Son 50 años de relación entre Joan Manuel Serrat y Argentina, y la periodista Tamara Smerling investigó ese vínculo. "Llegó en un momento muy convulsionado. Unos pocos meses antes de su arribo, en 1969, se produjeron revueltas populares y sociales como el Cordobazo y el Rosariazo. Si bien estábamos en tiempos de dictadura, se palpaba una efervescencia cultural, social y política muy importante. Serrat no fue ajeno a ese fenómeno: se metió de lleno. Por otro lado, unos meses antes, en el Festival de Eurovisión, fue objetado que cantara en catalán, se suspendieron conciertos, recibió ataques y sus discos comenzaron a prohibirse en las radios de toda España. América latina se abrió entonces como un mercado posible, desde donde continuar cantando en habla hispana y aquellas series de amenazas precipitaron, sin dudas, su llegada por aquí", dice la autora a BAE Negocios.

—¿Es el español más argentino?
—En un primer momento, encarnó lo mejor de la intelectualidad y la prestancia de la chanson francesa y la popularidad de la barriada, la historia de sus padres y la Guerra Civil española. Su historia de vida, en la Barcelona de los 40 y los 50, atravesada por su madre aragonesa (que perdió casi toda su familia en Belchite) y su padre, catalán, obrero y anarquista, dejó entrever ciertas preocupaciones aún cuando era muy joven. En un país repleto de inmigrantes muchos de España, Italia y Francia y eso caló muy hondo.

—¿Por qué te parece que se comprometió tanto con nuestra historia?
—En algunos reportajes refirió, siempre, que nunca fue de la idea de pensar: "Llego, toco y me voy". Su involucramiento con ciertas causas o corrientes de pensamiento lo llevó por otros lugares, más allá de la música y de su propio talento, con un compromiso sin precedentes, quizás, en relación con otros artistas de España. En Argentina eso se evidenció cuando apoyó la campaña de Héctor Cámpora en 1973 y donó dinero para los presos políticos. También en la visita a la Carpa Blanca de los maestros durante los 90, en el concierto para inaugurar el Museo de la Memoria en la ex ESMA en 2004 y en tocar en un festival que recaudaba fondos para la compra de la primera casa de las Madres de Plaza de Mayo.

—¿Es un intocable?
—No, no lo creo. En el proceso de Cataluña y sus posturas frente al independentismo, hace muy poco, se evidenció que puede ser muy criticado y que aún hoy se lo critica por sus posturas ideológicas o políticas.

—¿Por qué te parece que su palabra es tan escuchada en nuestro país?
—Creo que, a esta altura, no hay dudas de su descomunal talento artístico, de su figura, parte de la historia viva de este y del otro lado del Atlántico. No sólo porque fue exiliado por sus opiniones o por negarse a cantar en el idioma de los vencedores de una guerra, sino por que cuando pudo le cantó las cuarenta a las dictaduras de este continente. Quizás, como dijo Eduardo Galeano en alguna ocasión, porque "aquí, en estas tierras, hasta las piedras tararean a Serrat". Sus canciones, en todo este medio siglo, no sólo popularizaron las voces de los poetas dicen que sus álbumes basados en Antonio Machado o Miguel Hernández hicieron más que toda la Real Academia Española en su historia sino también, como dice Diego Manrique, bautizaron a niños y niñas de, por lo menos, cuatro generaciones con versos como: "Si algún día después de amar, amé, fue por tu amor, Lucía".

—¿Qué te gustaría que el lector encuentre en este libro?
—En toda la investigación de este libro que llevó unos cuatro años desde el primer esbozo me sorprendieron algunos hechos como la relación con Mercedes Sosa o Juan Carlos "Cacho" Novoa, el misterio alrededor de una canción como La Montonera (que nunca grabó) y los carnavales en los 70, que era una época completamente desconocida y que me parece que fue interesante dar cuenta de ella. Me parece, en todo caso, que será interesante pensar a esta biografía como un recorte, una mirada sobre su vida y la obra, como dije antes, con todas sus luces y sus sombras, con el pasar que dejan los años. Y la referencia insoslayable que marcó en la cultura de Buenos Aires. Y preguntarse el porqué de esa persistencia en el tiempo.

—A través de Serrat, ¿hacés un recorrido por la historia de nuestro país?
—No diría que es "a través" si no "con". Es un libro musical y, también, profundamente político. Creo, sin dudas, que todo arte es político y, en este caso, el trabajo que intenté hacer con este libro lo refleja. Las biografías, sin embargo, son recortes, documentos, testimonios. Ninguna abarca una existencia completa. Lo que intenté, de todos modos, fue dar cuenta de su relación con Argentina por este medio siglo en que Serrat nunca ocultó sus posicionamientos.

—¿Es un héroe argentino?
—A veces digo que se parece mucho al héroe que siempre estuvo. Ese Serrat de los primeros 70 fue, quizás, visiblemente diferente del "gurú progre" como lo llamó Alan Pauls de los 80 y los 90. Sin embargo, su paso por la Carpa Blanca o con los recitales a precios populares para colaborar en la compra de la primera casa para las Madres de Plaza de Mayo hicieron también su parte. En definitiva, su persistencia, arriba y abajo del escenario, fue trascendente: parece que no perdió hecho social, cultural o político del último medio siglo.

—¿Se le exige más que a otros en relación a su compromiso político?
—En cuanto Serrat llega a Argentina, independiente de la época o la crisis, es consultado por los salarios de los docentes, la marcha de la economía local, el nuevo presidente o por qué Boca perdió en la Libertadores, como si fuera una suerte de oráculo, de vigía, en medio del camino. Lo que es cierto es que llevar una vida de coherencias y sin sobresaltos, en ese sentido, quizás es muy difícil durante 50 años de vida pública. Creo que más allá de sus canciones, sus álbumes, sus conciertos y sus giras, es un hombre con sus luces y, también, con sus sombras. ¿Es posible estar en el escarnio público de manera constante sin, acaso, ser infalible, sin fisuras?

Título: Serrat en la Argentina
Autora: Tamara Smerling
Editorial: Planeta
Páginas: 368
Precio: $930

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