A todos los enviados de bancos y fondos de inversión extranjeros que recibió en las últimas dos semanas, en un improvisado y febril road show desde que Cristina Kirchner lo ungió candidato a presidente, Alberto Fernández los abarajó con las mismas tres preguntas. Las respuestas de los financistas también fueron siempre las mismas, de modo que todos se llevaron el mismo mensaje a dos bandas. Para Wall Street y para Washington.  

-¿Ustedes creen que el Banco Central va a tener más de 40.000 millones de dólares en sus reservas en diciembre?

-No.

-¿Alcanza con eso para cubrir los vencimientos del próximo mandato?

-No.

-¿Y creen que el Fondo Monetario nos va a dar más a nosotros si ganamos?

-No.

-Entonces hablen con el Fondo para que deje de endeudar al país y de financiar la fuga de capitales. Yo no quiero caer en default, pero lo que está haciendo el Fondo es encubrir el default de Macri.

El exjefe de Gabinete y flamante candidato presidencial del kirchnerismo procuró de entrada llevar sosiego a los inversores con un mensaje de moderación y garantías de voluntad de pago, pero ahora empezó a advertir a los principales jugadores de Wall Street que pueden salir lastimados de la jugada inédita de Donald Trump y Christine Lagarde para sostener a Mauricio Macri en el poder. Que la contracara del chorro de divisas que habilitaron desde la calle 19 para que el líder del PRO se mantenga en la Rosada puede complicar los pagos de deuda de la próxima gestión.

A los enviados que llegaron de Nueva York en los últimos días -entre ellos, del JP Morgan donde tantos años militaron Luis “Toto” Caputo y Alfonso Prat-Gay- Fernández les subrayó que Argentina ya se encuentra “en un default encubierto”. Y que por orden del Tesoro estadounidense, el principal accionista del FMI, el staff técnico del organismo debió arriar sus banderas históricas y aceptar que parte de los u$s57.600 millones del paquete de asistencia récord que recibió Argentina sean utilizados por la administración Cambiemos para mantener quieto el dólar hasta las elecciones.  

Según confirmaron a BAE Negocios dos de esos interlocutores con oficina en la Gran Manzana, el candidato les advirtió que ese permiso del Fondo llevará a que, de acá al 10 de diciembre, el Banco Central sacrifique mucho más que los u$s9.600 millones que se proyectaron inicialmente para frenar los sobresaltos del mercado cambiario. Es lo mismo que advirtió en un breve pero contundente informe de dos páginas el influyente Instituto Internacional de Finanzas (IIF), que agrupa a los mayores bancos del planeta y que sugirió esta semana que Argentina tendrá que pedir un nuevo auxilio del Fondo.

La dinámica del último mes y medio parece avalar esa afirmación. Los tenedores de deuda argentina no renuevan sus letras ni sus bonos al ritmo que preveía Hacienda y las reservas del Central cayeron más de US$ 12.000 millones en ese lapso. La plata del Fondo sigue “entrando y saliendo”, como en el libro de Paul Blustein sobre el rol que jugó el organismo en la crisis argentina de 2001.

En el comando de campaña kirchnerista aseguran que el mensaje central es para el Fondo. La deuda que contrajo Macri es legítima, sostienen, pero el hecho de que Lagarde haya forzado el reglamento del FMI a tal nivel no puede ser soslayado a la hora de renegociarla. Piensan en el día después del 10 de diciembre, para el cual nadie se anima a hacer pronósticos. Axel Kicillof conversó sobre el tema con Fernández en su departamento de Puerto Madero el miércoles, en una extensa reunión, y le sugirió eso mismo: avisar y esperar. “Todavía no sabemos lo que nos puede dejar”, le dijo.

Cerca del binomino Fernández-Fernández también niegan que la advertencia a los fondos de inversión implique poner palos en la rueda a la actual gestión. Y recuerdan que en 2002, cuando Eduardo Duhalde procuraba rediscutir con el FMI los términos del acuerdo standby que había heredado de Fernando De la Rúa, una delegación opositora viajó a Washington a recomendarle a Anoop Singh que no lo escuchara: la integraban Pablo Rojo y Rogelio Frigerio y los contactos los había hecho el hoy embajador en China, Diego Guelar.

 

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Alejandro Bercovich

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