofrecernos.

El psicólogo Wayne Dyer decía: "La catástrofe que tanto te preocupa, a menudo resulta ser menos horrible en la realidad, de lo que fue en tu imaginación."

Muchas personas se preocupan porque creen que ésta es la mejor manera de prevenir o resolver los problemas. Sienten que si no se preocupan, están siendo irresponsables. Y si bien es cierto que un cierto grado de preocupación nos ayuda a evitar o resolver algunas situaciones, la exageración no aporta nada positivo a nuestra vida, sino todo lo contrario.

Cuando nuestra mirada se centra en la vida que nos rodea y no en futuros inciertos sellamos una apuesta por el presente. Incluso generamos la oportunidad de valorar aquello que está y que se merece un "GRACIAS" en mayúsculas.

Tenemos una vida entre manos; nos rodea con su enormidad. No acontece en los futuribles. La vida grita por ser vista, por ser escuchada. Nos quiere acontecer y nos quiere pertenecer. Pero estamos tan ocupados planeando porvenires, prediciendo y previviendo catástrofes futuras que se nos escapa de las manos. Como se cuela el agua entre nuestros dedos. Estar presentes aquí y ahora, en este preciso instante, con cada poro de nuestra piel alerta... Es un pasaje a la vida, un pasaje al disfrute, a la calma, a la conexión con uno mismo. Conexión que perdemos cuando nos acurrucamos temerosos de lo que puede llegar. La espera sin "estar vivos" es como estar muertos en vida.

Estamos hablando de algo íntimo y sensorial. Hablamos de alimentar nuestro ser con la cotidianidad de estar vivos. Buscar nuestro sentido de vida y saborear nuestra existencia. No la dejemos pasar, porque esta vida es finita y busca encontrarse con nuestro despertar a cada segundo que pasa.

"Una psicóloga en una sesión grupal levantó un vaso de agua, todo el mundo esperaba la pregunta: ¿está medio lleno o medio vacío? Sin embargo, ella preguntó ¿Cuánto pesa este vaso? Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.

La psicóloga respondió: el peso absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostenga. Si lo sostengo un minuto, no es problema. Si lo sostengo una hora, me dolerá un brazo. Si lo sostengo un día el brazo se paralizará.

El peso del vaso no cambia pero cuánto más tiempo lo sujeto, más pesado se vuelve. Las preocupaciones son como el vaso. ¡Acuérdate de soltar el vaso!"


Esta nota habla de: