Límites del esquema macroeconómico en la gestión Milei
El interrogante es si el programa será capaz de corregir los incentivos macroeconómicos que alimentaron la formación de activos externos, el déficit turístico y la apreciación cambiaria
Por Luciana Rolón y Cecilia Galarza
Durante 2025, una de las críticas más extendidas al modelo económico del Gobierno -transversal a distintos enfoques ideológicos- fue la ausencia de una acumulación sostenida de reservas internacionales, un pilar macroeconómico clave para un país con elevados compromisos externos.
La preocupación no es abstracta: entre 2026 y 2027, Argentina enfrenta vencimientos en moneda extranjera superiores a USD 45.000 millones, principalmente con acreedores privados y el FMI, en un contexto en el que el Banco Central no logró fortalecer de manera persistente su posición de reservas.
La estrategia económica priorizó la desaceleración inflacionaria como eje del programa y principal activo político de la gestión. Sin embargo, esta orientación no se tradujo en una mejora significativa del frente externo.
Las reservas netas se mantuvieron profundamente negativas, en torno a -USD 11.000 millones según distintas estimaciones, niveles apenas por encima de los registrados en diciembre de 2023 (-USD 12.000 millones), lo que confirma la ausencia de una acumulación genuina a lo largo del período. La dinámica de las compras netas de divisas del BCRA refuerza este diagnóstico. Mientras que en 2024 el Banco Central acumuló cerca de USD 18.700 millones, en 2025 el resultado fue apenas positivo, con compras por unos USD 200 millones.
Esta evolución estuvo condicionada por el acuerdo con el FMI, que restringió la intervención cambiaria a episodios en los que el tipo de cambio se ubicara en el piso de la banda. En paralelo, el sector externo real mostró un deterioro significativo.
En 2025, el superávit comercial alcanzó USD 11.286 millones (-40% i.a.). Si bien la inversión en Vaca Muerta permitió revertir el déficit energético y los productos primarios y manufacturas de origen agropecuario alcanzaron volúmenes históricos pese a la caída de precios, el desempeño exportador estuvo limitado por la contracción de las manufacturas de origen industrial (MOI).
La participación de estas últimas cayó al 27% del total exportado, mínimo histórico (excluida la pandemia), frente a un promedio del 34% en 2009-2015.
Este retroceso refleja el impacto de una apreciación cambiaria que erosionó la competitividad industrial. Al mismo tiempo, los volúmenes importados alcanzaron un récord histórico: superaron en 2,8% el máximo previo de 2017, con fuertes aumentos en bienes de consumo (+18,4%) y bienes de capital (+2,9%), erosionando el saldo comercial.
A lo largo de la gestión se verificaron, además, diversos factores que, en principio, podían haber fortalecido la posición externa: el blanqueo de capitales por USD 22.000 millones, el nuevo acuerdo con el FMI, la renovación del swap con China, el respaldo financiero de Estados Unidos mediante un swap de hasta USD 20.000 millones y el adelantamiento de la liquidación agroexportadora por USD 7.000 millones en septiembre de 2025.
Pese a la magnitud de estos flujos o compromisos de respaldo, las reservas no mostraron una acumulación sostenida, limitando el margen para afrontar con mayor holgura los vencimientos externos de 2026. Por último, el balance cambiario acumulado a noviembre de 2025 refuerza estas tensiones.
El récord de liquidación del complejo agroexportador (USD 30.184 millones) fue más que compensado por las ventas de divisas a personas humanas (USD 36.013 millones), el mayor registro desde 2019. La formación de activos externos alcanzó un egreso neto de USD 30.517 millones, superior al de 2019, mientras que el déficit turístico ascendió a USD 8.593 millones.
Como resultado, el balance cambiario acumulado entre enero y noviembre arrojó un déficit de USD 658 millones, cuando en el mismo período 2024 alcanzaba un superávit por USD 2.809 millones. La nueva fase del programa, vigente desde enero de 2026, amplió las bandas de flotación cambiaria e incorporó explícitamente la acumulación de reservas como uno de sus objetivos centrales.
Sin embargo, la experiencia de 2024 y 2025 deja un balance claro: aun con superávit comercial, récord de liquidación agroexportadora, apoyos financieros y políticos excepcionales y una marcada desaceleración inflacionaria, el esquema económico no logró retener las divisas generadas ni recomponer de manera sostenida la posición externa.
En ese marco, el interrogante de la nueva etapa no se limita a la capacidad del BCRA para comprar dólares en el corto plazo - lleva comprados USD 1.017 millones al 26 de enero-, sino a si el programa será capaz de corregir los incentivos macroeconómicos que alimentaron la formación de activos externos, el déficit turístico y la apreciación cambiaria, en un contexto de aceleración inflacionaria en los últimos meses, tasas de interés elevadas para la renovación de deuda doméstica y vencimientos externos crecientes a partir de 2026.

