El periodista Juan Rezzano , toma la observación para contar historias. Pero en este libro de relatos se aleja del rigor informativo para continuarlas como tiene ganas, incluso llevadas al absurdo. Son historias divertidas, irónicas, ácidas acerca de una persona que espera el colectivo. "60 episodios extraordinarios de la vida cotidiana", es el primer gran libro del autor, con una propuesta de relato que garantiza la risa y una mirada diferente. Episodios de la vida cotidiana en la que  hay un reflejo y el lector puede ser llevado a situaciones extraordinarias acompañado de la gran pluma de Rezzano. BAE Negocios dialogó con el escritor.

—Estas historias comenzaron en Facebook, ¿qué fue lo que te llevo a escribirlas?
—La prehistoria de estas historias es una saga de relatos titulada "El pelotudo medio y sus circunstancias". Escribí y publiqué en Facebook la primera el 1 de febrero de 2012. Ese día me reincorporaba al trabajo después de las vacaciones. Parado bajo un sol abrasador en la parada del bondi, vestido de traje, tomé conciencia de que integraba el abrumadoramente mayoritario colectivo del pelotudo medio, que es ese que no puede elegir no ir a laburar. Me festejaron un poco ese texto y me entusiasmé.

—¿Puede decirse que son hechos de la vida real llevados al absurdo?
—Sí. Parten de la observación de situaciones reales que toman caminos de ficción y terminan en desenlaces generalmente absurdos. Es, de algún modo, la revancha del cronista. La posibilidad de inventar historias en lugar de contarlas con el corset del rigor informativo. 

—¿Hay un objetivo?
No. El libro es un final feliz no planificado de un proceso lúdico. La materialización del placer de escribir y de lo que decía antes: deformar la realidad. 

—¿Por qué la primera persona?
—Porque surgen de un juego y, en buena medida, del tedio de mis viajes diarios de La Plata a Buenos Aires y viceversa. Una noche volvía en el micro por la autopista y me imaginé una historia ridícula que publiqué en Facebook como un hecho real: el chofer sufría un infarto y yo tomaba el volante y conducía el bondi hasta un hospital de Quilmes. Y lo estrellaba conta la guardia. Antes de bajar del colectivo unas cuantas personas ya me habían escrito o llamado para preguntarme si estaba bien. A partir de ahí, ese fue el modus operandi: relatos en primera persona que llevaban al absurdo situaciones reales, aunque pronto la ficción fue ganando cada vez más espacio y ya nadie me creyó nada.

—De alguna manera esta primera persona es un personaje. ¿Cómo la definis?
—Termina siendo un personaje porque no solo las historias son ficcionales sino que a la materia prima de mi yo real le agrego un montón de rasgos y condimentos que nada tienen que ver conmigo. Si fuera yo de verdad, sería todo muy aburrido.

—¿Cuándo decidiste llevarlo del  facebook al libro? ¿Qué le cambiaste?
—Me animé a compilar todos esos relatos sueltos después de mucho aliento de amigos y amigas que decían que todo eso estaba bueno para ser publicado en formato libro. Yo no me lo tomaba muy en serio porque, salvo un par de cuentos más o menos largos (uno de ellos cierra el libro) eran textos muy breves vomitados en el micro, en la parada del bondi, en una sala de espera. Escritos en pocos minutos y publicados y casi nada editados. Deformación de periodista: escribir para publicar ya. Y no les cambié casi nada más allá de los consejos del editor, acaso por esa deformación profesional: una vez que el texto está publicado, listo, ya fue.

—¿Cuánto te apartas del periodismo y cuánto tomas de él  para estos relatos?
—El cronista es clave porque es el que te da la vocación y te entrena el ojo para observar, pero también es como una burla al yugo del rigor informativo que somete a ese cronista en el laburo de todos los días. 

—¿Por qué el título?
—Es un juego de contraste: lo extraordinario de lo cotidiano.

—¿Cómo decidiste la tapa?
—Tengo una explicación, pero es apenas un justificativo para la baba paterna. La foto es de mi hijo Nicolás. Es una imagen espectacular de un rayo en medio de unos nubarrones tremendos. La sacó desde el balcón de casa. Y bueno: me pareció que un rayo es un gran episodio extraordinario de la vida cotidiana. Además, en el piso de la foto está la ciudad y la gran mayoría de los relatos son muy urbanos. Ahí está, otro hilo conductor: la ciudad como escenario de la vida cotidiana.

—¿Qué te gustaría que el lector encuentre en el libro?
—Me gusta lo que habitualmente me dicen: que se cagan de risa. 

—¿Estas escribiendo relatos de la cuarentena?
—Sí. Todo el tiempo estoy escribiendo. Voy escupiendo textos. La cuarentena me dio letra más al principio, cuando estaba un poco fascinado con la novedad de la ciudad desierta y la gente enmascarada y todo eso muy de película de futuro distópico. Y me imaginé la ciudad invadida por osos panda. Pero todo fue perdiendo fuerza a medida que fue perdiendo fuerza la novedad.

La tapa del libro de Rezzano, publicado por Malisia Editorial